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jueves, 18 de febrero de 2016

pecados capitales

 Los siete nuevos pecados capitales (en el mundo tecnológico)


  FORBES -jueves, 18 de febrero de 2016  
En la entrega anterior, “Se acerca el ‘tsunami’ tecnológico”, hablamos de las tres primeras revoluciones industriales y de cuáles serían las diferencias con respecto a la que, se presume, ya tiene un pie en la antesala.

En dicho trabajo se resaltó un punto de concordancia, en el sentido de que en cada uno de estos episodios históricos se registró un cambio drástico en las fuentes de energía básicas, en el tipo de actividades industriales de mayor dinamismo, así como en los medios de comunicación para el desplazamiento de personas, productos e información.

Es evidente que los avances tecnológicos y su impacto han determinado el comienzo y el fin de cada uno de estos eventos, y ya sea con o sin consenso de por medio, los tres han sido asociados al término “progreso”, mientras que la Cuarta Revolución Industrial –que ya se asoma– viene aderezada con varios ingredientes distintivos, como el miedo, la preocupación, la incertidumbre y hasta la indiferencia.

¿A qué nos referimos con esto? El menú de conferencias en las dos más recientes ediciones del Foro Económico Mundial incluyó temáticas como: las perspectivas económicas, la equidad de género, la tecnología y la seguridad, el futuro de internet y las políticas monetarias (¡pan con lo mismo!), en tanto que la seguridad alimentaria, la lucha contra el terrorismo y los efectos del cambio climático dominaron la agenda, todo lo cual podría traducirse en “una ambivalencia entre la euforia y el Apocalipsis”, según la postura de Bernhard Debatin.

Este especialista asegura, además, que el acceso desigual a la información es una de las principales complicaciones éticas causadas por la tecnología: “El problema moral más serio es la exclusión de la inmensa mayoría de la humanidad, lo que sin duda está estimulando el surgimiento de una nueva clase: la de los ricos en información”, expresó en un seminario del Instituto Goethe de Montevideo hace más de década y media.

Y ya que hablamos de riqueza y moralidad, sería oportuno citar a algunos de los personajes del sector tecnológico más influyentes y acaudalados de los últimos años, algunos de los cuales, por cierto, han sido participantes asiduos en las recientes ediciones del Foro Económico Mundial, como Bill Gates, Steve Ballmer y Satya Nadella (Microsoft), Eric Schmidt, Larry Page y Sergey Brin (Google), Mark Zuckerberg y Sheryl Sandberg (Facebook), Chuck Robbins (Cisco), Meg Whitman (Hewlett-Packard), Michael Dell (Dell Inc.), Larry Ellison (Oracle), Jeff Bezos (Amazon) y Jack Ma (Alibaba), sólo por citar algunos ejemplos.

Hacemos especial referencia a todos ellos porque la tecnológica es, de facto, la industria que más nombres ha dado a la lista de multimillonarios que anualmente publica Forbes, y porque en este sector se han originado episodios que nos permitirán realizar una oportuna asociación entre dichos personajes y los siete nuevos pecados capitales que el propio Vaticano exhibió desde marzo del 2008, aunque ahora enfatizando en el carácter social de los mismos y en la justicia que debería existir entre personas y su comunidad.



La lista ‘de moda’

Mucho podría decirse de estos multimillonarios y su inminente identificación con los “tradicionales” siete pecados capitales conocidos desde hace más de 1,500 años: lujuria, envidia, ira, pereza, avaricia, soberbia y gula, pero bajo el argumento de que estaban quedando obsoletos para el mundo globalizado de hoy, el periódico oficial de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, publicó una nueva lista que se distingue por su tácita repercusión social y que demuestra, de alguna manera, la preocupación de que el ciberespacio esté convirtiéndose en un peligro para las libertades civiles y los derechos humanos.

