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martes, 9 de febrero de 2016

envejecimiento

Así se frena el proceso de envejecimiento (nada de achaques) y es muy fácil



El Confidencial -   febrero de 2016
A medida que avanza el tiempo el cuerpo se resiente y empezamos a notar que nuestro físico ya no es lo que era. Qué menos, llevamos un buen tute encima y, como se suele decir, los años no pasan en balde. Pero, ¿y si pudiésemos mantenernos jóvenes para siempre?

Trama principal de infinidad de novelas y películas a lo largo de la historia, si hoy recuperásemos personajes como Dorian Gray o las eternas 'amigas' Helen y Madeleine a las que la muerte les sentaba tan bien, la solución sería mucho más sencilla, natural y efectiva que las que ellos tomaron.

“A lo largo de la vida, nuestras células acumulan daños en su ADN, lo que potencialmente se podría traducir en tumores. En algunos casos el deterioro se soluciona con éxito y en otros, simplemente, las células se autodestruyen”, explica Ed Yong en 'The Atlantic', quien señala también una tercera opción: que las células se jubilen. “Se retiran y dejan de crecer o dividirse y entran en un estado llamado senescencia”. Precisamente este tipo de células, que se acumulan en nuestro organismo a medida que pasan los años, suelen estar relacionadas con los problemas de salud que acompañan al proceso de envejecimiento. ¿Que esas son las responsables de que se arrugue nuestra piel, nos sintamos cansados y se multipliquen los achaques? Así lo creen los científicos de la Clínica Mayo. Pero tienen una solución, y no requiere de pactos con el diablo.


Una buena regeneración celular

Los científicos Darren Baker y Jan van Deursen han hecho la prueba de limpiar el organismo de estas células en ratones, y aseguran haber logrado frenar el deterioro de los riñones, el corazón y el tejido graso en los animales. No sólo tenían mejor salud, también vivían más tiempo.

“Este es uno de los descubrimientos sobre el envejecimiento más importantes de la historia”, proclamaba el doctor Norman Sharpless de la Universidad de Carolina del Norte, quien no participó en el estudio pero se muestra claramente satisfecho con los resultados. En su opinión, existen diferentes productos químicos y naturales que pueden ralentizar el envejecimiento de los organismos, pero sólo en los laboratorios: “Sabe dios por qué, alguien se toma un fármaco con resveratrol a los 30 años, y cuando llega a los 80, en realidad se siente como si tuviese 70. Ese paradigma no funciona en el mundo real. La gente odia tomar drogas, especialmente cuando no saben exactamente en qué  les están ayudando. Si esta investigación es cierta, estaríamos ante la forma de convertir un organismo viejo en uno fisiológicamente más joven con un solo tratamiento”.


La fuente de la eterna juventud

Baker y Van Deursen comenzaron esta línea de trabajo por accidente. Fue en el año 2004 cuando se encontraron con que al desactivar un gen llamado BubR1 –que creían ayudaría a frenar determinados tipos de cáncer– en realidad aceleraba el proceso de envejecimiento con gran rapidez. Los ratones a los que sometieron al tratamiento desarrollaron cataratas, problemas cardíacos, perdieron grasa corporal y murieron mucho antes de lo que les tocaba. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que lo que se acumulaba en su organismo era una cantidad de células senescentes fuera de lo habitual.

En 2011, el equipo desarrolló una forma singular de eliminar esas dañinas células. Las senescentes se caracterizan por contener una proteína conocida como p16, así que modificaron genéticamente a los ratones que estaban sufriendo una aceleración de su envejecimiento para que pudieran destruir dicha proteína y, en consecuencia, desapareciesen también 'las jubiladas'. Los resultados fueron impresionantes: las células senescentes desaparecieron y, aunque los roedores continuaron muriendo antes de lo previsto, su tamaño aumentó, estaban más en forma y gozaban de mejor salud que cuando aquellas rondaban a sus anchas por sus organismos.

“¿Qué pasaría si quitásemos esas células a un ratón normal?”, se planteó Baker. Y así hicieron. Al purgar dos veces a la semana a los ratones de mediana edad de sus células senescentes encontraron que aumentaba su esperanza de vida considerablemente y que llegaban a la vejez mucho más sanos: menos grasa corporal, corazón y riñones a pleno rendimiento, sin cataratas y conservando su atractivo físico ratonil.


Juventud, ¿divino tesoro?

Las células senescentes, aunque hayan perdido sus propiedades y estén 'retiradas', no vagan precisamente inactivas. De hecho, los expertos aseguran que son unas de las grandes responsables en la creación de las moléculas que producen la inflamación y las enzimas que destruyen el tejido conectivo. “Hemos identificado que estas células producen entre 50 y 60 moléculas diferentes que tienen un potencial importante para causar estragos en los tejidos humanos”, asegura la experta en investigación sobre envejecimiento Judith Campisi.

Pero no todo lo que provocan estas células es dañino. La propia Campisi publicó el año pasado un estudio en el que demostraba que las senescentes pueden ayudar a curar heridas, descubrimiento avalado por los resultados de Baker y Van Deursen, quienes se toparon con que sus roedores se mantenían jóvenes durante más años pero se curaban más lentamente una vez dejaban de contar con estas células en su organismo.


No sólo eso. Al eliminarse la proteína p16, encargada de prevenir la aparición de tumores, también podrían aumentarse las posibilidades de desarrollar cáncer en los pacientes sometidos al tratamiento. Aunque Baker y Van Deursen no encontraron ninguna señal de que sus ratones sufriesen ningún tumor cancerígeno, lo cierto es que los seres humanos viven muchos más años que los roedores. Los expertos discuten sobre si la eliminación de las células senescentes en las personas podría traducirse en graves efectos secundarios más allá de los beneficios obvios. “Todavía no sabemos nada a ciencia cierta, pero a medida que profundicemos en la investigación podremos determinar la importancia de preservar o no estas células valorando su influencia positiva y negativa”, sentencia Campisi.

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