La escritura como elemento de liderazgo
Forbes - miércoles, 7 de enero de 2015
La escritura en el universo empresarial es un
arma de doble filo: puede llevar a un hombre de negocios a ganar terreno o a
despeñarse.
Cuando investigamos las características que
definen a un líder efectivo, nos topamos con diferentes listas que incluyen
tantos conceptos que nos podemos perder en un mar de ideas. Se indica la
capacidad analítica, responsabilidad, empatía, carisma, inteligencia emocional,
adaptación, innovación, manejo de tiempo y, dependiendo del autor, habrá más o
menos menciones sobre el tema. Sin embargo, la principal característica de un
líder es su capacidad de comunicarse.
Un líder es un individuo que entiende la
importancia de entregar y recibir mensajes ya que una de sus principales tareas
es expresar claramente ideas e instrucciones, y lograr que la gente las reciba
y las comprenda. Por lo tanto, una persona que se tropieza con las palabras,
que desestima las posibilidades de una escritura adecuada, y que piensa que la
gramática, la sintaxis y la redacción son lujos pretensiosos, puede estar
cometiendo un grave error. Es peor cuando las considera irrelevantes.
La forma en que nos comunicamos determina, en
muchos sentidos, el éxito o fracaso de nuestra gestión. El lenguaje es el medio
por el cual daremos a conocer qué queremos, cuándo, cómo y con cuánto contamos
para lograrlo. Con él se delinean objetivos, se fijan metas y se trazan planes.
Además, la manera en la que escribimos revela señas de identidad que pueden
trabajar a nuestro favor si lo hacemos en forma adecuada, o se puede convertir
en un enemigo si no sabemos manejarla. El vocabulario que empleamos dejar ver
si conocemos del tema o no; los mensajes escritos nos hacen evidente el grado
de seriedad y de profesionalismo de una persona.
La escritura es una habilidad que un líder debe
dominar para tener éxito. Enfático, el profesor Bryan A. Garner, de la
Universidad de Harvard, sostiene que una persona que no escribe adecuadamente
pierde tiempo, dinero e influencia. Asegura que el mundo de los negocios
depende, en gran medida, de la forma en que somos capaces de entregar una idea
y ser efectivos para convencer de sus bondades. Un documento mal redactado
puede decirle al lector algo diferente de lo que quería expresar quien
escribió. Una carta de intención con faltas de ortografía puede llevar a que
una excelente idea sea desechada sin haber sido evaluada y una presentación mal
estructurada puede hacer que se pierda el interés antes de tiempo.
La escritura en el universo empresarial es un
arma de doble filo: puede llevar a un individuo a ganar terreno o a despeñarse.
Un correo electrónico pulcro, un memorándum claro o una propuesta convincente
se constituyen como un instrumento que juega a favor de quien lo escribe.
Contar una historia deshilvanada en forma oral puede no ser tan grave como
hacerlo por medio de la palabra escrita. La oralidad cuenta con las
herramientas de la voz, es decir, la modulación, la entonación y la
acentuación. Los escritos, no.
La palabra escrita tiene sus instrumentos
particulares: la sintaxis, la ortografía y la gramática. En la actualidad
estamos viviendo una época en que las comunicaciones electrónicas utilizan la
escritura como medio de comunicación humana. El poder de la palabra crece, en
la medida en que la voz pierde terreno.
Además, la palabra escrita es un testimonio
potente de lo que somos. La esencia de nuestra identidad queda disuelta entre
letras que, al ser leídas y releídas, ya sea por nosotros mismos, por nuestros
seres queridos, por nuestros colegas, jefes o subordinados, y, más aún, por
quienes no conocemos, descubrirán lo que se quiso revelar y darán más datos de
lo que somos y aspiramos a ser.
Para el profesor Garner, la escritura es un
rasgo que debe formar parte de la lista de requisitos para un liderazgo
efectivo, pues quien sabe escribir adecuadamente está asegurándose de mandar un
mensaje claro de lo que en concreto quiso decir.
Eso es relevante, ya que un líder quiere
comunicarse de forma adecuada con sus socios, colegas, colaboradores, partes
relacionadas, clientes y proveedores. Los beneficios que obtiene una persona
que sabe expresar ideas por escrito es que generan credibilidad y respeto al
poner en palabras las ideas que habitan su mente.
Así como el que hace una presentación debe
cuidar de no aburrir a su audiencia, para quien escribe es preciso mantener el
interés del lector. Para ello la escritura debe ser ágil, sencilla y de fácil
comprensión. Las palabras rimbombantes y el lenguaje afectado son un obstáculo;
lo menos que se busca es tener al lector consultando el diccionario para
entender lo que se quiso decir. Aunque también es cierto que un vocabulario
excesivamente coloquial le resta seriedad al mensaje.
“Aquel que domine el lenguaje y haga obedecer a
las palabras se le abrirán las puertas. Crecerá a niveles más allá de la
estatura normal”, dice Josefina Vicens en El libro vacío. Cuando las letras
ocupan un lugar en el orden de las ideas, y ese espacio encuentra una
equivalencia entre quien lo escribió y quien lo leyó, estamos en presencia de
un milagro de comunicación. Si al escribir logramos encender la misma idea en
varias mentes al mismo tiempo estamos alcanzando la proeza de la transmisión
adecuada de un mensaje.
Por desgracia, el factor común hoy en día es
encontrarnos con gente que no sabe hacer uso de esta potente herramienta. Que
la desestima. La imagen que proyecta un director general con mala ortografía o
de un presidente de consejo que no sabe redactar se desploma vertiginosamente.
Se pierde el interés de los lectores, se confunde a quien toma en sus manos un
texto mal planteado y se aburre con documentos rellenos de paja que debieran
ser relevantes.
La escritura es un tema que hay que abordar con
seriedad. En el ámbito más formal de los negocios, la palabra escrita sigue
siendo la regla imperante. Las licitaciones, negociaciones, las referencias
legales, las exposiciones de motivos se enmarcan en el área de la escritura.
Por ello es sumamente relevante comprender la importancia de entregar y recibir
mensajes, expresar claramente ideas e instrucciones, y lograr que la gente las
reciba y las entienda. Escribir es un elemento que debe estar en los primeros
de la lista de liderazgo.
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