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viernes, 21 de octubre de 2016

futuro

Así será el empleo del futuro


Emprendedores -   octubre de 2016
Los datos de los numerosos estudios que diferentes organismos han hecho en los últimos años en torno a cómo será el mercado laboral del futuro (de aquí a 2020) son demoledores, terroríficos, críticos o como queramos ser de pesimistas: más de siete millones de puestos serán sustituidos por máquinas; el 47% de los empleos actuales serán automatizados; más de 700 actividades laborales tienen altos niveles de riesgo de ser automatizadas...
Frente a esto hay dos opciones. Una es imitar a los luditas –movimiento social de principios del siglo XIX iniciado por artesanos que destruían los telares mecanizados, surgidos durante la Revolución Industrial en Reino Unido, porque reemplazaban a los trabajadores menos cualificados–. Y la otra –más razonable y lógica– es prepararnos para adaptarnos cuanto antes a los cambios que la tecnología va a generar –ya está sucediendo– en la forma en la que se relacionarán organizaciones y profesionales.

Tareas obsoletas
“Estamos en una fase de experimentación real sobre muchos trabajos que ya se están quedando obsoletos porque se han desarrollado software o robots que los hacen. ¿Cuántos se quedarán obsoletos? No lo sabemos. Pero lo más sensato es pensar que esas perspectivas de futuro van a ser así”, apunta Raquel Roca, autora de Knowmads. Los trabajadores del futuro (LID Editorial Empresarial).

Hasta aquí la parte pesimista. Como sostiene Clàudia Canals, del departamento de macroeconomía del área de planificación estratégica y estudios de CaixaBank, en el informe 'Las nuevas tecnologías y el mercado laboral', “aquellos que temen que las máquinas puedan reemplazarles en el trabajo se basan en el llamado ‘efecto sustitución’. Porque la automatización fue, es y será un claro sustituto de numerosos puestos, lo que comporta la destrucción de empleo en ciertos sectores y ocupaciones”. Pero también existe el ‘efecto complementariedad’. “Hay puestos de trabajo –apunta Canals– en los que la automatización complementa al trabajador. En estos casos, las máquinas incrementan la productividad de los trabajadores, lo que repercute también en un aumento de su remuneración”.
No está todo perdido
En esa misma visión optimista, Adrià Morron, también del área de estudios de CaixaBank, recuerda en el citado informe que, aunque existe la amenaza real de la automatización tanto de tareas repetitivas como no repetitivas –debido a mejoras en las capacidades sensoriales y de procesamiento, así como al desarrollo del big data y de la inteligencia artificial–, “la tecnología todavía no será capaz de desempeñar, en las próximas dos décadas, tareas relacionadas con la percepción y manipulación en entornos desordenados, inteligencia creativa (hacer una broma) e inteligencia emocional”.
En ese sentido, Morron reconoce que “la tecnología ya es capaz de automatizar profesiones cualificadas (como contables, analistas financieros y economistas), mientras que aquellas en las que la interacción humana y la creatividad tienen más importancia (médicos de familia y músicos, por ejemplo) son las que están más protegidas. Por ejemplo, científicos (creatividad) y gerentes (interacción social) tienen poco riesgo, mientras que los administrativos están en el grupo de alto riesgo”.
Hacia la creatividad

No obstante, este experto advierte que no hay que confundir el potencial de robotización de la economía con la desaparición de los empleos. “La tecnología destruye profesiones, pero no la posibilidad de trabajar. La automatización de las profesiones que conocemos hoy ofrece la posibilidad de reorientar la naturaleza del trabajo, liberando a los trabajado- res para que puedan dedicarse a nuevas actividades en las que desarrollen todo su potencial. La mayoría de los trabajadores dedican gran parte de su tiempo a tareas en las que desaprovechan su ventaja comparativa respecto al robot (la creatividad), por lo que existe un gran potencial para crear nuevas profesiones si las instituciones y los individuos aprovechan la ocasión”. Y subraya Adrià Morron que “los robots tienen una gran capacidad lógica y de gestión del big data, pero la inspiración, la intuición y la creatividad quedan lejos de su alcance”.
Roca refuerza también esta idea: “Las nuevas tecnologías siempre han creado más puestos de trabajo de los que han destruido o sustituido. Ahora hay más tipologías de trabajo de las que había hace 40, 50 o 100 años. Es importante tenerlo en cuenta para que la gente no se asuste”. Entonces, ¿dónde está el problema? “Todavía hay mucha gente que trabaja en la manufactura, en la industria, en esos trabajos repetitivos manuales. Esas personas están en un gran riesgo de quedar fuera del sistema profesional. Y si no se les dan las herramientas para que se trasladen hacia el trabajo del conocimiento y para que se conviertan en profesionales digitales, lógicamente, las abocaremos a la extinción o al extrarradio laboral”, dice Roca.
Las soluciones pasan por un cambio de chip no sólo por parte de los profesionales sino también de las propias organizaciones  hacia esa adaptación evolutiva. “Hay muchos mandos intermedios que no están capacitados para gestionar esas situaciones. De hecho, la vieja escuela se tiene que adaptar a esta nueva forma de trabajar o morirá. Porque toda la gente nueva que está entrando en las organizaciones ya viene con ese chip. Nunca tendremos una empresa digital si no somos capaces de embarcar a esos mandos intermedios en ese proceso. Y ellos se van a resistir todo lo que puedan. Si el valor presente neto de resistirse es mayor que el valor presente neto de cambiar, pues no van a cambiar”, argumenta Nacho de Pinedo, CEO del ISDI (www.isdi.education).

