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viernes, 18 de abril de 2008

Mensaje

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación “limpian, fijan y dan esplendor”

Cada vez es más frecuente que una empresa necesite expresar un mismo mensaje en varios idiomas. Esto responde a la diversidad lingüística de sus miembros o clientes, o bien a las características de un servicio prestado a una entidad que funcione en varias lenguas.

Resumen
Los correctores no solamente ayudan a los usuarios, también a las lenguas y, por tanto, deben ser considerados en las políticas educativas.

Traducir es una tarea compleja en la que las nuevas tecnologías son aliadas, pero no sustitutas.

Es necesario adoptar y propagar las herramientas que ya están a nuestro alcance. El objetivo: comunicarse y crecer.

Los correctores lingüísticos integrados en los procesadores de textos han supuesto un salto cualitativo en esta tarea. Gracias al corrector, una persona cuya competencia en un idioma no sea plena puede compensar sus inseguridades. Pero los correctores no sólo sirven a las personas, también sirven a las lenguas y, por tanto, deben estar presentes en las políticas públicas en materia de Educación y Sociedad de la Información. La eficacia del corrector a la hora de cuidar la ortografía y el orden gramatical “limpia, fija y da esplendor” al idioma. El éxito es probablemente superior al de muchas horas de regaños en la pizarra y marcas de bolígrafo rojo en el papel. Incluso en el caso de lenguas que por razones históricas no han sido enseñadas en las escuelas hasta fechas relativamente recientes (como el gallego, al que volveremos a referirnos), el corrector ayuda a los hablantes a adaptarse a las normas gramaticales y ortográficas, a pesar de haber sido alfabetizados en otro idioma.

Esta circunstancia obvia pasa desapercibida en muchas empresas y en la administración pública. Sin embargo, el correcto aprovechamiento de correctores ortográficos podría ahorrar horas de formación y costes de traducción y redundar en la versatilidad lingüística de la organización y sus trabajadores (respecto a la importancia de la formación en idiomas véase “¿Cómo elegir un curso de inglés para nuestra empresa?” y “Good advice! (¡buenos consejos!): la formación en inglés”)

Traducción + contexto = Internet
Además de los correctores instalados en nuestro disco duro, existe otra herramienta capital: Internet. A través de diccionarios online y foros, el usuario puede resolver múltiples dudas lingüísticas de forma dinámica, pero lo mejor que nos aporta Internet es el contexto. La mejor manera de saber cómo se utiliza una palabra es comprobar su pertinencia en diferentes contextos (de hecho ésta es la manera en que naturalmente adquirimos nuestro léxico y no leyendo hoja por hoja los diccionarios). Esto se puede hacer simplemente utilizando un buscador, que nos llevará a diferentes contextos de uso de un término, respecto a los cuales deberemos discernir la fiabilidad y la pertinencia. Pero también existen instrumentos específicos, como el Inter-Active Terminology for Europe (IATE), la base de datos terminológica de la Unión Europea, mediante la cuál localizamos la palabra traducida en contextos seguros y temáticamente clasificados.

Después de identificar estas herramientas indiscutiblemente útiles, es el momento de hablar de los programas de traducción. No es exagerado afirmar que no existe un programa de traducción que pueda traducir cualquier texto de un idioma a otro sin un error, pero es una realidad que cabe matizar.

Un poco de filosofía
Traducir es algo muy complejo (véase ¿Cuánto cuesta una mala traducción?). La filosofía del lenguaje ha puesto de relieve que toda traducción es en realidad una interpretación y no una mera sustitución mecánica. Es una tarea que tiene que ver con la comunicación artística y, por tanto, difícilmente mecanizable. Esto es así, según H. G. Gadamer, porque “El lenguaje es la casa del Hombre”, es decir, porque cada lengua encierra un valioso mundo cultural en sí misma. En consecuencia, para un texto mínimamente complejo siempre dependeremos de la supervisión de una persona bilingüe. Sin embargo, los programas de traducción pueden liberarnos de muchísimo trabajo mecánico.

Soluciones reales a nuestro alcance
La posibilidad de confiar en un programa de traducción depende de las lenguas que intervengan. Así, existe un riesgo alto al traducir de una lengua germánica a una lengua romance (por ejemplo, de inglés a español), pero puede resultar conveniente entre dos lenguas romances próximas (de gallego a español, por ejemplo). Un caso práctico de esto lo ofrece el traductor OpenTraddesarrollado mediante una iniciativa PROFIT (Programa de Fomento de la Investigación Técnica) del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, y que traduce textos entre las diferentes lenguas del Estado Español. Esta herramienta es tan precisa en las traducciones entre gallego y castellano (lengua materna del autor) que resulta desaconsejable una traducción manual. Ello a pesar de que la revisión resulta imprescindible porque algunas palabras se traducen de forma impredecible. El otro defecto es que no conserva los formatos de los textos en el proceso.

En conclusión: las nuevas tecnologías nos han puesto en bandeja escribir y traducir entre diferentes idiomas. Esto supone una gran ventaja para las empresas que se comunican a través de Internet. No es posible hablar dos lenguas literalmente al mismo tiempo, es decir, en el mismo instante. Pero empieza a ser posible en algunos casos prácticamente escribir dos lenguas al mismo tiempo, o sea, explotar las ventajas de la comunicación asíncrona y de las herramientas tecnológicas de corrección y traducción para dirigirse a mucha gente en diferentes idiomas. Está en nuestras manos aprovechar y propagar estos instrumentos para fortalecer un elemento que es medio y fin en sí mismo: la comunicación.

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