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jueves, 20 de abril de 2017

trabajo

 La emoción de sentirse bien en el trabajo




FORBES- 21 de abril de 2017
Alta Dirección debe permear el bienestar de las personas en todas sus dimensiones, haciendo énfasis en el aspecto emocional, muchas veces olvidado en las estrategias de wellness.

¿A quién le gusta la idea de llegar a su lugar de trabajo y sentirse bien? Y esto no tiene que ver con sentimientos intensos y desbordados llegando a la oficina bailando, en una escena tipo Singing in the rain. El hecho de sentirnos simplemente bien, relajados, donde podamos tener la tranquilidad de ser nosotros mismos, es algo que todos, en algún momento deseamos.

Es real que la mayoría de las personas tenemos demasiados asuntos por atender en nuestras vidas y esto muchas veces nos hace sentir preocupación, donde se conjugan variedad de factores como la situación económica, los hijos, la pareja, las redes sociales, las actividades del hogar e incluso hasta las mascotas que terminan sumando una piedra más al saquito del estrés.

Y, la cereza en el pastel: el trabajo representa para muchos una de las presiones más fuertes en sus vidas, lo que hace que el llegar al lugar de trabajo y pasar ocho (o más) horas laborando sea un suplicio y se distorsione en estrés, convirtiéndose entonces en un verdadero riesgo para su salud física y emocional.

Más allá de la aplicación de la ergonomía y el cuidado de la salud física dentro de las organizaciones (aspecto que ha sido ya adoptado por un sinnúmero de organizaciones), el “sentirse bien emocionalmente” es un ámbito que todavía falta por permearse; sobre todo por muchos líderes que consideran que el trabajo es para trabajar, y no es un club social. Es más, me imagino que muchos líderes pueden estar pensando en estos momentos: “¡Ahora resulta que tengo que ser responsable por que la gente se sienta bien, feliz y sin estrés!”.

Antes de descartar el tema, hay que considerarlo desde una perspectiva holística: Persona-Organización. No se trata de ser responsable por los sentimientos del otro, sino el tener un interés por el talento de la organización (personas), desde un punto de vista holístico e integral.



Emociones en paquete

Es cierto que las emociones y los seres humanos vienen en paquete. Las emociones, “como una serie de estados fisiológicos asociados a una experiencia psíquica determinada, cuyo significado biológico es el de modular el comportamiento”, se convierten entonces en una onda expansiva cuyos impactos se permean en todos los aspectos de una persona, incluyendo el laboral.

Es un aspecto sumamente importante dentro de las dimensiones bio-psico-sociales del ser humano en los lugares de trabajo, en específico de la parte psicológica. Estas, en conjunto, crean el “capital emocional” de la organización, englobando las emociones, percepciones, sentimientos y creencias de las personas, que inevitablemente impactan en los resultados de las organizaciones.

Cuando estas interpretaciones de las experiencias cotidianas se tornan en emociones desagradables, se cae en el riesgo de que las circunstancias rebasen la capacidad adaptativa de la gente ante las diferentes situaciones que pueda experimentar, trayendo consecuencias verdaderamente graves que hoy en día ya representan focos rojos en materia de salud física y mental.

El desequilibrio entre las exigencias y las presiones dentro del lugar de trabajo (a lo que se denomina estrés) lo que resulta en un deterioro de la salud mental, ha tenido un gran impacto en México y en el mundo.

Por ejemplo, en nuestro país, se estima que 40% de los trabajadores viven bajo altos niveles de estrés. Incluso, un trabajador puede llegar a faltar hasta 25 días al año por depresión, nueve por ansiedad generalizada y 20 por ataques de pánico, entre otros trastornos. Otro indicador alarmante es el aumento registrado en la prevalencia de trastornos mentales diagnosticados secundarios a la actividad laboral en la población trabajadora que, desde 2007 a 2014 aumentó 7.3 veces.

