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martes, 30 de abril de 2019

Identidades tecnológicas


Identidades tecnológicas de los consumidores



FORBES- 30 de abr. de 19
Al ver detalladamente las interacciones de los consumidores, se observa que la tecnología forma parte fundamental de cada experiencia, lo mismo que pasa con la vida diaria de los consumidores.

Mientras la tecnología se integra cada vez a las acciones de la vida diaria, las personas desarrollan identidades tecnológicas que definen su día a día como consumidores, siendo información clave para las empresas que los retos de la Era Posdigital.

En los últimos años, las empresas han obtenido información de sus consumidores a través de tecnologías digitales, creando el vínculo ideal para entregar servicios y productos personalizados, pero esta nueva perspectiva posdigital se enfoca en cómo al compartir su información se abren las puertas a una relación hiperpersonalizada entre ambos.

Las empresas preparadas para el futuro tendrán que ir más allá de productos personalizados y crear experiencias individualizadas, una relación específica con cada consumidor, donde la tecnología juega el único papel principal.


El 83% de los ejecutivos de negocios y TI encuestados en el reporte Technology Vision 2019, coinciden en que las demografías digitales permiten a las organizaciones definir una nueva manera de identificar oportunidades de mercado para las necesidades de los consumidores que todavía no logran cumplir.

Actualmente, las experiencias están comenzando a entregar una perspectiva digital de las preferencias, tecnologías y actividades de los consumidores más viva, holística y duradera, así como sus necesidades y metas personales. Entre más experiencias una empresa entregue, más enriquecedoras serán las identidades tecnológicas que se creen, y entre más profunda la identidad, más poder tendrá la experiencia que la compañía puede crear.

Al ver detalladamente las interacciones de los consumidores, se observa que la tecnología forma parte fundamental de cada experiencia, lo mismo que pasa con la vida diaria de los consumidores. Con cada paso que dan en estas experiencias que las empresas ofrecen, dejan huellas de su identidad tecnológica. ¿La oportunidad única para las compañías? Convertirse en el único socio de confianza de cada consumidor. Un logro que podrán alcanzar sólo si entienden la tecnología que las personas utilizan y por qué la utilizan, generando la información necesaria para integrarla perfectamente en la vida diaria de los consumidores.

El 41% de las personas entrevistadas estuvo de acuerdo en que, el entender el comportamiento de los consumidores en el entorno tecnológico será crítico para que su organización aumente la lealtad de sus clientes. Por lo que para adentrarse por completo en lo que las identidades tecnológicas pueden lograr, las compañías deben comprender la diferencia entre crear una experiencia a la medida y que sea perfecta para integrarse a la vida del consumidor, o perder la confianza de un consumidor potencial y de confianza al crear una experiencia que esté fuera de sintonía con sus necesidades y expectativas. Dominar el uso de las identidades tecnológicas comienza con entender su valor clave: dependen del poder de elección del consumidor.

Pero ¿qué tan personalizadas deben ser las experiencias? Es importante tomar en cuenta que el ofrecer servicios y productos hechos a la medida de cada persona individual significa primero darse cuenta qué tan a la medida deben de ser las experiencias, para evitar contextos incómodos entre consumidores y empresas. La delgada línea entre ambas situaciones recae en que la experiencia puede parecer muy útil para algunas personas, pero para otras demasiado incómodo, por lo que los negocios deben recordar de ellos no son la única compañía con la que sus consumidores tienen una relación, y esa interacción con ellos puede afectar el nivel de comodidad hacia la suya.

La hiperpersonalización se vuelve compleja en los temas de la privacidad y la individualización, un punto en donde la identidad tecnológica del consumidor está creciendo, y que, si las empresas quieren entregar experiencias enriquecedoras y tecnológicas, deberán primero entender la complejidad del contexto de ese consumidor, para estimar qué tanto acceso a su vida diaria le da a las empresas.

Además de entender su contexto tecnológico completo, para crear este tipo de experiencias en la Era Posdigital, es necesario conocer qué tecnologías son las que los consumidores están dispuestos a utilizar e incorporar en sus vidas. Y con éstas formando parte de cada acción diaria, las compañías tienen una gran oportunidad para pasar de transacciones individuales a relaciones con sus consumidores basadas en experiencias. Donde las empresas pueden utilizar sus identidades tecnológicas para construir experiencias uno a uno más individualizadas, perfectas y capaces de integrarse a su estilo de vida.

