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jueves, 18 de agosto de 2016

GOLF

CUANDO EL GOLF  ES EN UN NEGOCIO VISCERAL



FORBES-18 de Agosto de 2016
   En un intento por estar en algún ranking mundial o por ganar el premio al Mejor Campo de Golf en las revistas especializadas, tanto el ego del arquitecto como el de los asesores o desarrolladores que intervienen en el proyecto a menudo se interponen en el flujo ideal del negocio y el sentido común al momento de diseñar y construir un campo.



Es probable que hayas escuchado que para terminar un campo de golf en nuestro país se requieren mínimo 12 millones de dólares (sin incluir los gastos de servicios ni el más de millón de dólares que un famoso jugador convertido en diseñador puede llegar a cobrar). Si hablamos de Los Cabos, donde 92% del turismo es extranjero y los green fees se cotizan entre 200 y 350 dólares, el branding es una buena inversión.

Sin embargo, tales costos de diseño y construcción a veces se dan en lugares donde el mercado es nacional y el green fee no lo puedes subir de 150 dólares. En estos casos encontramos un deterioro progresivo por falta de presupuesto para mantenimiento, y si se cuenta con ello, su rentabilidad depende por completo de la venta de casas y terrenos en el campo de golf.

Sin importar qué tan hermoso se vea el club al principio, cuando el costo de la construcción o el diseño es tan alto resulta muy difícil recuperar tu break point (BEP) y generar suficientes rondas para hacerlo rentable. Incluso, en lugares como Los Cabos algunos campos de golf han llegado a costar hasta por encima de los 18 millones de dólares. Con el tiempo, algunos desarrolladores se dan cuenta de que tiene mucho más sentido de negocio quitar algunos hoyos de la orilla del mar y sustituirlos con viviendas.




Actualmente, los rankings de revistas internacionales no toman como factor el costo de un campo al momento de evaluarlo. Es por ello que muchos de estos diseños tienen oportunidad de obtener un reconocimiento internacional (aunque basta un poco de sentido común para suponer que un campo de 18 millones debe estar más espectacular que uno de 6).

El golf es un negocio más bien visceral, donde con frecuencia escasea la cordura y sobra la inexperiencia. La responsabilidad del arquitecto o el asesor principal consiste en orientar e informar objetivamente al cliente sobre sus posibilidades reales de acuerdo con la factibilidad del terreno y el mercado.

Afortunadamente para los inversionistas menos viscerales o bien asesorados esa situación no tiene que presentarse. En la industria del golf –sobre todo en Europa– hay grandes arquitectos que son especialistas en la materia y continuamente se están preparando para ofrecer al cliente el mejor proyecto posible considerando el terreno de su propiedad. Parte de su profesionalismo también consiste en diseñar campos de primer nivel a un menor costo con una estrategia bien fundamentada, un buen estudio de factibilidad, bajo consideraciones sustentables con un manejo adecuado y menos cambios en el diseño durante su construcción.

Si se cuenta con un buen plan de diseño, el terreno propicio y una construcción efectiva y bien planeada, se puede poner en marcha un campo de primer nivel por una fracción de lo que estamos acostumbrados a escuchar.

Un diseñador consciente de todas las implicaciones de un proyecto de este tipo debe determinar el presupuesto de la obra de acuerdo con los motivos de quien lo contrató. Aunque el cliente insista en que quiere un campo que figure en el ranking mundial, es responsabilidad del arquitecto explicarle lo que eso realmente implica.

El cliente debe saber que si bien su campo podría aparecer en una revista, esto no significa necesariamente que podrá vivir de él y ser negocio. Su alto costo de construcción –dependiendo del diseñador y la ambición del desarrollador– podría hacer que el proyecto no reditúe.

La industria y el tiempo nos han hecho creer que debemos implementar campos de campeonato par 72 de más de 7,000 yardas para tener un complejo de golf exitoso, pero ésa no es siempre es la fórmula.






Agustín Pizá-Arquitecto apasionado de la naturaleza y el deporte. Maestro en diseño de campos de golf. Único arquitecto latinoamericano miembro del Instituto Europeo de Arquitectos de Golf.