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martes, 31 de marzo de 2015

cerebro

Los 'teléfonos inteligentes' vuelven perezoso al cerebro?


El Confidencial -   ‎marzo‎ de ‎2015
Este va a ser un artículo autobiográfico. Por ello me anticipo a pedirles disculpas. Desde hace años trabajo en un proyecto que me gustaría explicarles sin parecer megalómano, pero no puedo hacerlo, porque el proyecto lo es. Creo que necesitamos elaborar una “superciencia” que trate de la educación, pero en un sentido muy poco escolar.

Suele definirse al ser humano como “animal racional”, cosa harto discutible, pero una definición más acertada sería “animal que educa a sus crías”. Etimológicamente “e-ducación” significa “sacar fuera”, es decir, desarrollar lo que estaba en germen. Pero la rapidez con que aparecen novedades tecnológicas que afectan a nuestra manera de pensar o de relacionarnos nos obliga a pensar en cómo adaptarnos a ese entorno acelerado.

La nueva ciencia podría llamarse “pro-ducación”, y se encargaría de estudiar cómo dirigir la evolución de la inteligencia humana. Las tecnología de la información –el acceso inmediato a redes cada vez más tupidas, los potentísimos motores de búsqueda, la posibilidad de que los ordenadores piensen por nosotros, la eficiencia de modos colaborativos de pensar (como la Wikipedia)...– están cambiando el modo de utilizar nuestro cerebro. Aparecen mensajes alarmistas. Nicholas Carr ya lo advirtió en su libro Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?

Recientemente, cuatro profesores de la Universidad de Waterloo, en Ontario, han publicado un estudio titulado The brain in your pocket: Evidence that smartphones are used to supplant thinking (por Nathaniel Barr, Gordon Pennycook, Jennifer A. Stolz, Jonathan A. Fugelsang). Afirman que las fantásticas posibilidades de los teléfonos inteligentes están fomentando la pereza hacia el pensamiento analítico, y el desinterés por las búsquedas en la propia memoria. Además, parece confirmarse que el uso de esos teléfonos correlaciona negativamente con los resultados académicos.

Empieza a extenderse la idea de “¿para qué voy a aprenderlo si lo puedo buscar?”. Desde otro punto de vista, Sherry Turkle, en su último libro, Alone Together, ha estudiado con particular atención a los adolescentes. Estos, dice, se esconden tras una pantalla y no saben relacionarse. “Psicológicamente es fundamental aprender a conversar, a negociar, a sentir empatía, a pedir perdón. Hemos criado una generación que no es capaz de pedir perdón. No es lo mismo pelearte con un amigo y enviarle un SMS o un mensaje en Facebook y seguir con tus cosas que sentarte frente a él, sudar, sufrir y decir: ‘Lo siento’. A su vez, quien lo escucha también siente, y perdona, o se enfada, pero siente. Es doloroso y complicado, pero es fundamental. Es la manera en la que aprendemos a construir relaciones humanas”. Sherry Turkle es investigadora del MIT, lo cual es relevante porque es el mayor centro de innovación tecnológica del mundo.

Un tacaño cognitivo

¿Debemos preocuparnos por estos fenómenos? Esta es una pregunta que la ciencia de la pro-ducación debe responder. La invención de nuevas herramientas mentales ha cambiado para siempre el funcionamiento del cerebro. Como ha mostrado Feggy Ostrosky-Solís, aprender a leer configura poderosamente el sistema neuronal. En el Fedro de Platón se atribuyen a la lectura peligros semejantes a los que ahora se achacan a los ordenadores: "Quienes se basen en la lectura para su conocimiento parecerá que saben mucho, pero la mayoría no sabrán nada”.

Los neurólogos saben que el cerebro es cognitive miser, un tacaño cognitivo. Procura resolver los problemas con el menor esfuerzo posible. Por eso, entre otras cosas, automatiza todos los procesos que puede. Así gasta menos energía. Llevar la información en el bolsillo también facilita ese ahorro. De la misma manera que, a pesar de los temores, el libro no eliminó el pensamiento humano, sino que lo potenció, lo importante es saber utilizar inteligentemente las máquinas inteligentes.

Hay muchas iniciativas en este terreno, por ejemplo la Universidad de la Singularidad, fundada por Kurzweil. Piensa que “estamos a las puertas de una evolución tecnológica tan rápida y profunda que significará una ruptura en el tejido de la historia de la humanidad. En apenas 15 años podremos conectar nuestro cerebro a un cerebro externo híbrido de tecnología y biología que será nuestro cerebro dominante”. Que lo diga un reconocido tecnólogo, que además es director de investigación de Google, debe hacernos meditar. Todas las grandes compañías de tecnologías de la información están elaborando  planes educativos, convencidas de que la educación en sentido amplio va a ser el próximo negocio del trillón de dólares.


El mismo cerebro puede indicarnos la solución. Nuestra inteligencia trabaja en dos niveles. Uno de ellos capta, almacena, elabora información de manera automática, fuera del nivel de la conciencia. El otro nivel, específicamente humano, se encarga de gestionar ejecutivamente al otro. Hace planes, evalúa, configura el nivel inferior. En este nivel radica la posibilidad de actuar libremente. Pues bien, en este momento, esa inteligencia ejecutiva de superior nivel tiene que gestionar dos memorias: la contenida en el cerebro y la contenida en el ordenador que, cada vez con mayor urgencia, cada persona tendrá que configurar a su manera. Lo importante es que el sujeto humano mantenga como exclusiva el control y la dirección de su acción. Necesitará aprender lo que sea necesario para conseguirlo. Por ejemplo, el pensamiento crítico. Nos encontramos con la sorpresa de que la función distintiva de la inteligencia humana es la voluntad. Espero que ahora comprenderán un poco más mi interés por completar la ciencia de la e-ducación, con esa nueva ciencia de la pro-ducación, que forzosamente tiene que ser una ciencia de vanguardia.

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