Realidad del fútbol brasileño
Associated Press
El talentoso volante del pequeño
club Presidente Prudente se apresura a hacer las entregas de un restaurante
para poder llegar a tiempo a los entrenamientos. Un compañero suyo tiene que
irse antes de terminar la sesión para preparar las pizzas que se vende en el
restaurante de su padre.
No se deje engañar por la fama de
Pelé, el enorme contrato de Neymar o los
éxitos de la selección
pentacampeona del mundo. El fútbol profesional de Brasil lucha por sobrevivir,
en las categorías menores no se juegan suficientes partidos, los jugadores
tienen varios trabajos e incluso los clubes grandes juegan a menudo en estadios
semivacíos.
Los mejores jugadores aceptan a
temprana edad lucrativas ofertas de otros países. Más del 70% de los casi 700
clubes que hay en el país juega unos tres meses al año, lo que quiere decir que
casi 12.000 futbolistas profesionales o semiprofesionales no tienen trabajo la
mayor parte del tiempo. Los mejores equipos, por su parte, disputan hasta 85
partidos por temporada, más que en ninguna otra liga del mundo.
El campeonato de Presidente
Prudente empezó en abril y termina a mediados de junio. El equipo no sobrevivió
a la fase de grupos en este torneo de la cuarta división del estado de Sao
Paulo y jugará diez partidos en total en toda la temporada. La temporada pasada
disputó ocho. Cuesta encontrar rivales y pagar los gastos de viaje.
"El calendario es el
principal problema", expresó el presidente de Presidente Prudente Mateus
Grosso a la Associated Press en la sede del club. "Los clubes tienen que
contratar jugadores por al menos tres meses, pero a menudo ni llegan a jugar
esos tres meses".
La deuda de los clubes aumentó
casi un 75% en los últimos cinco años y deben más de 1.000 millones de dólares
tan solo al gobierno, según cifras de un movimiento de jugadores surgido el año
pasado. De los casi 20.000 jugadores profesionales y semiprofesionales que hay
en Brasil, unos 16.000 ganan menos del equivalente a 650 dólares al mes.
Los clubes son manejados por
gente sin las calificaciones necesarias y las federaciones son influenciadas
por la política, lo que deriva en malas decisiones y en una planificación
deficiente.
Los aficionados incurren en actos
de violencia, los estadios están con frecuencia vacíos y algunos de los torneos
más tradicionales del país han perdido luestre. El club más popular de Brasil,
Flamengo, jugó ante apenas 375 aficionados en un partido del campeonato estatal
de Río de Janeiro este año.
"En el fútbol profesional de
Brasil un 30% de los equipos compiten a alto nivel y puede disfrutar de las
mieles del deporte. (Para los demás) La realidad es muy distinta a lo que se ve
por televisión", afirmó Arthur Vinicius Marcelo, coordinador de fútbol y
preparador físico de Presidente Prudente. "Nadie sabe las cosas porque
pasan la mayoría de los jugadores. Es una lucha".
Muchos jugadores tienen otro
trabajo.
"No podría sostener a mi
familia si solo jugase fútbol", dice el volante Rogerio Salvato Jr., de 24
años. "Gano más repartiendo comidas que jugando el fútbol".
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