Los igualmente llamados “nuevos pecados sociales” se definen como ofensas a Dios y condenan acciones tales como el no reciclar la basura, enriquecerse a costa de los demás o defraudar a los trabajadores, el derramamiento de sangre inocente, la opresión de viudas y huérfanos, la realización de investigaciones científicas con implicaciones bioéticas y la inmoralidad sexual crasa, por ejemplo, aunque se presentan más como mandamientos que como vicios; también son siete, y para cada uno de ellos haremos referencia a diferentes episodios con los que algunos personajes del mundo tecnológico se exponen como auténticos pecadores.



1. No realizarás manipulaciones genéticas

Desde el 2007 las fundaciones Rockefeller y Gates anunciaron una alianza para poner en práctica una segunda “Revolución Verde” con la idea de beneficiar a los campesinos de África, lo que incluye importantes donaciones y financiamiento activo para proyectos de ingeniería genética.

Aparte de que hubo muchas críticas por el fracaso de una primera Revolución Verde, es un hecho que los monocultivos de maíz y soya transgénica propuestos por la iniciativa acarrean riesgos ambientales que se asocian al rápido despliegue, diseminación y comercialización de semillas producidas por la ingeniería genética; asimismo, Gates ha invertido en empresas como Medicine of Cambridge, relacionada con la manipulación genética; Impossible Foods, que usa la tecnología molecular para crear alternativas a la carne y a los lácteos con plantas y granos, y en Nimbus Therapeutics, una firma de biotecnología que desarrolla medicamentos de vanguardia para enfermedades como el cáncer y los trastornos inmunitarios.

En conclusión, Bill Gates ha gastado miles de millones de dólares en nombre del humanitarismo, pero hay quienes piensan que dentro de todo esto existe un estratégico plan para establecer un monopolio mundial en la oferta de medicinas, así como de alimentos y semillas genéticamente modificados.

Y como otros ejemplos de personalidades del mundo tecnológico que están haciendo inversiones millonarias en empresas y proyectos de biotecnología destacan Mark Zuckerberg (Facebook) y Elon Musk (PayPal), quienes recurriendo a la robótica, cibernética, nanotecnología y la ingeniería genética están buscando la mejora del ser humano, aunque sin pensar en las implicaciones éticas, sociales, metafísicas y hasta religiosas que todo esto conlleva.



2. No harás experimentos con seres humanos, incluyendo embriones

Aparte de la inteligencia artificial, del internet en todo el mundo y de la realidad virtual, Mark Zuckerberg asegura que uno de los campos de mayor impacto en la vida futura será la biotecnología, la que podría convertir a todos los mortales en “superhombres inmunes a las enfermedades”.

A mediados del 2015, el fundador y CEO de Facebook manifestó que la neuroingeniería también se unirá a este listado de tendencias; de hecho, estima que algún día seremos capaces de enviarnos pensamientos complejos de manera directa, pero no nos referimos a la telepatía como tal, sino a la comunicación entre cerebros conectados gracias a internet.

Debemos mencionar que un par de años antes, en febrero de 2013, científicos de la Universidad de Duke realizaron un experimento para que dos ratas ubicadas en diferentes países se comunicaran a través de sus cerebros. Para ello transformaron la actividad cerebral de una de ellas en estímulos eléctricos y los hicieron llegar al otro animal a través de internet, lo cual permitió que ambas accionaran simultáneamente una palanca de la que obtenían agua.

Cinco meses más tarde se realizó otro experimento con similares resultados, aunque ahora con dos seres humanos: el investigador Rajesh Rao consiguió que su colega Andrea Stocco presionara el teclado de su computadora para jugar un videojuego cuando el primero le transmitió esta orden al enviarle una señal de su cerebro también a través de internet.

Con ejemplos como los anteriores podríamos afirmar que la tecnología telepática de la que habla Zuckerberg ya no es un asunto de la ciencia ficción, aunque algunos expertos están alertando sobre los desafíos éticos y los riesgos potenciales, refiriéndose sobre todo a la posibilidad de que la neuroingeniería abra la puerta a un hackeo de nuestros cerebros y a que, incluso, la intimidad de nuestra mente pueda ser objeto de espionaje.



