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viernes, 25 de noviembre de 2016

El petróleo

 El petróleo en tiempos de Trump



FORBES- 25 de noviembre de 2016
La victoria de Trump tomó por sorpresa a los mercados energéticos, con la noticia ya digerida, analistas, inversionistas y académicos toman acciones que tendrán efectos en el mediano plazo.

Donald Trump triunfó en las elecciones estadounidenses, lo cual causó una profunda impresión al orbe. A bote pronto, los actores pronosticaron que el petróleo subiría de precio. Ya con el mundo haciéndose a la idea del Presidente Trump, vale la pena preguntarse, ¿cuál es el programa energético de Trump? ¿Qué aspectos de la coyuntura actual hay que seguir con atención?  Y ¿qué efectos podría tener esta época en el mediano plazo?



El Programa… O las ideas zigzagueantes

En los días posteriores a la elección de Trump, los inversionistas pasaron del susto a la euforia, y la capitalización de las empresas petroleras empujó a la bolsa de valores estadounidense a niveles récord, con la expectativa de que, como dijo el presidente electo, se incrementaría la producción de combustibles fósiles como petróleo, diésel y gas, se restauraría la industria del carbón “para sostener el crecimiento del empleo” y se eliminarían las regulaciones recientes en materia de fracking.

Mientras tanto, los estudiosos del panorama energético comenzaron a revisar, no en documentos oficiales, sino en transcripciones de las declaraciones de Trump, las posiciones específicas del entonces candidato para dibujar escenarios sobre qué esperar de su presidencia en materia energética. Encontraron que sus promesas de campaña carecen de detalles: no dice cómo las va a cumplir. De hecho, es el presidente electo con menor cantidad de propuestas y pormenores en materia energética en dos generaciones.



Drill, Baby, Drill

Lo que sí se sabe de Trump es que es la antítesis de la administración de Obama y que busca la forma de lograr la independencia energética “de cárteles y oponentes, para lo cual brindaría todo el apoyo posible a empresas de extracción. La regulación energética de Obama planteaba crear empleos a partir del valor agregado y la innovación en energías limpias. La promesa de Trump es que los “millones de empleos” que él creará llegarán más rápido y a partir de la extracción.

Las compañías energéticas estarán muy pendientes del arrendamiento de tierras federales -apenas el 21% de los terrenos de explotación petrolera-, las cuáles prometió Trump para extracción. Pareciera que las fuerzas se alinean a favor de Trump: Se acaba de encontrar en Wolfcamp, Texas, el yacimiento energético más grande de la historia estadounidense. Tendría 20 mil millones de barriles de crudo y 16 mil millones de pies cúbicos de gas, por lo que sería 3 veces más grande que Bakken, en Dakota del Norte, e Eagle Ford, en Texas.

De acuerdo con el Financial Times “es probable que la administración Trump se enfoque más en la seguridad y la asequibilidad de la energía como parte de un programa económico más amplio, centrado en el crecimiento y los recortes de impuestos.”

Sin embargo, el grado de avance de las reformas energéticas trumpistas dependería de las restricciones institucionales. Y es que, así como Obama poco pudo hacer para regular la producción de shale gas hacia procedimientos más amigables con el ambiente, la victoria de Trump tendrá apenas un pequeño impacto en la producción privada, pues el ejecutivo no puede incidir fuertemente en ella.



Cambio climático

La declaración hecha por Trump sobre temas energéticos más comentada se remonta a un tweet del 2012, donde escribió que “el cambio climático es un engaño creado por y para los chinos para hacer menos competitiva a la manufactura estadounidense.” Esta postura, tremendamente popular entre su base de votantes, no es la única que ha tenido Trump sobre el cambio climático.

Durante la campaña, el presidente electo se comprometió “a cancelar el acuerdo climático de París, que acordaron casi 200 países, así como a desechar las propuestas del presidente Obama sobre las emisiones de gas de efecto invernadero de las centrales eléctricas”. Resulta dramático que se quiera desaparecer una serie de acciones que, al corte de este año, están en camino de lograr que Estados Unidos cumpla sus metas de reducción para este año, y que de seguir así, cortarían las emisiones entre 26 y 28% en el largo plazo.

