Tinder: sexo, mentiras y iPhones
Forbes -jueves, 8 de enero de 2015
Sean Rad cambió la forma como la gente se
relaciona al crear Tinder, la aplicación de citas más popular. Lástima que eso
no fue suficiente para salvar su empleo.
Sean Rad, el cofundador y CEO de Tinder, una
aplicación que en los últimos dos años ha reinventado la forma en que los
jóvenes se conocen y relacionan, ha generado noticias con regularidad. Hace dos
meses en la Cumbre Forbes de menores de
30 años de edad, Rad planeaba anunciar el primer generador de ingresos de
Tinder, un servicio premium para su aplicación gratuita. En cambio, la gran
noticia lo encontró a él. Revisando su teléfono, Rad vio que Sam Yagan, de IAC,
le llamaba.
Yagan fue directo al punto: Rad estaba
despedido como CEO de la compañía que había fundado, una que ha conseguido
combinar cuatro de los temas más populares en la tecnología hoy en día:
descubrimiento social, ludificación, ubicación y mensajería.
A través de uno de los acuerdos más complicados
en el mundo de las startups tecnológicas, IAC —propiedad de Barry Diller—
controla la mayoría de Tinder. Yagan es su voz y jefe de facto de Rad.
Y con esa noticia en mente entró al Centro de
Convenciones de Pennsylvania, y luego, durante 30 minutos, dio a 1,500 jóvenes
emprendedores una clase magistral de cómo crear un fenómeno viral. Rad
desmenuzó una serie de estadísticas. Tinder, que ha registrado un crecimiento
de 600% en los últimos 12 meses, ha sido descargado 40 millones de veces desde su
lanzamiento en 2012.
Los 30 millones de personas que se han
registrado echan un vistazo en conjunto a 1,200 millones de prospectos al día;
eso es 14,000 por segundo. Y no están sólo mirando: Tinder está facilitando
casi 14 millones de encuentros románticos cada 24 horas.
Como lo planeó originalmente, Rad entonces
reveló confidencialmente la idea para su servicio premium, como 1,000 tuits
disparados a través de Internet anunciando la noticia.
IAC dijo que no quería que Rad desapareciera
por completo —este artículo es el primero en hacer pública su remoción—, sino
más bien que renunciara al puesto máximo y se enfocara en el producto.
“El Consejo cree que lo mejor es traer a un
CEO, que si abrimos el puesto podríamos atraer un mejor talento —dice Rad—. Yo estoy
muy en desacuerdo.”
Entonces, ¿debería quedarse o irse?
Rad pasó las horas siguientes caminando por las
calles de Filadelfia, explotando su teléfono con furia. Llamó a Yagan y al jefe
de Yagan, Greg Blatt, presidente del Match Group de IAC. Llamó a sus asesores
de negocios y a sus abogados. A su novia. A su padre. Al padre de su novia,
quien es el multimillonario tecnológico Michael Dell. No hubo consenso: la
mitad le aconsejó trabajar a una capacidad menor; el resto, renunciar.
Desesperado, Rad canceló su vuelo de regreso a Los Ángeles, y en su lugar tomó
un tren hacia Nueva York, a la célebre sede de IAC diseñada por Frank Gehry.
“Las cosas iban tan bien, la empresa estaba
creciendo más rápido que nunca, estábamos a punto de tener ingresos. Mi relación
con Sam (Yagan) no podría haber sido mejor y habíamos superado por completo la
demanda por acoso sexual”, dice.
Su meta, mientras hablaba con Yagan y Blatt:
“Pensaba que aún podía convencer a IAC de cambiar de opinión.” No pudo, y las
razones se redujeron en última instancia a dos cosas:
La primera es el control. La raíz de este drama
tiene que ver más con abogados y estructura corporativa.
La segunda es el dinero. Los analistas que
siguen la estimación de las acciones de IAC estiman que Tinder vale entre 1,000
y 1,500 millones de dólares (mdd), pero incluso ellos admiten que esa cifra es
menor a la valuación que podrían obtener de los capitalistas de riesgo. Un
analista de un gran banco me dijo que un Tinder independiente, considerando los
enloquecidos mercados privados, podría superar los 5,500 mdd, el valor de
mercado de todo IAC.