3. No contaminarás el medio ambiente

En el más reciente Foro de Davos se propuso buscar alternativas al petróleo como material de base para la creación de empaques, pues el ratio entre toneladas de plástico y toneladas de peces, por ejemplo, sobrepasará el uno por uno en 2050, aparte de que se consumiría el 20% de la producción petrolera si no se modifica totalmente el sistema de producción de plásticos en general.

Con respecto a la basura electrónica o e-waste, es evidente que las tecnologías se hacen obsoletas en periodos cada vez más cortos, por lo que terminan en la basura o, en el mejor de los casos, pasan de mano en mano. La mayoría de los equipos eléctricos y electrónicos pueden reciclarse, incluyendo los materiales y metales preciosos de los que se componen, pero también contienen varias sustancias contaminantes, tóxicas y cancerígenas como mercurio, plomo, cadmio, berilio, cromo, bario y diferentes éteres que pueden bioacumularse en los tejidos grasos de los seres vivos y en los diversos compartimentos ambientales, por lo que representan un riesgo potencial a la salud.

Greenpeace calculaba en el 2013 que si todos estos desechos se pusieran en vagones, el tren que se formaría daría la vuelta al mundo. Tres años antes, esta misma organización publicó un informe en el que posicionó a la empresa RIM, desarrolladora de los equipos Blackberry, como la más contaminante a la hora de fabricar sus productos.

El informe incluye una lista con otros fabricantes de tecnología y electrónica que más contaminan, comenzando justamente con RIM; le siguen Toshiba, LG Electronics, Acer, Sharp, Sony, Panasonic, Lenovo, Samsung, Sony Ericsson, Philips y Apple, mientras que Nokia, Dell y HP se han posicionado como las que menos afectaciones producen al medio ambiente y a la salud.



4. No provocarás injusticia social

El término de “justicia social” involucra muchos aspectos, pero baste citar el caso en que Amazon se vio involucrada en una sarta de dimes y diretes después de que se conocieran las críticas publicadas en The New York Times sobre las “crueles prácticas de gestión” hacia los empleados de esta empresa. El 18 de agosto del 2015 varios medios se dieron vuelo replicando el artículo titulado “Amazon: ambiente laboral ‘sin alma’ donde la gente llora en la oficina”, en el que se recogieron declaraciones de trabajadores con cáncer, abortos involuntarios y otras crisis personales, quienes sufrieron evaluaciones laborales injustas y no se les dio tiempo para recuperarse o para ajustarse al intenso ritmo de trabajo.

El Times aseguró que Amazon tenía en marcha una especie de experimento para ver cuánto puede presionar a sus empleados, quienes estaban recibiendo correos después de la medianoche seguidos de amenazas por no contestarlos, y eso sin contar que el sistema telefónico de la empresa proveía instrucciones sobre cómo “ventilar” a otros compañeros. Uno de los empleados citados por el medio declaró que en dicha empresa no era difícil ver gente llorando, algo en lo que también coincidieron otros compañeros.

Aunque dicen por ahí que cada quien habla como le va en la feria, lo cierto es que en el Tercer Congreso de la Confederación Internacional de Sindicatos, realizado en 2014 en la ciudad de Berlín, el fundador y presidente de Amazon, Jeff Bezos, fue catalogado por Sharan Burrow, secretaria del organismo, como “el peor jefe del mundo (…) y representa la inhumanidad de los patrones”.



5. No causarás pobreza

El Foro Económico Mundial es un evento en el que caminar con la frente en alto no significa tener la conciencia limpia o estar libres de pecado, sino que es una especie de pasarela donde las miradas apuntan hacia abajo o hacia arriba dependiendo del estatus socioeconómico de cada uno de los presentes.

