China mantiene abiertas fábricas ‘zombis’ para
dar la ilusión de prosperidad
El Cronista Comercial - enero de 2015
A la sombra de un grupo de enormes chimeneas y
fundiciones abandonadas, un letrero descascarado da la bienvenida al Parque
Industrial de Acero Wenxi.
Pero en una aldea cercana, los hombres de edad
laboral y muchas de las mujeres se han marchado, dejando sólo a los viejos y a
los muy jóvenes.
"Si uno corta el árbol mayor, todos los
pequeños árboles a su alrededor van a morir", dice Wang Peiqing, de 69
años, refiriéndose al colapso del Grupo de Hierro y Acero Highsee, que operaba
las fundiciones antes de que su cierre reciente devastara la economía de esta
antiguamente próspera esquina de la provincia de Shanxi en China central.
"La región entera dependía de la acería; ahora los jóvenes tienen que
salir a buscar trabajo a través de China".
Highsee dejó de pagar a sus 10.000 empleados
hace seis meses. Los funcionarios locales estiman que la fábrica contribuía a
la subsistencia indirecta de una cuarta parte de la población de 400.000 del
condado de Wenxi. Highsee era la mayor acería privada en Shanxi, contribuyendo
un 60% de los ingresos fiscales de Wenxi. Por estas razones, el gobierno local
se mostró reacio a dejar que la empresa cerrara, aunque había estado en serias
dificultades financieras por varios años.
A través de las vastas extensiones de China, se
manifiestan experiencias similares, con miles de empresas en los sectores de
mayor industrialización afligidas por una crónica sobrecapacidad que debería
llevarlas a la quiebra en lugar de acabar apuntaladas por los gobiernos
locales.
Con enorme poder sobre las cortes, los bancos
estatales y los departamentos administrativos locales, los funcionarios del
partido Comunista a través de China están dispuestos a hacer todo lo posible
por sostener a los mayores empleadores fracasados de sus jurisdicciones.
Sólo el mes pasado, cuatro años antes de que
Highsee comenzara a debilitarse, la empresa por fin recibió permiso del
gobierno para iniciar el proceso de bancarrota.
En el último mes los medios chinos reportaron
al menos nueve acerías que parecen estar suspendidas en un limbo después de
detener la producción porque que no tienen permiso de declarar bancarrota.
"Hay un gran número de empresas a través
de China que deberían haberse ido a la bancarrota pero que no lo han
hecho", dice Han Chuanhua, abogado de bancarrota en el bufete de Zhongzi
en Beijing. "El gobierno no quiere ver la bancarrota porque tan pronto las
empresas quiebran, el desempleo sube al máximo y los ingresos fiscales
desaparecen. Al negarles la bancarrota a las empresas, los funcionarios logran
mantener la ilusión de la prosperidad local, el crecimiento económico y la
estabilidad fiscal".
El volumen de préstamos improductivos (NPL)
pendientes en el sector bancario chino ha aumentado un 50% desde el comienzo de
2013, según los estimados de ANZ, el banco australiano. Aun así, la proporción
de NPL de todo el sector se mantiene bastante baja, apenas sobre 1,2%
En privado, sin embargo, los principales
funcionarios financieros confiesan que la verdadera proporción es mucho más
alta, oscurecida por los gobiernos locales que tratan de apuntalar empresas.
China está en camino este año a su crecimiento
anual más lento desde 1990, cuando todavía estaba bajo las sanciones
internacionales motivadas por la masacre de la Plaza de Tiananmen. Después de
años de frenético crecimiento y construcción, la baja en el sector de bienes
raíces creó serios problemas para las industrias que lo suministran como el
acero, el cristal y el cemento, que sufren una crónica sobrecapacidad.
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