Rad y Tinder
Sean Rad comprende tanto la iniciativa
empresarial como el sueño americano. Estudió negocios en la USC, pero abandonó
la escuela en 2006 para perseguir sus propios sueños de negocio, empezando por
Orgoo, un servicio de correo electrónico que consolida tus cuentas de correo
electrónico, contactos y mensajes instantáneos. Fracasó, pero le fue mejor con
Adly, una empresa de marketing que vinculaba a marcas y celebridades para
anunciarse en Twitter. Después de tres años vendió su participación a una
empresa de capital privado, ganando unos cuantos millones, y se dispuso a
comenzar algo nuevo.
Hatch Labs, una incubadora para aplicaciones
móviles con sede en Nueva York creada por el exejecutivo de IAC Dinesh Moorjani
—y financiada por IAC y Xtreme Labs— sonaba como un lugar atractivo para
hacerlo. En 2012 aceptó un salario y acciones para trabajar en la Hatch, donde
fue puesto a cargo de Cardify, una app para tarjetas de fidelidad para
minoristas. Mientras tanto, él y Mateen peloteaban una idea: una aplicación de coqueteo
basada en un sistema de gusto mutuo.
Cuando Hatch organizó un hackathon durante las
primeras semanas de Rad en la empresa, él, junto con el ingeniero Joe Muñoz,
desarrollaron un prototipo. Lo llamaron Matchbox. Ganaron el hackathon y,
eventualmente, Moorjani hizo que el equipo de Cardify lo desarrollara aún más.
“Pensé que era sólo una pequeña aplicación cool”, dice Rad.
El emprendedor en serie Andrew Frame, quien
intentó comprar Tinder a Hatch Labs al principio por alrededor de 750,000
dólares, lo expresa de manera más concisa: “Ellos pensaron que conseguirían
tener sexo con esa app.”
Frame les dijo que desactivaran el servicio
mientras sus usuarios aún se contaban por cientos y ofreció a IAC un pequeño
porcentaje por desligarla de Hatch y mudarla a San Francisco para desarrollarla
apropiadamente. Rad se opuso, Tinder creció rápidamente y el acuerdo fracasó.
La genialidad de Tinder está en digitalizar el
coqueteo físico humano y hacerlo increíblemente fácil a través de un
smartphone: vincula tu cuenta de Facebook con un solo toque y en segundos el
algoritmo de la aplicación te muestra un sinfín de fotos de potenciales parejas
en tu área. No hay cuestionarios o formularios, sólo fotografías. Deslizas la
imagen hacia la derecha si te gusta la persona, o a la izquierda si no. Cuando
le gustas a una persona que te gusta, Tinder los conecta a través de una sala
de chat. “Hemos eliminado el miedo al rechazo”, me dice Rad.
El diseño del sistema “sí-no”, creado por el
cofundador Jonathan Badeen, aporta un elemento de juego al proceso de búsqueda
de pareja, ya que cada que un usuario le gusta a alguien más, su ego crece.
Mientras un like en Instagram termina la interacción entre los usuarios, un
match en Tinder es sólo el comienzo. Estos factores lo hacen un producto muy
adictivo.
Fuentes calculan que los usuarios activos
mensuales de Tinder son cerca de 18 millones (alrededor de la mitad de su base
registrada), y los usuarios diarios, alrededor de nueve millones.
Durante el desarrollo de la app en la primavera
de 2012, Rad fue el líder del equipo y de producto, Muñoz se encargó de la
integración con Facebook, Badeen del aspecto, la interfaz y la integración con
iOS; Chris Gulczynski del diseño y Adam Huie de las finanzas. Moorjani
supervisó la operación. Tres semanas y 50,000 dólares más tarde, el producto
denominado Tinder —para evitar confusiones con la vaca lechera de IAC, el sitio
de citas Match. com— estaba en funcionamiento.
Fue Justin Mateen (Rad conoció a Mateen en la
USC) quien la hizo popular. Mateen envió
un correo electrónico desde Tinder con una versión beta a 600 de sus contactos
más populares de la escena fiestera de Los Ángeles, todos usuarios jóvenes y
atractivos. En poco tiempo, Tinder registraba decenas de miles de swipes. Rad
dice: “Nuestros amigos empezaron a decirnos: ‘Hey, esto está cambiando mi
vida’”.
