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lunes, 29 de abril de 2019

Innovación colaborativa


Innovación colaborativa y generación de valor



FORBES- 30 de abril de 2019
Si queremos ser una empresa innovadora, debemos llevar a la acción la mayor cantidad posible de ideas y estar conscientes y dispuestos de que vamos a sufrir fracasos.

Oímos todo el tiempo hablar sobre la importancia de la innovación dentro de las organizaciones, pero la realidad es que, según diferentes estudios, muy pocas veces las empresas desarrollan nuevas soluciones, y por lo general observan al mercado para copiar las que fueron creadas por otros.

Somos parte de una nueva economía, la economía colaborativa. Ya no se trata de tener capital o recursos para poder tener éxito; ya no ganan siempre los grandes. Las reglas cambiaron y ahora el poder lo tienen quienes entienden que el tamaño no hace a la fuerza, sino la capacidad para unir necesidades de diferentes asociados con una fuerza sinérgica que los mantenga en equilibrio.

Así surgen cientos de empresas que se asocian con proveedores y clientes para generar un nuevo valor. Por ejemplo: Uber, Airbnb o Amazon. Todas éstas y tantas otras trabajan de manera asociativa con pequeñas organizaciones para brindar un servicio de conexión entre lo que las pequeñas empresas quieren vender y lo que el mercado necesita.


La innovación consiste en resolver a la gente problemas simples, mejor que otros, generando valor. Así surge el modelo llamado PSV (Problem-Simple-Value), creado por Grupo Set, cuya fórmula es: Innovación = (detectar problemas + aplicar creatividad) x Llevarla a la acción. Siempre generando valor.

Basados en esta fórmula, el primer paso es tener una perspectiva dentro de la organización en búsqueda de problemas de nuestros clientes o mercados, pero no se trata de grandes dificultades como querer curar el cáncer o reducir la pobreza a nivel mundial. Por el contrario, hablamos de pequeñas cosas que generan grandes oportunidades para agregar mucho valor para las personas o la comunidad.

La búsqueda de “problemas” requiere un proceso de entrenamiento y cultura organizacional con foco en la observación activa. Debemos estar siempre muy atentos, investigar y asegurarnos de que todos en la organización tengan el foco en los clientes. Para ayudar en esta etapa es clave comprender que, por lo general, la innovación siempre se da de abajo para arriba.

Nadie mejor que quien está todo el día en la caja de un supermercado para descubrir oportunidades/problemas para mejorar.

El segundo paso es aplicar a esos problemas soluciones “creativas”. Aquí aparece la creatividad, algo innato a los seres humanos. No obstante, si bien todos somos creativos como parte de uno de nuestros procesos mentales, es necesario darle un marco, un orden para prosperar y generar buenos resultados.

Nuestra sugerencia es utilizar alguna de las tantas herramientas que ya existen para fomentar la creatividad y siempre hacerlo en grupo. Está demostrado que cuanto más personas, y si es posible de distintas áreas, mejores soluciones se logran, siempre bajo un coordinador que dé orden.

La principal causa de muerte de este proceso creativo es, ni más ni menos, que la propia ‘acción’. Es justamente cuando tenemos que pensar en llevarlo a la acción donde por lo general abandonamos el proyecto por el miedo al fracaso.

Si queremos ser una empresa innovadora, debemos llevar a la acción la mayor cantidad posible de ideas y estar conscientes y dispuestos de que vamos a sufrir fracasos. De hecho, las empresas muy innovadoras, son empresas que fracasan mucho.

Suponiendo que descubrió un problema, fue creativo para solucionarlo desarrollando una buena idea que logró poner en marcha (haciendo que funcione) es necesaria una condición más para que finalmente hablemos de innovación.

Es fundamental que esta nueva innovación genere valor y éste debe ser de triple impacto:

Primero, debe generar valor para el mercado y que muchos estén dispuestos a invertir su dinero para adquirirla. Después, ofrecer valor para la organización, ya sea con mayor rentabilidad, reducción de costos o una mejora del clima laboral. Y, por último, y no menos importante, debe generar valor entre los colaboradores internos. Cada vez es más importante que las personas que trabajan en la empresa sientan que con su labor están contribuyendo a mejorar el mundo.

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