También puede haber secuelas en el financiamiento de la lucha contra el cambio climático. EUA debe pagar pronto los $3.333 mil millones de dólares (mmdd) para el Fondo Verde del Clima, que sería distribuido principalmente entre los países en desarrollo. El magnate prometió en campaña nunca pagar ese dinero. Mientras tanto, por la vigilancia del Congreso estadounidense, Obama no puede tomar decisiones de hondo calado, tal como realizar la aportación norteamericana.



Los 100 días de Donald

El presidente electo está planeando sus primeros 100 días en la oficina, por lo que anunció que ya está estudiando formas de cancelar las restricciones en la producción de energía. Además, probablemente intentaría cancelar el Programa de Energía Limpia de Obama y autorizaría la construcción del controvertido oleoducto Keystone XL.

Sin embargo, éstas y otras medidas que atañen a la industria energética tendrían que ser anuladas a través de las Cortes estadounidenses, mayoritariamente conservadoras, por lo que el proceso completo requerirá tiempo.

Se espera que los activistas del cambio climático requieran invertir aún más energía, atención y recursos para transformar su activismo en obstáculos y resistencias de la visión trumpista. 360 empresas, entre ellas varias gigantes multinacionales, pidieron por carta a Trump que no abandone la lucha por el cambio climático. También vemos estados-activistas, comandados por el liberal California, que proclamaron que no darán un paso atrás en su lucha contra el cambio climático, a pesar de la política presidencial.

Toda esta retórica dio un vuelco en las últimas horas, pues en una sesión privada con todo tipo de desaires a reporteros del New York Times, Trump comentó que sí pensaba que debe haber “cierta conexión entre la actividad humana y el cambio climático”, pero el asunto depende de cuánta relación. Además dijo que estaba viendo el acuerdo de París muy de cerca y que tiene una “mente abierta” al respecto.

Los estudiosos dicen que Trump les recuerda a Reagan, quien no tenía mucha idea sobre el sector energético; empezó con posturas radicales y se fue suavizando al darse cuenta de las implicaciones.  En este caso, Trump no ha cambiado de postura necesariamente por la presión internacional, sino que una vez más hace gala de sus ideas zigzagueantes sobre los temas. Periodistas de NBC encontraron que durante su campaña electoral tuvo 141 opiniones diferentes sobre 23 temas considerados como relevantes.

¿Qué aspectos de la coyuntura actual hay que seguir con atención?



Acuerdo OPEP, ¿ahora sí?

La Organización de Países Exportadores de Petróleo lleva años tratando de ponerse de acuerdo sobre disminuir la producción petrolera. En la pasada reunión de Argel, Arabia Saudita lideró los esfuerzos por recortar la producción, ya que los precios de petróleo y su anterior obsesión por la producción le han dado problemas presupuestales.

La estrategia árabe funcionó parcialmente, pues se llegó a un acuerdo vulnerable que no se ha podido implementar completamente. Una vez más, la canibalización del mercado que hacen los países de la OPEP friccionó el acuerdo. Además, Arabia Saudita e Irán manifestaron sus diferencias, Irak protestó sobre la evaluación de la producción e Irak, Irán, Nigeria y Libia aumentaron su producción de crudo.

Un posible periodo de aversión al riesgo en materias primas y la victoria electoral de Trump -antes descartada por la OPEP- pueden ser el empuje definitivo para que el “cártel petrolero” llegue a un acuerdo el próximo 30 de noviembre en Viena. En caso de que haya acuerdo, se esperaría que el precio del crudo se asiente sólidamente sobre los $50 o $55 dólares por barril. En caso de que no, Goldman Sachs pronostica una caída a apenas por encima de los $40 dólares.



¿Se dará una Guerra Energética EUA-Arabia?

Donald Trump prometió en su campaña que bloquearía las importaciones de petróleo para lograr una “total independencia energética estadounidense, libre de los cárteles del petróleo y de nuestros enemigos”, y puso a Arabia Saudita como el primer país en la mira. En los últimos días dijo que los bloquearía si no comprometen tropas y recursos para afrontar al Estado Islámico.

El Reino contestó a través del CEO de Saudi Aramco que bloquear el comercio o cualquier producto árabe no sería saludable para los EUA, por lo que espera a ver qué hace Trump exactamente de entre todos sus anuncios de campaña hechos a “50 mil pies de altura”. Y razón económica para plantar cara a Trump no le falta, pues la empresa árabe emitió en octubre bonos globales por primera vez, recaudando la cifra récord de 17.5 mmdd.

