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miércoles, 4 de junio de 2014

Realidad

Realidad del fútbol brasileño


Associated Press
El talentoso volante del pequeño club Presidente Prudente se apresura a hacer las entregas de un restaurante para poder llegar a tiempo a los entrenamientos. Un compañero suyo tiene que irse antes de terminar la sesión para preparar las pizzas que se vende en el restaurante de su padre.

No se deje engañar por la fama de Pelé, el enorme contrato de Neymar o los



éxitos de la selección pentacampeona del mundo. El fútbol profesional de Brasil lucha por sobrevivir, en las categorías menores no se juegan suficientes partidos, los jugadores tienen varios trabajos e incluso los clubes grandes juegan a menudo en estadios semivacíos.

Los mejores jugadores aceptan a temprana edad lucrativas ofertas de otros países. Más del 70% de los casi 700 clubes que hay en el país juega unos tres meses al año, lo que quiere decir que casi 12.000 futbolistas profesionales o semiprofesionales no tienen trabajo la mayor parte del tiempo. Los mejores equipos, por su parte, disputan hasta 85 partidos por temporada, más que en ninguna otra liga del mundo.

El campeonato de Presidente Prudente empezó en abril y termina a mediados de junio. El equipo no sobrevivió a la fase de grupos en este torneo de la cuarta división del estado de Sao Paulo y jugará diez partidos en total en toda la temporada. La temporada pasada disputó ocho. Cuesta encontrar rivales y pagar los gastos de viaje.

"El calendario es el principal problema", expresó el presidente de Presidente Prudente Mateus Grosso a la Associated Press en la sede del club. "Los clubes tienen que contratar jugadores por al menos tres meses, pero a menudo ni llegan a jugar esos tres meses".

La deuda de los clubes aumentó casi un 75% en los últimos cinco años y deben más de 1.000 millones de dólares tan solo al gobierno, según cifras de un movimiento de jugadores surgido el año pasado. De los casi 20.000 jugadores profesionales y semiprofesionales que hay en Brasil, unos 16.000 ganan menos del equivalente a 650 dólares al mes.




Los clubes son manejados por gente sin las calificaciones necesarias y las federaciones son influenciadas por la política, lo que deriva en malas decisiones y en una planificación deficiente.

Los aficionados incurren en actos de violencia, los estadios están con frecuencia vacíos y algunos de los torneos más tradicionales del país han perdido luestre. El club más popular de Brasil, Flamengo, jugó ante apenas 375 aficionados en un partido del campeonato estatal de Río de Janeiro este año.

"En el fútbol profesional de Brasil un 30% de los equipos compiten a alto nivel y puede disfrutar de las mieles del deporte. (Para los demás) La realidad es muy distinta a lo que se ve por televisión", afirmó Arthur Vinicius Marcelo, coordinador de fútbol y preparador físico de Presidente Prudente. "Nadie sabe las cosas porque pasan la mayoría de los jugadores. Es una lucha".

Muchos jugadores tienen otro trabajo.


"No podría sostener a mi familia si solo jugase fútbol", dice el volante Rogerio Salvato Jr., de 24 años. "Gano más repartiendo comidas que jugando el fútbol".

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