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martes, 19 de agosto de 2014

cultos

El Gauchito, Gilda, San La Muerte y otros cultos en un solo santoral



Tiempo Argentino - ‎ ‎agosto‎ de ‎2014
Santos buenos, milagrosos, los leo en este gran libro con sus trabajos, sus días, sus noches y sus reproches a Dios padre y a su hijo, santos lindos y queridos, santos sin sello eclesial, santos negros, populares, santos de cumbia bailar", escribe Gabriela Cabezón Cámara como una suerte de plegaria, en la contratapa de un libro singular: Paganos. Editada por Alto Pogo, esta antología reúne 16 cuentos inspirados en historias de santos populares más y menos conocidos, con selección a cargo de Marcos Almada y Patricio Eleisegui. No se trata de biografías noveladas sino de literatura, donde el santo puede ser un personaje central pero también una referencia oblicua.

A la vez, cada cuento está acompañado de una pequeña biografía e incluso, de estampitas paganas. Aquí aparecen, entonces, el Gauchito Gil, San La Muerte, Pancho Sierra, Gilda o La Telesita. Pero también, relatos vinculados a santos menos conocidos y no por eso, menos populares como El Maruchito o Adrianita, la santita de Varela.

Entre los autores de los relatos se encuentran Esteban Castromán, Azucena Galettini y Ana Ojeda; con prólogo de Hernán Ronsino.

"Yo tenía la idea de desarrollar un libro de cuentos basado en esa temática pero me di cuenta de que era una tarea titánica. Y que la posibilidad de trabajarlo con otros escritores podía darle un horizonte impensado a la primera iniciativa. En todo caso, partí de la intención de abordar un fenómeno popular en expansión, siempre misterioso, y sin techo aparente", cuenta Eleisegui, quien se ocupó de escribir el cuento "La propia sangre para engañar la sed" a partir del mito del Gaucho José Dolores, un culto extendido principalmente en la provincia de San Juan.

"El misterio de la fe, que todavía me inunda de preguntas, siempre es una fuente inagotable de sentidos. Hay tantas escrituras y lecturas posibles que las vías de abordaje también pueden ser inagotables. Estos santos no tienen una biblia y probablemente jamás formen parte de una: bueno, este libro se toma el atrevimiento de reunirlos en un mismo espacio", agrega el escritor.

Almada apunta que cada uno de los santos "tuvo una vida sacrificada, dramática, con muertes trágicas, asesinatos, violaciones, privaciones de la libertad". "Pensamos que a cualquier escritor le tenía que interesar escribir sobre ellos.

Porque uno termina escribiendo sobre la exclusión social, sobre el abandono de personas, sobre la violencia, sobre la injusticia. Y cómo por sobre todo eso sobrevuela la fe, que es indiscutible; el poder de la creencia, que para muchos es redentora." Además, explica que para escribir los relatos, cada autor hizo su propia investigación. "En mi caso particular, fui a una santería, pedí material de San La Muerte, me informé un poco, y la idea del cuento, la atmósfera, decantó enseguida. Me encontré con un santo marginal, tal vez el más marginal de los santos de la antología, porque ni siquiera es un ser humano, aunque hay una teoría que lo emparenta con un monje jesuita que curaba leprosos en una cárcel en los esteros del Iberá", cuenta.

La antología, aporta Eleisegui, podría haberse hecho recurriendo únicamente al santoral gaucho, que reúne a unos 25 gauchos considerados milagrosos. "Pero lo mejor fue recurrir a la diversidad que distingue a estas tradiciones.

Por supuesto que hubo sorpresas en varias historias. El Maruchito, Miguel Gaitán, Martina Chapanay, Alma Visitación Sibila o Lázaro Blanco, fueron incluso para los autores una suerte de descubrimiento", agrega.

Sobre las imágenes, Almada dice que la idea original era incluir una estampita de cada santo. "Pero como no todos tienen imagen, Alejandra Ramírez, que fue quien nos ayudó económicamente para hacer el libro, nos recomendó a Julián Matías Roldán. Fue un acierto de su parte, porque el trabajo que hizo Julián superó ampliamente nuestra propia imaginación", comenta.


El santo popular rompe con los imaginarios religiosos institucionales, canónicos. Y es ese quiebre lo que deja lugar para la literatura. "Cada santo es de acá nomás, fue antepasado de alguien, tal se lo cruzó una vez, el abuelo lo conoció. Hace eco con la fe que miles de personas necesitan. Y no fue un distinto: amó, sufrió, murió. Lo complejo, creo, está en la multiplicidad de devociones. Que el milagro lo puede ejercer más de un nombre. Esto, imagino, es un auténtico dolor de cabeza para quienes siempre impusieron las reglas religiosas en la Argentina", completa Eleisegui.

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