Arabia Saudita ha expuesto en diferentes foros que piensa que seguirá habiendo apetito por petróleo y gas. A pesar de las fuertes tendencias registradas por EUA el año pasado, el punto neurálgico del sector energético se desplaza al este para el 2017, pues el mundo tendrá una dependencia más grande que nunca al crudo del Oriente Medio. La región representó el 35% de los suministros mundiales de petróleo, el mayor nivel de los últimos 40 años.

Finalmente, los medios más atrevidos han comenzado a especular que Trump está sopesando la posibilidad de aliarse con Vladimir Putin, a quien ha elogiado en distintas ocasiones, para crear su propio grupo tipo OPEP, el cuál pondría en serios aprietos a Arabia Saudita, Irán y Venezuela.



París, Marrakech… y después, ¿qué?

La COP-22, llevada a cabo hace días en Marrakech, comenzó con una buena y una mala noticia. Por un lado, la economía mundial consiguió crecer sin aumentar sus emisiones de CO2, principalmente por el estancamiento en el incremento de partículas liberadas por China y Estados Unidos. Por el otro, el panel científico dijo que aún continuamos en el escenario de calentamiento más alarmante, pero alentó su pronunciamiento que de seguir así, la situación mejorará importantemente para el 2030.

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AEI), los combustibles fósiles recibieron en 2015 unos $325 mmdd en subsidios, mientras que las energías renovables absorbieron apenas unos $150 mmdd.  A pesar de que a los combustibles fósiles se les subsidie más del doble que a los renovables, reconocieron que la disminución fue sustancial, pues en 2014 se destinaron $510 mmdd.

La mengua del subsidio fósil se dio por la baja en los precios del petróleo y por el descuento consciente de este tipo de ayuda. La ONU está pidiendo que ya desaparezcan todos los subsidios fósiles, lo cual pondría en predicamento a un conjunto de países no desarrollados y otros en desarrollo.

La COP-22 comenzó con la expectativa de pasar de la “Cumbre del Acuerdo”, por París, a la “Cumbre de la Implementación”, por Marrakech. Este objetivo no se logró enteramente, principalmente porque algunos asuntos muy delicados no se resolvieron; entre ellos, las fechas límite para análisis de las metodologías, así como el contenido y los tiempos de implementación de los programas de mitigación. Aún así se lograron resolver temas tortuosos, especialmente de naturaleza técnica para continuar con la implementación del Acuerdo de París.

Buena parte de los discursos tuvieron alocuciones indirectas a Trump y su promesa de no respetar el acuerdo multilateral. Hollande, el presidente francés, fue especialmente enfático al proclamar que la lucha contra el cambio climático es ya irreversible -lo cuál fue incluido en la proclamación final, llena más de simbolismo político que de vocación práctica-. Países como China, India, Brasil y otros europeos se avocaron a esta postura y sus abanderados se fueron con la convicción de que el acuerdo sí continúa hacia delante.

Trump tiene mucho que ganar ante sus votantes y aún más que perder ante el mundo. Después del exitoso acuerdo de París, parecía que Estados Unidos sería el país líder en implementar el acuerdo del cambio climático. Si EUA sale del Acuerdo, le cedería ese liderazgo moral e influencia a China, que tendría que formar alianzas con países emergentes y europeos, y que tendría que depositar buena parte de la implementación sobre la burocrática ONU.

El mundo perdería con la salida de EUA, pues faltaría apoyo técnico y de investigación, transferencia tecnológica y capacidad de revisión entre pares de las políticas de los países del Tratado. Además, se dejarían de invertir recursos para la generación de energías renovables.



Medidas de las grandes petroleras

En lo próximos meses, habrá que seguir de cerca el desempeño de las grandes empresas petroleras.  En la categoría de empresas gubernamentales, destaca el caso venezolano, pues la renegociación de los bonos petroleros emitidos por el gobierno le dio un respiro a sus finanzas nacionales.  Sin embargo, esta ronda no pudo detener el galopante paso mediante el que PDVSA se acerca a la quiebra.

Por otro lado, Pemex presentó su plan de negocios, donde abiertamente dependerá de su alianza con petroleras extranjeras para ser rentable.  Petrobras, en cambio, sigue cancelando licitaciones y despidiendo trabajadores para mantenerse a flote.

