Por qué el dólar estadounidense
se mantiene estable
El Cronista - lunes, 17 de
febrero de 2014
La semana pasada el Banco Central
de Nigeria anunció algo que podría hacer estremecer a los políticos
estadounidenses. Kingsley Moghalu, su vicegobernador, se comprometió a
convertir casi la décima parte de los $43 mil millones en reservas de Nigeria
de dólares a la moneda china. "En última instancia el renminbi se
convertirá probablemente en una moneda convertible global", explicó,
señalando que "el futuro de la economía y el comercio internacionales se
desplazará en gran parte a los negocios con China".
Sólo el 0,01 por ciento de las
reservas en divisas de los bancos centrales se mantienen en renminbi, en
comparación con 60 por ciento en dólares y 25 por ciento en euros. Pero Patrick
Zweifel, economista en jefe de Pictet Asset Management, cree que las reservas
en renminbi podrían alcanzar el 30 por ciento del total en 2025, lo que plantea
un desafío a la preeminencia del dólar.
El Sr. Zweifel no es el único.
Estas previsiones tienen mucho que ver con el aumento del poderío económico de
China y la liberalización gradual de su moneda. Pero también reflejan
preocupación e irritación con respecto a EEUU. El déficit de cuenta corriente
de EEUU, el aumento de la deuda pública, la resaca de la crisis financiera y el
estancamiento político han impulsado a los economistas y a los inversores a
sonar la alarma con respecto a una inminente caída del dólar. De ahí el deseo
de Nigeria y de otros a reducir su exposición a la moneda estadounidense y
escapar de los vaivenes de la política estadounidense.
Pero como Eswar Prasad, ex
economista del Fondo Monetario Internacional, señala en su nuevo libro "La
trampa de dólar", hay una paradoja. Aunque el sentido común diría que
estos desarrollos deberían haber provocado una crisis del dólar, ha ocurrido
precisamente lo contrario.
Frente a una variedad de divisas,
el valor del dólar ha cambiado muy poco desde 2008. Y mientras que el papel del
dólar como moneda de referencia ha disminuido en los últimos años (por ejemplo,
porque más petróleo está siendo cotizado en euros), sigue siendo
preeminentemente un depósito de valor. Es cierto que la proporción de reservas
de los bancos centrales en dólares es menor que en 2001.
Pero no ha caído desde 2008. En
cambio, la estatura del euro como moneda de reserva disminuyó por la crisis.
Los extranjeros siguen arrancándose activos estadounidenses, comprando el 60
por ciento de todas las emisiones de deuda de EEUU desde 2008. Cuando
descienden nubarrones en otros países, los inversionistas huyen. Pero cuando
llueve en EEUU, compran. El resultado, el Profesor Prasad argumenta, es
"un mundo patas arriba, donde todo parece estar invertido o al
revés".
Es improbable que esto cambie
pronto. En parte porque EEUU se está recuperando y la Reserva Federal está
reduciendo sus compras de activos, eventos que apoyan el valor del dólar. Pero
hay otra razón que va más allá de la economía: el miedo. En la última década
los países de mercados emergentes han acumulado bonos gubernamentales con altas
calificaciones como una defensa contra el sube y baja de los mercados. Los
reguladores han presionado a los bancos occidentales para que hagan lo mismo.
Pero ahora hay pocos activos realmente seguros. En un mundo en el que incluso
la deuda del gobierno de EEUU ya no parece estar libre de riesgo, los gestores
de activos se han precipitado hacia la segunda mejor opción: un vuelo a la
liquidez, en lugar de la seguridad.
En este sentido, EEUU sigue
siendo el rey. Sus mercados de capital son profundos y la piscina de dólares
parece no tener fondo. O para decirlo de otra manera (aunque el Profesor
Prasad, actualmente profesor de economía, no lo dice de esta manera) lo que
está sucediendo con el dólar voltea al revés las reglas normales de la
economía: se ha convertido en algo ultra-atractivo debido a la oferta
abundante, y no porque la oferta se ha limitado.
Eventualmente, las reglas
económicas normales podrían prevalecer nuevamente y una política que se traduce
en un exceso de oferta de dólares podría erosionar la atracción de la moneda
estadounidense. Pero una vez más, los incentivos políticos pueden ser más
fuertes que la economía. Muchos de los acreedores del gobierno de EEUU son los
votantes estadounidenses. Lucharán contra la devaluación. El Profesor Prasad
predice que, sabiendo esto, los inversores extranjeros seguirán devorando los
activos estadounidenses.
Por supuesto, así no es cómo les
gusta hablar a países como Nigeria. El tema de la diversificación está de moda,
y los bancos centrales están comprando no sólo renminbi, sino también otras
monedas como el dólar canadiense. Sin embargo, la gran variedad de alternativas
hace que sea difícil para cualquier moneda competir con el dólar, un hecho que
a quienes no les gusta el dólar no les gusta reconocer. Y menos aún en medio de
la agitación de los mercados emergentes, lo cual es probable que intensifique
la fiebre del dólar - y la paradoja.
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