Por qué estamos abandonando el correo
electrónico
TLife - sábado, 6 de junio de 2015
El diario The New York Times descubrió hace
poco, a cuenta del escándalo de los correos electrónicos de Hillary Clinton,
que muchos senadores de EE UU no usaban jamás el correo electrónico. Y seguían
vivos. Su trabajo parecía no resentirse. Algunos quisieron ver un signo de
señorío y distinción, en tanto que se deducía que tenían tantos asistentes que
alguien los abría por ellos, y les contaba lo que fuese necesario. Pero no
parecía ser el caso, y confesaban resolver muchas cuestiones con llamadas.
Lo cierto es que es una tendencia galopante en
las empresas: limitar el uso del correo electrónico. El gran detonante ha sido,
curiosamente, un experimento personal de una empresaria irlandesa, Clare Burge,
quien decidió prescindir totalmente del correo electrónico tras volver de
vacaciones y encontrarse 10.000 mensajes en la bandeja. En vez de leerlos y
contestarlos, decidió poner unas líneas de respuesta automática indicando que
se le llamase por teléfono. La empresaria midió su propia productividad con la
aplicación online gratuita Rescue Time, y descubrió que, cuando usaba el correo
electrónico, solamente era productiva el 23% de su tiempo.
Un ordenador de nueve dólares, enano y que
funciona como el tuyo
A la vez, empresas como Ferrari comenzaron a
limitar el número de correos electrónicos que sus empleados podían mandar
(“Menos correos electrónicos y más diálogo con tus compañeros”, rezaba su
comunicado a los empleados y a la Prensa). Y varias compañías de la industria
automovilística alemana están adoptando la misma medida. A la tendencia se han
sumado ya la teleco French IT (con 80.000 empleados) o la inmobiliaria
británica Halton Housing Trust. En algunos casos se establecen horarios de
consulta del buzón o se marcan cupos máximos de emails que se pueden enviar.
Salud y productividad
El motivo es de productividad y concentración:
uno, porque las continuas consultas al buzón, la lectura y la respuesta
descentran al empleado de su labor –los estudios calculan que tardamos unos 60
segundos en volver a concentrarnos en nuestra tarea anterior–.
El volumen de correo sin contestar produce
estrés y frustración.
Y dos, porque el correo electrónico no es siempre
la mejor manera de solucionar un problema o tomar una decisión colectiva. El
alcance a los destinatarios no es efectivo porque no siempre contestan o no
leen todas las respuestas de los demás, con lo cual hay interferencias que
entorpecen o atascan el proceso.
En cuato al estrés –que afecta a la salud pero
también a la productividad– una investigación de 2013 realizada por la
Loughborough University inglesa detectó que al 83% de los empleados públicos
les aumentaba el ritmo cardíaco al recibir o enviar un email. Y que entre el 12
y el 15% de ellos presentaban síntomas de adicción al correo –y respondían a
los mensajes en menos de 6 segundos–. Por su parte, en 2012, la Universidad de
California dejó sin correo electrónico a trece trabajadores del ejército y
comparó su ritmo cardíaco con el de sus compañeros (que continuaban usando sus
buzones); descubrió que sus pulsaciones eran claramente menores, y que su
índice de concentración en una sola labor era también mucho más alta.
Los jóvenes casi no lo usan
Además, la mensajería instantánea (WhatsApp a
Snapchat o Instagram) está supliendo esta herramienta, hasta el punto de que
estas herramientas de comunicación superaron en uso al correo en España en
2014. Y especialmente los más jóvenes están dejando de consultar sus cuentas
hasta el punto de que solamente el 11% hace un uso habitual, según un estudio
de Facebook. Sheryl Sandberg, responsable de operaciones de la red social, ya
comenzó a vaticinar el fin del email en 2010, aunque sin atreverse a ponerle
fecha.
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