Pero estos momentos de oportunidades traen consigo una gran responsabilidad: el adentrarse en la vida de los consumidores y crear experiencias a un nivel íntimo de entendimiento significa que debemos construir primero una base sólida y duradera de confianza, que las compañías deben mantener en cada interacción que tenga el cliente.

Aquellas empresas que tomen el reto hoy de identificar las decisiones tecnológicas de sus consumidores para desarrollar un plan, que capture y construya experiencias individualizadas, podrán alcanzar una nueva perspectiva continua y el entendimiento necesario para liderar en un mundo posdigital.

lunes, 29 de abril de 2019

impacto social

 Compatibles impacto social positivo-rentabilidad



FORBES- 30 de abril de 2019
Una inversión de impacto concilia la intención de producir impactos sociales, económicos y ambientales que sean positivos y medibles con conceptos como ganancias y rentabilidad financiera.

En un mundo caracterizado por un cambio generacional que promueve transformaciones mayúsculas como el impulso a la inclusividad, el combate al cambio climático y una mayor equidad de género, las inversiones meramente concentradas en generar ingresos parecen pertenecer ya a un pasado cada vez más lejano. La rentabilidad continúa siendo un factor esencial para las nuevas generaciones, cierto, pero el enfoque para seleccionar los proyectos donde se busca el retorno de inversión se ha transformado de manera considerable.

El concepto de “inversión de impacto”, por ejemplo, ha cobrado una enorme relevancia en años recientes. Una inversión de impacto concilia la intención de producir impactos sociales, económicos y ambientales que sean positivos y medibles con conceptos como ganancias y rentabilidad financiera. La inversión de impacto trasciende el mero compromiso de gestionar riesgos: su objetivo es ir más allá de la obligación de evitar daños y aprovechar el poder de la inversión para generar beneficios para la humanidad en su conjunto.

Los administradores de activos aún no cuentan con estándares comunes para evaluar con rigor el impacto de los proyectos, lo que tiende a producir confusión entre los inversionistas. La creación de estándares claros, transparentes y acordados sobre lo que constituye una inversión de impacto resulta fundamental para movilizar a los inversionistas institucionales y generar la masa crítica requerida para impulsar el cambio. La preocupación no es menor: la sobreutilización de la etiqueta «impacto» puede redundar en el rechazo de una nueva generación de inversionistas que de por sí ya manifiestan una elevada falta de credibilidad en las instituciones y esquemas de inversión convencionales. Sin directrices claras y medibles, el peligro de que el concepto termine por desvirtuarse resulta extremadamente alto. No hay vuelta de hoja: este es el momento de desarrollar principios comunes para administrar esta clase de inversiones. De hacerlo bien, el apetito por la inversión de impacto puede evolucionar al punto en que cada vez más ciudadanos, titulares de pensiones y accionistas exijan que sus activos se gestionen para su futuro y para el beneficio de la sociedad.


Consciente de este cambio de paradigma, la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), miembro del Grupo Banco Mundial orientado a promover el desarrollo del sector privado, publicó el 12 de abril los Principios Operativos para la Gestión de Impacto, los cuales están conformados por una serie de directrices que aspiran a convertirse en el estándar del mercado dirigido a la inversión que busca repercutir positivamente en la sociedad de manera rentable, transparente y disciplinada. El desarrollo de los principios corrió a cargo de IFC en colaboración con los principales administradores, propietarios y agentes de activos, bancos de desarrollo e instituciones financieras, así como consultas con diversos stakeholders (grupos de interés) durante un periodo de tres meses.

Hasta ahora, los principios han sido signados por 60 inversionistas de peso completo, entre los que destacan instituciones como AXA Investment Managers, Credit Suisse, European Bank for Reconstruction and Development (EBRD), LGT Impact, Prudential Financial Inc., UBS y Zurich Insurance Group Ltd., por mencionar algunos.

