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martes, 28 de enero de 2014

Matemáticamente tenemos chance

Matemáticamente tenemos chance

Forbes - ‎‎enero‎ de ‎2014
¿Cómo se puede realizar un cálculo razonable sobre la viabilidad de lanzar al mercado un producto innovador?

Cómo me acaba de “iluminar” mi hijo (6 años) explicándome que cuando al color amarillo le “sumas” el color azul da como resultado el verde, y me lo escribió así A+A=B. Las matemáticas están detrás de todo. Pensemos esto desde la perspectiva de la innovación.

En la última década la conceptualización sobre la innovación dentro de las empresas ha avanzado. Hoy los empresarios saben que para crear valor a través de la innovación, las empresas tienen que aprender a generar más y mejores ideas, realizar un adecuado proceso de selección de dichas ideas para convertirlas en proyectos y hacer que éstos se vuelvan realidad. Este proceso de innovación debe ser al mismo tiempo rápido, eficiente y asegurar su replicabilidad y mejoramiento sistemático.

Una estrategia de innovación alineada con la estrategia de la empresa, una cultura que apoye a la innovación, procesos habilitantes y herramientas que permitan detectar oportunidades, son algunos de los elementos necesarios para la sistematización de la innovación.

Cuando se analizan los esfuerzos que hacen las empresas para innovar, vemos que las principales inversiones están enfocadas a desarrollar nuevos productos (Accenture, 2013). No tanto en procesos, ni en comercialización, ni en modelo de negocios, sino en lanzar un producto innovador. Pero, según estudios académicos (Harvard, 2013), más del 90% de esos productos terminan en la papelera, luego de grandes sumas de dinero gastado/invertido. Entonces, ¿cómo se puede aproximar a calcular, con cierta razonabilidad, la viabilidad de lograr un producto innovador?

Previo, me interesaría comprender qué es un producto. Un producto se podría definir como “un conjunto de atributos”. De hecho, podríamos representar el éxito de un producto como la sumatoria de cada uno de los atributos, multiplicada por la valoración relativa, por parte de la demanda, de cada uno de ellos.

La primera pregunta que surge es: ¿Cuántos atributos debe tener un producto? Todo depende de la complejidad del producto (Hausmann, 2012). Si el producto es simple, pocos; si el producto es complejo (habitualmente los que mayor valor agregado tienen), muchos atributos.

En este marco, ¿qué se entiende por innovación de productos? Si bien existen muchísimas conceptualizaciones al respecto, la que me gusta utilizar a mí hace referencia a que la innovación de producto es “una combinación nueva de los atributos valorados que forman el producto”.

Por lo tanto, podemos lograr un proxy de la probabilidad de éxito de la innovación de productos si la suponemos como “la sumatoria de los atributos (nuevos y existentes) multiplicados por el incremento (o disminución) de la valorización que tienen cada uno de los clientes, y de los no clientes, de cada atributo; comparado con los atributos del producto de la competencia”. Si nuestro producto es realmente innovador, habremos generado nuevos atributos y reforzado los existentes de tal forma que el incremental tienda al valor absoluto de la valorización del cliente, lo que hará que sea un producto innovador exitoso.


Entonces, el foco de la empresa o del emprendedor es comprender cómo deben cambiar los atributos, cómo cambia la valorización relativa, y a cuantos consumidores (actuales y potenciales) esa variación le es positiva (y a cuántos no). Este simple cálculo seguro tendrá un impacto importante en las decisiones y, por ende, en el riesgo y retorno de la innovación de productos.

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