Para impulsar el crecimiento, Mateen, quien
había recibido el título de CMO y cofundador, tomó una página del libro de
jugadas de Zuckerberg, presentando Tinder en escuelas, una a una; escuelas con
fiestas de élite. Con la ayuda de los hermanos menores de sus amigos, Tinder
comenzó a prender en los campus de la USC, Arizona y UT Austin, a las que
siguieron casi todas las universidades estadounidenses restantes.
A principios de 2013, Tinder tenía 400,000
usuarios, saltó de la escena universitaria a la fama el invierno pasado después
de que Mateen la infiltró en la fiesta de solteros más exclusiva de todas: la
villa olímpica de los Juegos de Invierno de Sochi. Las relaciones generadas en
los Juegos gracias a Tinder se convirtieron en noticia internacional.
Rápidamente la app había hecho 1,000 millones de matches, lo que no pasó
desapercibido por IAC.
El problema
Hay un elemento Matryoshka en la estructura de
propiedad de Tinder. Hatch Labs es propietario de 100% de Tinder por el simple
hecho de que Rad era un trabajador externo e iac controlaba la mayoría de Hatch
Labs. Como fundador de Hatch, Dinesh Moorjani explica que una vez que una
empresa es escindida de Hatch, él le entrega una participación accionaria al
equipo fundador. Pero él dice que los fundadores en Hatch sabían que, al final,
Barry Diller e IAC siempre tendrían una participación controladora en sus empresas.
En agosto de 2012, Moorjani estaba a punto de
lanzar otra clase de empresas Hatch, pero dice que IAC no estaría de acuerdo en
las nuevas condiciones que hubiesen dado a los fundadores más participación en
las startups. Moorjani cerró Hatch a principios de 2013. Aunque Rad no quiso
hacer comentarios, las personas cercanas a él dicen que siempre había pensado
que Hatch escindiría Tinder y le daría el control de la empresa.
En cambio, con Moorjani fuera de la ecuación,
IAC le dijo a Rad que Tinder era de ellos y que él era sólo un empleado.
Rad se acercó a sus contactos en la alta
tecnología como Ron Conway, de SV Angel, y al actor/inversionista Ashton
Kutcher para cabildear los nuevos términos con Barry Diller. Al final, llegaron
al siguiente acuerdo: IAC tendría una participación en torno al 60%. Rad
mantendría alrededor de 10%, Mateen y Badeen un poco menos, y el resto de las
acciones sería repartido.
Como CEO, Rad controlaba las operaciones
diarias de Tinder: producto, equipo, marketing y branding. Pero como Rad,
Mateen y Badeen descubrirían pronto, fue Barry Diller quien finalmente hizo
swipe. Eso se volvió crítico al presentarse la demanda por acoso sexual.
Whitney Wolfe, una chica de 24 años originaria de Utah, quien conocía a la
hermana menor de Mateen, se unió al equipo de ventas de Cardify y más tarde se
mudó al de Tinder, ascendiendo hasta la vicepresidencia de Marketing y
reportando directamente a Mateen.
Ambos comenzaron a salir, y cuando terminaron
las cosas se pusieron feas. Wolfe había estrechado sus lazos con Rad y su novia
Dell (Rad me dijo varias veces que consideraba a Wolfe una de sus mejores
amigas). La ruptura se filtró en el negocio de Tinder.
Wolfe demandó a Tinder y a IAC por acoso
sexual. En la denuncia se acusa a Mateen de abuso y del despojo de su título de
cofundadora aludiendo razones de género, y a Rad y Yagan, de mirar hacia otro
lado.
Rad estaba en una situación difícil. Su equipo,
sus amigos y la familia de Mateen presionaron a Rad para que defendiera a su
amigo y cofundador, pero IAC ordenó guardar silencio a todos en Tinder. “Justin
pudo haberse defendido y hecho públicas algunas evidencias desagradables contra
Whitney, pero eso habría arrastrado a la compañía hacia el lodo. Se calló, se
hirió a sí mismo y le evitó al equipo el drama”, dice Rad.
En última instancia, es un “él dijo, ella dijo”
gigantesco que probablemente permanecerá turbio para siempre. En septiembre
Wolfe y Tinder llegaron a un acuerdo extrajudicial. Ni Mateen ni nadie en
Tinder o IAC admitieron culpa alguna. Una fuente cercana al caso dijo que Wolfe
se llevó poco más de 1 mdd, una fracción de lo que sus abogados buscaban
inicialmente.