De acuerdo con Creating Impact: The Promise of Impact Investing, reporte publicado por IFC, el apetito global por canalizar inversiones a proyectos de impacto podría ascender a 26 billones de dólares (5 billones provenientes de mercados privados en los que interviene el capital de inversión, la deuda no soberana y el capital de riesgo, y 21 billones provenientes de acciones y bonos comercializados de forma pública). Según Philippe Le Houérou, CEO de IFC, no hay tiempo que perder: “tenemos la oportunidad histórica de impulsar este mercado y generar beneficios inéditos para los habitantes de todo el planeta”.

Las organizaciones que han adoptado los principios poseen en conjunto más de 350 mil millones de dólares en activos con inversiones de impacto y se han comprometido a gestionarlos en consonancia con estas nuevas directrices. Cualquier inversión futura de impacto realizada por los firmantes también se adherirá estos nuevos estándares.

Se puede argumentar que la idea de las “inversiones de impacto” no es precisamente nueva: fundaciones, organizaciones filantrópicas, instituciones de financiamiento para el desarrollo y gestores de fondos especializados han sido pioneros en el espíritu que anima esta clase de operaciones. De hecho, con 62 años de experiencia y una cartera de 57,000 millones de dólares, IFC es probablemente el inversionista de impacto más antiguo y grande del orbe. Lo que sí es nuevo, sin embargo, es la sincronía entre el cambio generacional y la urgencia por cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU trazados para 2030 en materia de salud, educación, agua y saneamiento. Las necesidades de inversión por parte del sector privado en estos rubros son evidentes. La compatibilidad entre rentabilidad e impacto social nunca había sido tan palmaria. Ha llegado la hora de aprovechar la oportunidad. El planeta así lo demanda.

Innovación colaborativa


Innovación colaborativa y generación de valor



FORBES- 30 de abril de 2019
Si queremos ser una empresa innovadora, debemos llevar a la acción la mayor cantidad posible de ideas y estar conscientes y dispuestos de que vamos a sufrir fracasos.

Oímos todo el tiempo hablar sobre la importancia de la innovación dentro de las organizaciones, pero la realidad es que, según diferentes estudios, muy pocas veces las empresas desarrollan nuevas soluciones, y por lo general observan al mercado para copiar las que fueron creadas por otros.

Somos parte de una nueva economía, la economía colaborativa. Ya no se trata de tener capital o recursos para poder tener éxito; ya no ganan siempre los grandes. Las reglas cambiaron y ahora el poder lo tienen quienes entienden que el tamaño no hace a la fuerza, sino la capacidad para unir necesidades de diferentes asociados con una fuerza sinérgica que los mantenga en equilibrio.

Así surgen cientos de empresas que se asocian con proveedores y clientes para generar un nuevo valor. Por ejemplo: Uber, Airbnb o Amazon. Todas éstas y tantas otras trabajan de manera asociativa con pequeñas organizaciones para brindar un servicio de conexión entre lo que las pequeñas empresas quieren vender y lo que el mercado necesita.


La innovación consiste en resolver a la gente problemas simples, mejor que otros, generando valor. Así surge el modelo llamado PSV (Problem-Simple-Value), creado por Grupo Set, cuya fórmula es: Innovación = (detectar problemas + aplicar creatividad) x Llevarla a la acción. Siempre generando valor.

Basados en esta fórmula, el primer paso es tener una perspectiva dentro de la organización en búsqueda de problemas de nuestros clientes o mercados, pero no se trata de grandes dificultades como querer curar el cáncer o reducir la pobreza a nivel mundial. Por el contrario, hablamos de pequeñas cosas que generan grandes oportunidades para agregar mucho valor para las personas o la comunidad.

La búsqueda de “problemas” requiere un proceso de entrenamiento y cultura organizacional con foco en la observación activa. Debemos estar siempre muy atentos, investigar y asegurarnos de que todos en la organización tengan el foco en los clientes. Para ayudar en esta etapa es clave comprender que, por lo general, la innovación siempre se da de abajo para arriba.

Nadie mejor que quien está todo el día en la caja de un supermercado para descubrir oportunidades/problemas para mejorar.