En el mundo, por ejemplo, se estima que cada año 200,000 personas mueren por cáncer relacionado al trabajo. Algunos ejemplos puntuales reflejan sus consecuencias: En Reino Unido, casi tres de cada 10 empleados sufren anualmente problemas de salud mental, siendo de los más comunes las enfermedades relacionadas al estrés, en Finlandia, más del 50% de los trabajadores sufre algún tipo de síntomas relacionados con el estrés, y en Estados Unidos se estima que llega a afectar cada año a una décima parte de la población en edad de trabajar, llegando a representar pérdidas de 200 millones de días de trabajo anuales .

Tal es el impacto del desequilibrio emocional en el trabajo que los trastornos mentales y relacionados con el estrés están incluidos en las listas nacionales de enfermedades profesionales de algunos países miembros de la Unión Europea, Latinoamérica, Asia y Pacífico.



Influencias negativas

Más allá de las consecuencias a nivel personal o a nivel de países, es importante identificar en qué parte de las relaciones internas, la cultura, y condiciones de trabajo existen riesgos que puedan tener influencia negativa en la salud, rendimiento, satisfacción y bienestar en las organizaciones. Es decir, identificar los riesgos psicosociales que acontecen en el trabajo.

En este punto ya podemos darnos cuenta de lo importante que es tomar este tema como líderes y actuar, para evitar que las personas (o incluso nosotros mismos, si es que somos parte de las estadísticas), caigamos en situaciones de estrés cuyas consecuencias lleguen tan lejos que sea difícil revertirlas.

El atenderlos y generar acciones orientadas a cuidar aspectos como medio ambiente, estructura interna, organización del trabajo, estilos de mando, comunicación, relaciones laborales, condiciones de empleo y carga mental (entre otras), pueden contribuir al bienestar emocional de las personas y propiciar una experiencia enriquecedora donde puedan permitirse liberar su potencial y desarrollarse plenamente.

Comenzar a revisar el tema dentro de las organizaciones puede ser tan complejo y ambicioso como se quiera. Todo parte de la firme convicción de la Alta Dirección por permear el bienestar de las personas en todas sus dimensiones, haciendo énfasis en el aspecto emocional, muchas veces olvidado en las estrategias de wellness.

Existen estrategias sumamente creativas que hoy en día excelentes lugares de trabajo en México llevan a cabo, considerando al ser humano como un todo. Entre las más exitosas destacan aquellas donde, bajo una estrategia integral “paraguas” se incluyen diferentes programas y prácticas vinculados entre sí.

Tal es el caso de una empresa del sector financiero donde se incluyen prácticas y programas vinculados bajo un Modelo en específico considerando la dimensión física, espiritual, intelectual, social-familiar y personal; entre los que se incluyen iniciativas de salud, maternidad y paternidad, desarrollo de habilidades, actividades recreativas y familiares, entre otras.

Una organización perteneciente al sector de cuidado de la salud lleva a cabo de manera específica diagnósticos de inteligencia emocional, además proporciona talleres y conferencias como recursos que ayuden a tomar consciencia en los colaboradores. Otra práctica similar es la de una empresa del sector automotriz denominada “Reconocimiento de emociones”, con la cual cada colaborador puede identificar su estado emocional al llegar al trabajo y obtener una recomendación que le ayude a gestionar adecuadamente su sentir.



Mejora continua

Asimismo, todas las iniciativas de mejora continua para eficiencia y reingeniería de procesos, optimización de la comunicación interna de dos vías, fortalecimiento de habilidades de liderazgo, esquemas flexibles de trabajo e iniciativas que promuevan el salario emocional; todas suman a fomentar el bienestar emocional en el trabajo.

Nos encontramos entonces ante el gran reto y la gran responsabilidad que conlleva el ser líder en una organización. El ver a la persona como un número de empleado ya no es sostenible con la realidad que viven nuestros colaboradores, es necesario rotar nuestra visión y observar que el “capital emocional”, tal como sucedió con el “capital intelectual” en su momento, representa ya uno de los activos más importantes para las organizaciones.


Realmente es emocionante sentirse bien en el trabajo. Lo he vivido en carne propia y además de ser un motor, es un multiplicador de beneficios y satisfacciones. ¿Te sumas a la idea de replicarlo en tu organización?

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