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jueves, 27 de agosto de 2015

Relojes

Por qué (casi todos) llevamos el reloj en la muñeca izquierda


GQ - agosto de 2015       
Relojes tienes de todos los tipos, tamaños y formas. De los clásicos de manufactura que son verdaderas obras de arte a ingenios técnicos y revolucionarios como el Apple Watch. Pero incluso con algo tan innovador como el último invento de la firma de la manzana hay un gesto que llevamos cien años repitiendo: siempre te lo pondrás en la muñeca izquierda. ¿Por qué?

 Si buceamos en los anales de la historia, las primeras referencias que encontramos sobre los relojes de muñeca nos trasladan a los inicios de la relojería suiza. Nombres como el de la manufactura Breguet, en 1810, o Patek Philippe, en los años 50 del siglo XIX, aparecen relacionados con los primeros modelos pero estos no se planteaban como piezas masculinas, sino destinadas al público femenino.

Tuvo que pasar una Guerra Mundial para que nos atreviéramos a ponernos los relojes en la muñeca. Durante el siglo XIX los hombres preferíamos los relojes de bolsillo que, además, empezamos a llevar en los chalecos además de en el pantalón. De ahí que muchos sastres incorporaran un bolsillo en el frontal izquierdo de los chalecos: resultaba más fácil sujetarlo con la izquierda mientras lo manipulábamos con la derecha. Sin saberlo, empezaron a sentar las bases de una tradición que tomaría forma en el siglo XX. Es en esta época también cuando al Príncipe Alberto, consorte de la Reina Victoria, propone colgar el reloj de una cadena denominada 'Albert chain' (llamada leontina en español) para asegurarlo a la ropa.

Varias décadas después de esta pequeña revolución, y ya en el siglo XX, en 1904 el piloto brasileño Alberto Santos Dumont encargó a su amigo Louis Cartier un reloj que pudiera consultar mientras pilotaba su avión. Ahí los hombres dimos un paso hacia adelante en la moda por llevar los relojes en la muñeca. Al igual que un siglo después hicieran David Beckham o Cristiano Ronaldo, Santos Dumont se convirtió en una referencia de estilo y su modelo, el Santos de Cartier, en un emblema de la relojería.
Pero no nos vayamos por las ramas. Vale, está claro que llevamos relativamente poco tiempo prefiriendo los relojes de pulsera, ¿pero cómo conseguimos aceptar una pieza diseñada en principio para la mujer?

 Además de la influencia de trendsetters de la época como el piloto carioca, la I Guerra Mundial fue decisiva para que surgiera esta moda. En confrontaciones anteriores, como la de los Bóers, los militares ya habían empezado a lucir relojes en su muñeca: la necesidad de coordinar las acciones bélicas sin que el enemigo se enterara lo hizo necesario y muchos, por practicidad, incluso ataron su reloj de bolsillo a la muñeca izquierda, el lado al que estaban acostumbrados.

El espaldarazo final llegó desde el aire con la Gran Guerra. Estos relojes fueron imprescindibles en el equipamiento de los pilotos que los llevaban en la mano izquierda con la esfera en el interior de la muñeca para poder consultar la hora sin apartar la mano de los mandos y dejar la derecha libre. De hecho, en 1917 la publicación británica Horological Journal decía: “el reloj de pulsera era usado muy poco por el sexo masculino antes de la guerra, pero ahora se ven en las muñecas de prácticamente todos los hombres con uniforme y en muchos civiles”.


Si a esto le sumamos que la mayoría de la sociedad era diestra, por lo que llevar el reloj en la izquierda dejaba nuestra mano útil con mucha más libertad de movimiento para, por ejemplo, escribir, entenderemos por qué nació la tradición de llevar el reloj en nuestra mano izquierda. Quisimos ser prácticos.   

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