Grandes almacenes, una historia de reinvención
permanente
Forbes - martes, 6 de enero de 2015
Además de digitalizarse, los grandes almacenes
luchan por revitalizar y elevar la experiencia de compra, aportando un valor
diferencial para el cliente.
Los grandes almacenes vivieron su primer
esplendor en el siglo XX. En el centro de las ciudades eran el lugar donde el
consumo se convirtió en un entretenimiento, el entorno donde se reunía lo mejor
bajo el mismo techo y el precedente del centro comercial. En EU, Bloomindales
vivió sus años de gloria bajo el liderazgo de Marvin Traub, quien reinventó lo
que un gran almacén ofrecía a sus clientes. Dicen que durante la visita de la
reina Isabel II a Nueva York, en 1976, cambiaron el sentido del tráfico de Lexinton
Avenue, donde se encuentra el mítico almacén, para que su automóvil pudiera
parar en la entrada principal.
Hasta los años setenta y ochenta, los grandes
almacenes vendían todas las categorías de producto que uno puede imaginar.
Perdieron libros, música y muebles cuando no pudieron competir con los
especialistas. Entonces se refugiaron en la moda, un producto que al cliente le
gusta ver y tocar. Seleccionaban, compraban y vendían internamente, y el reto
era la gestión de los stocks. Más tarde, cuando los grandes almacenes
decidieron alquilar su espacio y su tráfico a las marcas de moda, el nuevo reto
pasó a ser la maximización de la rentabilidad del metro cuadrado. Las enseñas
del lujo y las marcas de moda vieron en esta nueva forma de trabajar con los
grandes almacenes una ventaja. Les permitía gestionar sus stocks, decorar sus
espacios y tener su propio personal.
En Japón, Takashimaya o Mitsukoshi, los
almacenes más poderosos y con larga historia de Japón, comenzaron este camino
de la mano de Louis Vuitton y de otras marcas europeas en los ochenta. En EU,
Neiman Marcus y Saks se han convertido también en los grandes aliados de las
marcas de lujo. Sus compradores, que cuentan con ojeadores por el mundo,
seleccionan cada temporada los mejores productos y asumen como propia la
responsabilidad de descubrir a sus clientes lo más innovador, además de
identificar lo que puede convertirse de marginal en mainstream.
Este fenómeno se replica con algunas
diferencias en otros países. En España, el Corte Inglés, fundado en 1934, es el
lugar de referencia para comprar por españoles y turistas. Allí, uno lo
encuentra todo: un producto de lujo, un viaje o un seguro. Cartier fue el
primero al abrir el gran corner en el centro de Castellana. Después todas las
demás: Hermès, Gucci, LV, Dior, Loewe, Ferragamo, Tods, Prada o Jimmy Choo
cuentan con espacio propio. En joyería, Cartier y Bvlgari dominan junto a
jugadores locales como Suarez, Tous o Aristocrazy.
Si estas cadenas con varias tiendas resisten
los envites de la integración vertical y sobreviven, es más frecuente encontrar
el gran almacén en el que una sola tienda es el buque insignia y toda la flota.
Harrods y Selfridges en Londres, Bergdorf Goodman en Nueva York, La Rinascente
en Milán, KaDeWe en Berlín, Le Bon Marche, Printemps y Galeries Lafayette en
París son, además de lugares de compra, iconos de las ciudades donde se
encuentran. En esta época navideña, sus escaparates y decoraciones los hacen un
destino de referencia.
Internet y lo digital se ha convertido en el
gran aliado de los grandes almacenes, que viven una nueva era y se reinventan.
La venta online permite, además de conveniencia para sus clientes, vender lo
que todavía no se ha comprado. La venta online es también un maravilloso
instrumento de predicción que anticipa los best sellers de la temporada.
Nordstrom fue uno de los primeros en entender las ventajas del online. No
sorprende que esta cadena de grandes almacenes haya decidido establecer
alianzas con negocios digitales como Bonobos.
Además de digitalizarse, los grandes almacenes
luchan por renovar, revitalizar y elevar la experiencia de compra, aportando un
valor diferencial para el cliente. Destacan los ejemplos como el de Holt
Renfrew en Canadá y Selfridges, ambos de la familia Weston. En Lane Crawford,
el paseo por cualquiera de sus tiendas es equivalente a hojear una revista de
moda. En Barneys la experiencia está en descubrir productos únicos que no se
pueden encontrar en otro lugar.
En México, El Palacio de Hierro ha elegido ser
el campeón de la moda. Ya está en la etapa de iniciar su camino digital y de
transformar la compra en una experiencia. ¿La habrás vivido estas fiestas?
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