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martes, 16 de septiembre de 2008

Pasan

"El número de personas con sobrepeso ya es superior al de personas que pasan hambre"

El neurobiólogo Yann Rougier, experto en biología de la nutrición y del deporte, explica para LA GACETA la importancia de educar el cuerpo para adelgazar de forma natural y evitar los problemas que se derivan de las dietas clásicas.

Yann Rougier, neurobiólogo, es experto en biología de la nutrición, biología anti-envejecimiento y biología del deporte. Fundador y director científico de Laboratoires Forté Pharma, presentó recientemente en Madrid su último libro “Adelgaza Conmigo”, una obra revolucionaria en contra de las clásicas dietas por considerarlas poco efectivas y perjudiciales para las personas. Ha sido consultor oficial del Arsenal Football Club, de la FIA y de la ATP.

Usted afirma que muchas de las dietas que hoy en día se propone cumplir la gente no son beneficiosas sino todo lo contrario ¿A qué se debe?
Hoy en día existen más de 17.000 dietas y 3,5 millones de referencias sobre este tema en Internet, y si analizamos estos regímenes, nos damos cuenta que lo mismo que algunas dietas afirman, otras lo niegan, con lo cual el consumidor es incapaz de encontrar una única verdad práctica para perder peso.

Una de las principales conclusiones a las que ha llegado la neurobiología es que el cerebro de una persona con sobrepeso puede llegar a percibir erróneamente que ése es el peso ideal del individuo. Así pues, cualquier dieta cuyo objetivo primero sea la pérdida de peso, se opone directamente a esta percepción del cerebro y se desencadena entonces una lucha entre la voluntad de adelgazar y la convicción (errónea) del cerebro, que conducirá al desgaste emocional y físico del individuo.

¿Cree que los nutricionistas necesitan más formación sobre la neurobiología para no recomendar dietas que puedan resultar perjudiciales?
Mi respuesta a esta pregunta es el resultado de treinta años de experiencia: es indispensable integrar conocimientos de neurobiología en toda formación dietética, pues nuestro sistema digestivo, orgánico, metabólico y endocrino depende de nuestros controles neurocerebrales.
El Worldwatch Institute afirma que hay más de 800 millones de personas en el mundo que padecen sobrepeso ¿Hacia dónde vamos?
Efectivamente, el instituto de vigilancia mundial ha constatado que, en la actualidad, las personas con problemas de obesidad son ya 800 millones. Incluso añado aquí un nuevo dato del que hemos tenido conocimiento a inicios de este año 2008: por primera vez en la historia de la humanidad el número de personas obesas es superior al número de personas que pasan hambre. Y sinceramente creo que esta paradoja absolutamente inhumana y trágica no tiene como fundamento una “mala conciencia” de los países desarrollados. Creo que la explicación se encuentra en que las sociedades industrializadas son víctimas de la integración del progreso en la industria alimentaria.

¿A qué se refiere cuando afirma que “nuestra dieta ha cambiado más en los últimos 50 años que en los 50 siglos anteriores”? ¿Qué factores se han producido para que tengamos que reeducar nuestro metabolismo?
Todo el cambio en la nutrición, tras el desarrollo industrial, está directamente relacionado con la globalización de los alimentos y el deseo de conservarlos para que puedan viajar, intercambiarse y ser almacenados durante tiempo. Ello no es posible sin un refinado excesivo del alimento, así como sin el aporte de múltiples aditivos y conservantes, lo cual conlleva un fuerte impacto en nuestro equilibrio neurodigestivo interno.

No obstante nos encontramos en un momento en el que el cuidado del aspecto físico parece haber adquirido más importancia que nunca. ¿Qué opina sobre esto?
Efectivamente, paralelamente al concepto médico de sobrepeso, asistimos a una especie de neurosis colectiva relacionada con la imagen física. Vivimos unos tiempos donde el progreso y la ruptura de la unidad familiar nos han hecho perder la capacidad de comunicarnos de manera saludable. Las herramientas de comunicación son cada vez más potentes, pero paradójicamente, las relaciones humanas son cada vez más pobres y estereotipadas. En este contexto, la apariencia física se convierte en moneda de cambio. El ser humano se expresa a través de su aspecto y sus signos externos de poder adquisitivo. Hemos pasado de un milenio donde se trabajó mucho la evolución interior del ser humano (en cuanto a valores morales, religiosos, sociales, científicos, etc.) a un inicio de nuevo milenio que parece ser el de la posesión (poseer una buena apariencia física, disponer de bienes materiales, estudios y títulos, etc.).

Algunos nutricionistas afirman que la calidad de los alimentos nunca ha sido mejor que la de hoy en día gracias a los estrictos controles de las administraciones y de los órganos reguladores.
Quien afirma esto confunde la calidad nutricional con la seguridad de los alimentos. Efectivamente la mala higiene nutricional está prácticamente erradicada gracias a los métodos de prevención puestos en práctica desde los años ’50. Sin embargo, erradicar las bacterias de nuestros alimentos es sin duda una de las maneras de asegurar la higiene alimentaria, aunque no el único aspecto a considerar, pues la calidad de nuestros alimentos nunca ha sido más pésima en lo que a valor nutritivo se refiere. Y ello queda demostrado en que los fracasos en el control de peso van en aumento año tras año.

¿Qué opinión tiene acerca de los alimentos transgénicos? ¿Considera que la manipulación genética de los alimentos podría solucionar la pérdida de calidad nutricional?
Para responder a esta pregunta intentaré no caer en los mismos errores que algunos de mis colegas de profesión. Es decir, no puedo emitir una opinión científica en un terreno que no domino y sin disponer de ningún estudio científico realmente serio sobre el tema. Los estudios a los que he tenido acceso en los últimos 10-15 años me llevan a pensar que los alimentos transgénicos no presentan hoy en día todas las garantías de seguridad a largo plazo para ser consumidos de manera masiva. Mi intuición, que en este caso no tiene una base científica, me lleva a pensar que hoy en día se trata más de una cuestión de beneficios económicos la que guía la investigación sobre estos alimentos, más que un deseo real de ayudar a los países subdesarrollados. Pero insisto en que se trata de una opinión puramente subjetiva y sin base científica.

¿Su libro puede ser también un método para solucionar otros problemas relacionados como la anorexia, la bulimia, etc.? ¿Son este tipo de enfermedades también consecuencia de la falta de la “educación” de nuestro cerebro?
En el libro hago ya referencia a estos problemas desde el inicio, donde señalo que estas dos enfermedades de extrema gravedad son enfermedades neuropsicobiológicas y que en este caso los hábitos de alimentación no son más que un síntoma de una enfermedad neuropsiquica a nivel profundo. Asimismo, creo que muchos de estos trastornos pueden aparecer tras haber seguido múltiples dietas adelgazantes, desordenadas y tóxicas para el organismo.

¿Qué diferencia el método SLIM-DATA de los otros métodos que se ofrecen en el mercado para adelgazar?
La diferencia entre el programa SLIM-data y el resto de métodos adelgazantes es que el método que he desarrollado toma como punto de partida los índices glicémicos. Existen varias escuelas científicas (al menos una decena entre Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Austrialia y Japón) que han tomado como punto de partida la misma percepción que el equipo de investigación en el que participo: hemos combinado los índices insulínicos con los índices enzimáticos y los índices calóricos. La fórmula que hemos creado ha sido registrada y es propiedad de nuestro departamento de investigación, lo que convierte a SLIM-data en un método único.

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