Uno de los puntos de la agenda de la reunión del FEM de este año fue facilitar la inclusión y reducir la desigualdad económica, mejorando los estándares de vida en los países en desarrollo, aunque resulta paradójico enterarse de que el precio estándar para cada ejecutivo que asiste al evento puede llegar a los 20,000 dólares en promedio, sin contar el viaje, los traslados y el alojamiento.

Por su parte, las empresas que buscan participar como “socios estratégicos” de la exclusiva cumbre anual deben invertir hasta 680,526 al año, además de que para comprar una entrada es necesario ser miembro del Foro (la membresía anual cuesta alrededor de 52,000 dólares).

Sirvan los datos anteriores para resaltar que mientras los gobernantes y los hombres más ricos del mundo se sientan a debatir sobre los retos y problemas del planeta, mueren diariamente 8,500 niños a causa de la desnutrición severa, según el segundo informe presentado a finales del 2015 por las organizaciones Acción Contra el Hambre y Save the Children, en tanto que la ONU calcula que el hambre afecta hoy en día a cerca de 795 millones de personas a nivel global.

El aumento del desempleo es igualmente una de las tendencias que marchan en paralelo con la pobreza, así que debemos preocuparnos por las estimaciones que al respecto resaltaron durante la última edición del FEM: al menos cinco millones de trabajos se perderán en tan sólo cuatro años dentro de las más importantes economías del mundo, y ese impacto se asociará directa o indirectamente con el hecho de que el capital humano será desplazado por la tecnología.

Ya sea por cuestión de costos, de operaciones o por el agobio de la competencia, muchas empresas preferirán los avances tecnológicos a seguir manteniendo a varios de sus empleados. Blackberry es un claro ejemplo de ello, pues acaba de anunciar que prescindirá de al menos mil trabajadores en los próximos meses, siendo que poco antes ya había despedido a 200 tan sólo en Estados Unidos.



6. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común

La confederación internacional Oxfam, cuyo lema es “trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento”, calcula que 1% de la población posee más riqueza que el 99% restante; es decir, hoy 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población a nivel global. El enriquecimiento desmesurado ha sido un tema neurálgico en las conferencias y en los pasillos del palacio de congresos de Davos, pero ningún discurso disfrazado de preocupación puede justificarse cuando en este tipo de reuniones se evidencia aún más la creciente brecha que separa a los ricos de los pobres.

No tiene caso hablar de fortunas ni del ranking de multimillonarios; mejor será rematar con una acertada frase de Steve Jobs: “Perseguir la abundancia sin descanso sólo te convertirá en un ser retorcido como yo”, expresó en la carta que escribió días antes de morir y a la que se le considera el mensaje final que este genio le quiso dejar al mundo.



7. No consumirás drogas

Trascendió la noticia de que al menos 12 soldados del ejército suizo encargados de la protección en el más reciente FEM fueron sorprendidos consumiendo mariguana y cocaína, pero ni cómo defenderlos cuando parte de su responsabilidad es proteger a algunos personajes que abiertamente se han declarado consumidores de droga.

A lo largo de la historia, muchos genios han sido marcados como adictos a las sustancias prohibidas; de hecho, en un artículo de businessinsider.com se rescatan los testimonios de distintas personalidades ligadas al consumo de drogas, comenzando con el llamado “padre del psicoanálisis”, Sigmund Freud, seguido de Thomas Edison, quien se declaró amante del Vin Mariani, una combinación de vino y extracto de hoja de coca.

Más hacia nuestros días y retomando nuevamente al sector tecnológico, Steve Jobs aceptó que de 1972 a 1974 llegó a ingerir LSD, mariguana y hashish en repetidas ocasiones; por su parte, Bill Gates, en una entrevista para Playboy realizada en 1994, confirmó que a sus 25 años de edad fue incluso arrestado por consumir LCD… ¿Le seguimos o ya basta de tantos pecados y pecadores? Nos leemos en la próxima.




Fausto Escobar S. es Director General de HD México y HD Latinoamérica.

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