El largo de la falda
Forbes - jueves, 5 de junio
de 2014
¿Será verdad que las mujeres
muestran más o menos pierna según sea la situación macroeconómica?
Existe un parámetro extravagante
que hace una analogía curiosa para anticipar los movimientos de la economía
mundial: el Índice Hemline. Este indicador relaciona el largo de las faldas con
los tiempos de crisis y de bonanza, y a partir del ancho del dobladillo hace
pronósticos. Entonces, en épocas de depresión, la falda se alarga, y en las de
crecimiento, la falda se acorta. ¿Será verdad que las mujeres mostramos más o
menos pierna de acuerdo con la situación macroeconómica?
Es interesante. Para el
economista George Taylor, profesor de la Universidad de Wharton, la tendencia
económica se puede predecir por medio de la moda y del largo de la falda. Según
su Hemline Index, si sube la bastilla de la prenda, el mundo vivirá una
tendencia alcista; si la baja, bajarán las expectativas de crecimiento y la
actividad económica. Parece una ocurrencia. Sin embargo existe una simpática
correlación entre el largo de la alforza y los resultados económicos. Puede ser
una coincidencia, pero la historia parece ratificar la teoría de Taylor.
En la década de los veinte, el
mundo vivía años con tranquilidad económica. Los vestidos se llevaban a la
rodilla; era la época dorada de la moda, en la que imperaban los vestidos
sueltos, las faldas tipo charleston, altura Chanel, flequillos y cortes
lineales y simples.
La crisis del 29 no sólo
precipitó las bolsas de valores; también el dobladillo llegó hasta el tobillo.
En los tiempos de la Gran Depresión, las mujeres vestían faldas sencillas de
cortes minimalistas, prácticamente sin adornos. Las prendas eran entalladas
pero largas. Las piernas femeninas se ocultaron para mayor tristeza de los varones,
quienes se quedaron quebrados y sin alicientes visuales.
En los sesenta, las grandes
guerras ya habían concluido y las restauraciones eran evidentes, la paz mundial
sembró optimismo y recuperación. El ánimo, las bolsas y el dobladillo subieron.
La felicidad y el entusiasmo se reflejaron en las calles, en las cifras
económicas y en la moda. En los sesenta nació la minifalda. Se rompieron
cánones sociales y récords de crecimiento.
Vietnam, los movimientos
estudiantiles, las protestas y la intranquilidad asustaron a la humanidad; 1968
fue un año convulso. Las bolsas de valores, sensibles al entorno, se
desplomaron, y el largo de los vestidos también. El movimiento hippie apostó
por faldas que rozaban el piso. Los inicios de la década de los setenta traen
palabras novedosas al vocabulario, tales como devaluación, inflación y crisis.
En los ochenta, la tendencia
neoliberal trae bonanza económica; los movimientos punk y new age elevan el
dobladillo de la falda. El volumen de las prendas, la estridencia de los
colores y la poca tela utilizada para confeccionar faldas concuerdan con las
tendencias de las bolsas de valores, que subieron sus índices a niveles
históricos.
El crack de finales de los
ochenta, no tan intenso como la crisis de los veinte, baja el dobladillo a
media pierna. Se deja ver un poco de pantorrilla, hasta que el minimalismo de
los noventa eleva las bolsas y el alto de la falda.
A principios del siglo XXI, los
diseñadores apostaron por cortes con faldas largas y amplias. La comodidad era
el estilo reinante y las bolsas eran cautelosas ante las amenazas del Y2K. Era
preciso ser prudentes para recibir el milenio.
Hoy vemos por las calles faldas
cortas, con o sin vuelo; largas, de lápiz, de cigarro, y amplias y largas. Hay
evocaciones a las divas de Hollywood, pero se puede ver también ropa cómoda y
sin pretensiones. Igual en la economía, hay pronósticos fatalistas con respecto
a Norteamérica y la zona euro, mientras a América Latina parece irle mejor en
las tendencias.
¿Qué tan larga queremos usar la
falda? ¿Hay que hacerle caso al señor Taylor y subir el dobladillo? ¿Le hacemos
caso a la liga de la decencia y asumimos que al bajar el dobladillo puede bajar
la bolsa? ¿Tenemos el poder de pronosticar la economía con el largo de la
falda? Según el Índice Hemline, sí. Aunque… mejor le hacemos caso al espejo,
digo yo. Sin embargo es innegable la simpática correlación entre el mundo de la
moda y la economía. ¿Será una casualidad o una constante?
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