El annus horribilis se extiende también a las petroleras privadas, pues la caída prolongada de los precios del petróleo hace que se enfrenten a la falta de inversión en nueva producción. Las Siete Hermanas han disminuido en dos periodos anuales su gasto de capital y al esperarse gran volatilidad, ya van por la tercera.

Han respondido principalmente haciendo agresivos recortes -unos 140 mil empleos a nivel mundial en los últimos 2 años- para amortiguar los golpes en sus ingresos, y en segundo término, se han enfocado en incrementar su eficiencia.  A pesar de los recortes, han seguido presentando utilidades -cada vez menores-. Royal Dutch Shell y BP advirtieron a sus inversionistas que la ansiada recuperación de los precios petroleros no llegará en 2017.

¿Qué consecuencias puede tener esta coyuntura en el mediano plazo?

De acuerdo con las premisas del Acuerdo de París, existe un consenso de que aún existirá gran demanda de combustibles fósiles en los próximos años, principalmente para actividades como transporte de carga en carreteras, fabricación de químicos, la aviación y el sostenimiento de la base del sistema energético mundial.  Tan sólo los camiones, principalmente chinos, representarán un tercio del crecimiento de la demanda de petróleo entre hoy y el 2040.

Si bien la OPEP ha apoyado abierta, pero cautelosamente el Acuerdo de París, le tiene un pavor especial, debido a que la reducción de emisiones dificultaría vender todo el crudo que produce. En su último informe, pronosticó que de implementarse totalmente el Acuerdo –principalmente si los vehículos de combustibles alternativos desplazan a los de gasolina-, la demanda de energía llegaría a su pico entre 13 y 15 años. Sin embargo, su escenario base es que el Acuerdo es tan complicado y oneroso de ejecutar, que esperan que no se pueda implementar totalmente.

La AEI lo ve con otros ojos. Su último informe plantea que la demanda de crudo mantendrá su incremento por décadas, incluso si el Acuerdo de París se implementa en su totalidad. Esto significa que, a pesar de que se adopten fuentes de energía y máquinas más limpias -incluyendo la expansión del mercado de 1.3 millones de automóviles eléctricos en 2015 a 150 millones en 2040-, no se evitará que el consumo de petróleo mantenga su crecimiento al menos hasta el 2040.

En el caso de Donald Trump, en el largo plazo podemos esperar que no haga iniciativas contra el cambio climático, por lo que se perdería buena parte del trabajo y legado de Obama. Tampoco se esperarían nuevas políticas para el control de emisiones.  Sin embargo, cuatro años no tienen mucho impacto en la inversión y políticas que pueda impulsar Estados Unidos en materia energética. Otra historia sería si Trump gobernara por 8 años.

Es posible que Trump tenga problemas con más de un productor relevante de petróleo, lo cual probablemente afectaría los mercados globales de petróleo, algunas veces a favor y otras en contra de Estados Unidos. Por otra parte, Brookings anticipa que probablemente ningún mandatario del mundo haga más daño que Trump a la cooperación internacional en materia de cambio climático.

La experiencia del mundo con líderes como Trump o Berlusconi, es que sus resultados verdaderos se pueden valorar cuando se les deja de tratar como estrellas mediáticas o políticos improvisados, y se les empieza a tratar en serio como primeros mandatarios, los cuales toman decisiones que afectan a cientos de millones de personas. En el caso energético, Trump está quedando a deber.

El mensaje de optimismo que debe prevalecer es que los pilares de la industria energética quedan intactos: Por un lado, se puede innovar más en materia tecnológica o de políticas públicas a nivel local que a nivel nacional o internacional. Por el otro, la inversión privada seguirá invirtiendo fuertemente en sus propios laboratorios y los de universidades para desarrollar mejores tecnologías. La conjunción de ambos factores irá cambiando e inclusive suplantando las diferentes premisas que hoy definen al sector energético, a pesar de la sísmica coyuntura actual.




Javier Arreola-Ingeniero, emprendedor y becario Carlos Slim en la U. George Washington. Aprendí de energía en la Brookings Institution. Analizo el liderazgo de México en el mundo y busco traducir tecnicismos al lenguaje cotidiano.