Según este experto, “es más fácil crear algo nuevo que cambiar algo que ya existe. Por ejemplo, en una empresa que nace con todos sus integrantes millennials es más fácil. Lo complicado es cuando en ella conviven varias generaciones y tienes que trabajar con dos velocidades”. Y un millennial, cuando entra en una empresa –a diferencia de lo que quería una persona de la Generación X–, “lo primero que pone encima de la mesa es flexibilidad laboral, porque a lo mejor un día no quiere ir a trabajar, pero no le importa hacerlo, por ejemplo, un domingo o de madrugada. O a lo mejor es más importante el aprendizaje que el sueldo. O está dispuesto a variar su salario en función de su rendimiento o desempeño. Ahí cambian por completo las relaciones laborales, porque no se puede dar café para todos. Estamos en un entorno en el que cada vez se está pidiendo más autonomía y capacidad de tomar decisiones por uno mismo”, resalta De Pinedo.
“No tiene sentido –subraya Raquel Roca– que estemos viviendo en una sociedad líquida (movible, rápida y cambiante) y lancemos empresas con mentalidades del siglo pasado, sistémicas, cerradas, opacas, burocráticas e hiperjerárquicas. Si queremos que las empresas tradicionales sobrevivan y puedan competir con todas esas nuevas startups (que son rápidas, ágiles y transparentes), debemos reconvertirlas también en ágiles. Y una forma de conseguirlo es rompiendo esas jerarquías. Pero no eliminando esos puestos sino con la idea de que si las jerarquías acaban siendo menos jerarquizadas evitaremos la burocracia y el embudo final en la toma de decisiones, por lo que seremos más rápidos y tendremos más posibilidades de reaccionar antes las exigencias de los clientes, que ya están demandando”.
Organizaciones flexibles y transparentes
La empresa del futuro debe ser flexible, “se tiene que adaptar a los cambios. Tiene que ser transparente, es decir, tiene que contar todo de todo, porque deben tratar tanto a los profesionales internos como a los colaboradores externos como adultos, y a los adultos hay que contarles y explicarles las cosas, no ocultarles información como si fueran niños. También tienen que ser innovadoras y para conseguirlo hay que fomentar la creatividad dentro de la empresa. Y para formentarla hay que escuchar a todos los stakeholders que pueden ayudarnos a potenciar esa creatividad”, augura Roca.


" Nuevas relaciones contractuales
No descubrimos nada si afirmamos que los cambios normativos siempre van por detrás de los sociales. Y en el mundo laboral esa afirmación sigue siendo válida.
Como señala Luis Lombardero en Trabajar en la era digital (LID Editorial Empresarial), con el avance de la economía digital, “se generalizará el trabajo mercantilizado. Es una nueva opción devenida o buscada de los trabajadores del conocimiento que asumen un nuevo rol, que pasa por cambiar la nómina por la factura como modo de ingreso por producir una determinada cantidad de trabajo, que no tiene por qué ser a tiempo completo ni para un mismo empleador”.
Todos ganan
Lombardero sostiene que los colaboradores mercantilizados adquirirán una nueva conciencia de su situación como entidad mercantil. “Se sustituirá el todos somos empresa, es decir, si le va bien a la empresa, me va bien a mí, por algo más complejo: soy mi propia sociedad y si le va bien al ecosistema con el que coopero, me irá bien a mí, pero también puedo cooperar en otros ecosistemas. Cada colaborador es quien tiene que asumir la responsabilidad de proveerse de sus competencias para mantener su competitividad”. Para Lombardero, el reto estará en “cómo gestionar las relaciones discontinuas con los colaboradores mercantilizados sin contrato para disponer de sus servicios en la medida necesaria”.
Raquel Roca, autora de Knowmads (LID Editorial), subraya que la realidad laboral se está transformando rápidamente, mientras que la legislación va a paso de tortuga. Será necesaria la aparición de nuevos contratos que se adapten a esta realidad y que no supongan un abuso para nadie”. Iñaki Ortega, director de Deusto Business School en Madrid (www.dbs.deusto.es), pronostica que “trabajaremos por proyectos más que para empresas. Eso es gig economic, y que se puede traducir como ‘trabajo no estable’. En EE UU, cerca de la mitad de la masa laboral es autónoma o freelance”.
" Nuevas (o ya no tan nuevas) profesiones del futuro

El informe del foro económico Mundial señala que la digitalización de la industria generará más de dos millones de nuevas ocupaciones –muchas, aún no se han diseñado– relacionadas con la informática, las matemáticas y la ingeniería. Como advierte Nacho de Pinedo, CEO del ISDI (www.isdi.education), “es necesario tener conocimientos de diferentes áreas como marketing digital, tecnología, contenido, diseño y experiencia de usuario, redes sociales, publicidad digital, buscadores, mobile, ecommerce, métricas, gestión de CRM o big data”.
De Pinedo destaca puestos como affiliate marketing manager, chief data officer, chief experience officer, data analytics, ecommerce manager, growth hacker, paid media manager, search engine marketing o service design strategist, entre otros.

Raquel Roca, autora de Knowmads. Los trabajadres del futuro(lid editorial), recopila profesiones más ‘terrenales’: operador de vehículo autónomo, agricultor chef, enfermero medioambiental, tecnólogo financiero, arqueólogo digital, conserje de oficina virtual, nanomédico, agregador de talento, psicólogo de plantas...