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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sombras


La sombra del dopaje


Marta Domínguez y Contador, bajo sospecha, cruces involuntarias de la edad de oro del deporte español

Los éxitos despiertan envidia, ni sana ni enfermiza, sólo envidia. Y la envidia es mala, tan deplorable como las trampas o el engaño. El segundo anillo de Pau Gasol en la NBA, los dos campeonatos mundiales de Alonso en la F-1, que no han sido tres porque en la última carrera Ferrari acertó a pegarse un tiro en un pie, o en las ruedas; el Dakar de Carlos Sainz; la omnipresencia del motociclismo español en la cima de todos los podios; las gestas de Óscar Freire; el Tour de Pereiro, el de Sastre y el remate a tres bandas de Contador, con Giro y Vuelta incluidos, son triunfos que por ahí fuera escuecen.

España, un convidado del G-20 por la gracia de Sarkozy, obtiene conquistas deportivas mucho más allá de su tasa de paro, de su precaria economía o de su lenta salida de la crisis global. Sus victorias en el deporte son de tal magnitud que cuando la sospecha asoma por encima de alguna de sus especialidades, las conjeturas sobre el resto se desbordan. No llegan los celos a la altura de Edurne Pasabán. Sus paseos por las nubes no ofrecen dudas, como sucedió con la surcoreana «Miss Oh», de quien desconfían también de sus escaladas a las cumbres del Cho Oyu, el Lhotse, el Broad Peak y el Everest; aunque bastó comprobar su renuncio en el Kanchenjunga para acreditar a la española como la primera y única mujer que ha hollado los catorce ochomiles más importantes del planeta.

Los éxitos del prójimo español despiertan envidia y las sospechas de amaño provocan una persecución a escala mundial. Los 50 picogramos de clembuterol, trazas insuficientes para hablar de un positivo, hallados en la orina de Alberto Contador le desacreditan a él y tiran por tierra el valor de todas sus preseas. La justicia deportiva parte de la presunción de culpabilidad y él no puede acogerse a la de inocencia. Pero la gota que ha colmado el vaso ha sido la «operación Galgo», con Marta Domínguez en el ojo del huracán, acusada de algo más vil que el dopaje, el tráfico de sustancias prohibidas. Fue negarlo Marta y apareció una bolsa de sangre que data de la «operación Puerto» de 2006 para extender la mancha al «doping». Sea cual fuere el resultado de las investigaciones, la edad de oro del deporte español en esta década es un hecho.

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