Aún así el daño estaba hecho. IAC no estaba
dispuesto a ver a su nueva potencial fábrica de dinero descarrilarse por más
errores de aficionados. Rad tenía el título de fundador, pero no tenía control
sobre su propio destino en la empresa. Lo que llevó unas pocas semanas después
a la llamada en Filadelfia.
El mismo Rad no ha logrado superarlo. Su
reunión en Nueva York con IAC —Diller no estuvo presente, aunque dada la
importancia de Tinder para su empresa, es inverosímil pensar que no haya estado
de acuerdo— provocó una distensión.
Rad actuará como presidente y permanecerá a
bordo de Tinder, y continuará siendo CEO hasta que se encuentre un reemplazo.
“Buscamos a alguien con el perfil de Eric
Schmidt, no hay ningún CEO entrando por la puerta con el que no me lleve bien,
eso sería un suicidio empresarial”, dice Rad de su búsqueda.
Por supuesto, por cada Eric Schmidt en Google
hay un John Sculley en Apple. Pocos CEOs entrantes quieren a uno de los
fundadores desconfiando de él. Pero Rad, por su parte, cuenta con nuevos
aliados. En octubre, luego de más de seis meses de negociaciones, persuadio a
la estrella del vc Matt Cohler, de Benchmark Capital, de tomar una
participacion en Tinder y unirse al Consejo. “Necesitamos la experiencia y la
validacion externa para mostrar al mundo y a los futuros reclutas que es una
gran empresa”, dice Rad. “Y que la estructura de liquidez es lo suficientemente
buena para una entidad con capital de riesgo”.
“El uso orgánico y el engagement en Tinder es
extraordinariamente raro y especial”, dice Cohler.
El gran plan de ingresos, Tinder Plus, que Rad
anunció por primera vez en el escenario de la Cumbre forbes de menores de 30,
se pondrá en marcha de forma inminente, con dos nuevas funciones para los
clientes de pago. La primera, para viajes, permitirá a los usuarios buscar en
cualquier país en el mundo, explorando posibles coincidencias en Barcelona o
Boston.
La segunda es algo que los usuarios han estado
pidiendo desde el lanzamiento de Tinder: un botón que les permita volver a los
perfiles que han descartado a toda prisa, un botón de “deshacer”.
Rad tiene planes más ambiciosos. Él espera
transformar a Tinder de una aplicación de citas a un gps social.
Tinder Places ayudaría a sus usuarios a conocer
gente nueva (ya sea que busques novia o alguien con quien ir al boliche) en
bares, estadios, museos y parques, un servicio basado en los lugares que
visitan.
La idea: donde la gente trabaja, come, compra y
socializa dice mucho de ella.
“Tenemos que entrar en miles de ubicaciones en
todo el mundo. Después está el desafío técnico de las transacciones en la nube
que se generaría, potencialmente miles de millones. Estamos hablando de un
proyecto operativo gigantesco”.
Es difícil ver a iac embarcarse en un proyecto
tan grande y costoso, al menos mientras que las fuentes de ingresos baratas y
fáciles, como la suscripción y publicidad, se encuentren intactas. Luego están
todos los datos que la compañía recibe de sus usuarios.
“Podemos crecer más allá de nuestro núcleo
actual, pero me gustaría pensarlo con mucho cuidado antes de diluir las citas”,
dice Yagan.
La presión para hacer dinero va en aumento.
Este verano Greg Blatt de iac dijo a los analistas de Wall Street que Tinder
podría ganar 75 mdd en Ebitda el año que viene. Bank of America espera que
Tinder gane 150 mdd en 2015; Barclays apuesta a que llegarán a 200 millones
para 2016.
La pregunta recurrente es si Rad se mantendrá
en Tinder el tiempo suficiente para ver el 2016. El hombre que en Filadelfia
estaba debatiendo si debería renunciar ahora parece decidido a permanecer en la
empresa, diciendo que hará lo que considere que es mejor para Tinder. Con una
participación de 10% en un producto que ya tiene un valor de diez dígitos, sin
duda tiene incentivos para seguir en ella. “Yo podría ser ingenuo al decir esto,
pero el alma de una empresa de consumo es el producto. Si retiras el liderazgo
del producto, la compañía se muere”, augura Rad.
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