
Psicólogo Franz Rivera Mansilla
Ha sucedido que te pusiste de acuerdo con amigos para hacer deporte, con la idea de pasarla bien, despejar la mente, divertirte, disfrutar un rato; pero todo fue diferente, cuando en el juego encontraste alguien dedicado a gritar, comentar el juego durante y dentro del mismo, especialista en criticar, insultar e incluso dispuesto a pelear… y peor si se juega a apuestas o se pierde.
¿Por qué estas personas son “desagradables”? Será, porque si vas hacer deporte para divertirse; deja de serlo cuando hay quien siempre crítica en voz alta, como dueño de la verdad; piensa que está en la final de algún torneo importante. Si le haces ver el error que comete e incomoda a todos, ellos no lo reconocen, pues justifican su actuar con: “¡no me gusta perder!” Nunca animan, solo critican. Al parecer son especialistas en ver los errores y defectos de los demás y son incapaces de ver los propios, pasándolos por alto (características del mal perdedor)
¿Qué más se esconde detrás? Quizá sea la inconformidad consigo mismo, trasladado a los demás; se camufla un sutil complejo de superioridad, sustentado en la falsa creencia que todos deben escucharle y obedecerle. Son competitivos, pero intolerantes a la frustración. Muchos son así, pero no se dan cuenta de la incomodidad que generan y si se dan cuenta, no les importa cambiar (soberbia).
¿Qué hacer? Hacerle ver lo incomodo que es jugar a su lado, pues siempre esta criticando y presionando el juego que es para divertirse. Hacerle ver sus propios errores en el momento que los comete, y la actitud de sus compañeros diferente a la de él. De no funcionar lo anterior, probar con una actitud parecida a la de él, “darle de su propia medicina”. La otra alternativa, será marginarlo, haciéndole ver la razón. El cambio no es rápido, pero se dará siempre que se desee. Si no cambia y se empecina en su actitud; emplea el argumento infalible: jugar con ellos, siendo indiferentes a su actitud.
Si eres “un mal perdedor”, ¡cambia!, si no serás presa de conflictos en el juego y peor aún, víctima de la indiferencia de los demás. La derrota ayuda a reconocer nuestros errores y así tener más empeño para conseguir triunfos futuros (SDP).
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