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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Inteligencia artificial

 ¿Gato por liebre? Inteligencia artificial en los negocios



FORBES – 9 de noviembre de 2017
Es tiempo de reflexionar cómo están impactando los avances tecnológicos a la forma en que hacemos negocios.

Llegó el futuro que nuestros abuelos no podrían haber imaginado. La ciencia ficción deja de ser un tema fantástico y la posibilidad de convivir con máquinas y robots hoy es real. Están quedando atrás los años de promesas extravagantes y desilusiones garrafales que las máquinas nos hacían padecer. Hoy las compañías empiezan a cosechar beneficios de adoptar y adaptar avances tecnológicos que implican inteligencia artificial. Las aplicaciones son cada día más comunes en la cotidianidad de empresas que nos son accesibles. Seguramente, la marca que te llega a la mente en este momento ya usó un robot. El término deja de ser exclusivo para los laboratorios o para las agencias de inteligencia. La robotización es real. La ficción salta de las pantallas y llega a nosotros con más rapidez de la que nos gustaría confesar.

La convergencia de adelantos está impulsando esta nueva ola de desarrollo de inteligencia artificial. La eficacia de la computadora está creciendo, los algoritmos y los modelos de inteligencia artificial se están volviendo más sofisticados y, posiblemente, lo más importante de todo sea que el mundo está generando volúmenes de información que alguna vez fueron inimaginables y que alimentan los datos de la Inteligencia Artificial. Miles de millones de gigabytes por día, recolectados por dispositivos en red que van desde navegadores web hasta sensores de turbinas. Hay tecnología que encuentra rutas autónomas para solucionar problemas. Incluso, tienen maneras de innovar y de ser creativas.

Para dimensionar el tema es necesario tener parámetros. Los números son aliados magníficos. Según McKinsey, la actividad emprendedora desatada por estos desarrollos atrajo tres veces más inversión en 2016 entre 26 mil millones y 39 mil millones de dólares con respecto a los tres años anteriores. Hay interés en este segmento y mayor número de inversionistas apuestan a este rubro con mejores certezas. La mayor parte de la inversión en Inteligencia Artificial consiste en el gasto interno en Investigación y Desarrollo realizado por las grandes empresas, de por sí nativas digitales, y ricas en efectivo, como Amazon, Baidu y Google.

Las cifras impactan en términos del crecimiento que han logrado en tan corto período. A primera vista, parece que todo es miel sobre hojuelas. Sin embargo, la evidencia preliminar sugiere que hay un proceso de reflexión en el caso de estos negocios que se debe hacer. La Inteligencia Artificial puede ofrecer un valor real a las empresas que desean usarla en todas las operaciones y dentro de sus funciones básicas, pero antes de correr hay que aprender a caminar. En la encuesta hecha por McKinsey al respecto se ven los siguientes resultados:

 
Los primeros en adoptar y arropar Inteligencia Artificial con éxito tienen un método: combinan una capacidad digital sólida con estrategias proactivas que se traducen en mayores márgenes de ganancia y esperan que la brecha de desempeño con se amplíe en los próximos tres años.
Este patrón de adopción está ampliando la brecha entre los primeros adoptantes digitalizados y otros. Los sectores en la parte superior del Índice de Digitalización son empresas de alta tecnología, telecomunicaciones o servicios financieros. Son líderes en la adopción de Inteligencia Artificial y tienen planes de inversión de en el tema muy ambiciosos.
Estos líderes usan múltiples tecnologías en múltiples funciones o implementan Inteligencia Artificial en el núcleo de su negocio. Los fabricantes de automóviles, por ejemplo, la usan para mejorar sus operaciones, así como desarrollar vehículos autónomos, mientras que las compañías de servicios financieros lo utilizan en funciones de experiencia del cliente. A medida que estas empresas amplíen la adopción y adquieran más datos, a los rezagados les resultará más difícil ponerse al día.
El riesgo que enfrentamos es que la brecha que se genera entre quienes están adoptando estos avances tecnológicos hagan que el mundo de los negocios se convierta en un club exclusivo al que sólo se pueda acceder por obra y gracia de capacidad de invertir. Así, los mercados ricos se afianzarán mientras que los que no lo son tenderán a desaparecer. En una especie de preservación natural de especies, los más aptos engullirán a los que se quedaron atrás.

La visión no debe ser catastrofista. Los empresarios deben de empezar a ponerse al día en temas de avances tecnológicos para entender los impactos que pueden traer a su quehacer y evaluar sus riesgos y debilidades. El avance no va a parar, así que, para no vernos ahogados por la ola progresista, es necesario ponernos a la vanguardia.

Los gobiernos también deben ponerse al día; es más, deben adelantarse a este cambio que ya es imparable, adoptando regulaciones para alentar la equidad sin inhibir la innovación. No podemos parar el cambio por decreto, pero sí lo debemos encausar. Hay que identificar proactivamente los trabajos que tienen más probabilidades de ser automatizados y asegurar que los programas de reentrenamiento estén disponibles para las personas cuyos medios de vida están en riesgo por la automatización impulsada por inteligencia artificial. Estas personas necesitan adquirir habilidades que funcionen con máquinas, no que compitan contra ellas.

No se trata de poner a competir humanos contra máquinas. Se trata de hacer que las tecnologías nos sirvan de herramienta para hacer más y mejor en menor tiempo. Se trata de rentabilizar la operación y de generar mejores condiciones de mercado que impulsen el consumo y ayuden a que los clientes tengan opciones que les resulten más convenientes. Por supuesto, la reflexión debe ir en este sentido.

¿Qué caso tiene robotizar toda la operación, si con ello voy a dejar a mis clientes potenciales sin ingresos? Entonces, estaríamos pateando a la gallina de los huevos de oro. Sin consumidores no hay negocio. Las personas tienen que tener capacidad de consumo que se genera a partir de una actividad productiva. Si les quitamos esta opción, matamos el propósito de cualquier empresa. Sin clientes no hay ventas. Así de sencillo.


La reflexión debe ir en el sentido de valorar los beneficios que la Inteligencia Artificial tiene, evaluarlos y sopesarlos para, en un momento determinado, no estar comprando gatos por liebres. Así de fácil: la mirada tiene que estar puesta en nuestros clientes y los beneficios que estos avances les pueden representar.

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