El segundo paso es aplicar a esos problemas soluciones “creativas”. Aquí aparece la creatividad, algo innato a los seres humanos. No obstante, si bien todos somos creativos como parte de uno de nuestros procesos mentales, es necesario darle un marco, un orden para prosperar y generar buenos resultados.

Nuestra sugerencia es utilizar alguna de las tantas herramientas que ya existen para fomentar la creatividad y siempre hacerlo en grupo. Está demostrado que cuanto más personas, y si es posible de distintas áreas, mejores soluciones se logran, siempre bajo un coordinador que dé orden.

La principal causa de muerte de este proceso creativo es, ni más ni menos, que la propia ‘acción’. Es justamente cuando tenemos que pensar en llevarlo a la acción donde por lo general abandonamos el proyecto por el miedo al fracaso.

Si queremos ser una empresa innovadora, debemos llevar a la acción la mayor cantidad posible de ideas y estar conscientes y dispuestos de que vamos a sufrir fracasos. De hecho, las empresas muy innovadoras, son empresas que fracasan mucho.

Suponiendo que descubrió un problema, fue creativo para solucionarlo desarrollando una buena idea que logró poner en marcha (haciendo que funcione) es necesaria una condición más para que finalmente hablemos de innovación.

Es fundamental que esta nueva innovación genere valor y éste debe ser de triple impacto:

Primero, debe generar valor para el mercado y que muchos estén dispuestos a invertir su dinero para adquirirla. Después, ofrecer valor para la organización, ya sea con mayor rentabilidad, reducción de costos o una mejora del clima laboral. Y, por último, y no menos importante, debe generar valor entre los colaboradores internos. Cada vez es más importante que las personas que trabajan en la empresa sientan que con su labor están contribuyendo a mejorar el mundo.

viernes, 26 de abril de 2019

Ciudades con inteligencia


Ciudades con inteligencia, más que un concepto



FORBES- 26 de abr. de 19
En Andhra Pradesh, el gobierno ha contratado a reconocidos arquitectos para que su capital, sea concebida en su totalidad a la luz de las mejores prácticas existentes en materia de sostenibilidad.

¿Por qué importan hoy más que nunca las ciudades inteligentes? Además de la posición romántica de priorizar la calidad de vida de nosotros los usuarios, existen razones económicas que no pasan desapercibidas. Por ejemplo, en la actualidad ya tenemos interesantes experiencias, como la ciudad de Londres, que a la fecha representa una quinta parte del PIB de Reino Unido, mientras que, en Estados Unidos, Los Ángeles y el corredor de Boston a Washington son la tercera parte del PIB del país.

Esto representa una gran oportunidad si tomamos como referencia al Banco Mundial, que señala que, para 2025, las 600 ciudades más importantes del mundo representarían más de 60% del PIB global.

Otra razón evidente es que las zonas urbanas albergan a más de la mitad de la población del planeta, y la proyección para 2050 es que casi 70% de la gente se concentrará en las ciudades, lo cual se traduciría en 2.5 billones de habitantes urbanos.


Suena como si nos estuviéramos enfocando en el 80/20, ¿cierto? Justamente esa es la insignia de las ciudades inteligentes: anticipar que, ante los cambios demográficos, las ciudades como hasta ahora las conocemos serán obsoletas e ineficientes y que el uso adecuado de datos y avances en tecnología nos acercarán a las urbes que necesitamos.

La experiencia de los últimos años revela que el gran error es pensar en una ciudad inteligente como un concepto meramente estático. Es importante acuñar la inteligencia colectiva como habilitador, de manera que el usuario, el gobierno y las empresas trabajemos de forma conjunta.

Los casos de éxito más emblemáticos suelen integrar una plataforma colaborativa: en la ciudad de Boston, para mejorar el obsoleto proceso de inspección en seguridad alimentaria que se efectuaba en restaurantes, las autoridades generaron una alianza con la aplicación Yelp y con la Universidad de Harvard, mediante la que por seis semanas se generaron datos muy precisos sobre posibles incumplimientos en salubridad.

Para eso fue necesario la apertura de datos del Departamento de Seguridad Alimenticia y, por supuesto, la voz o comentarios de los usuarios de Yelp. Así, la utilización de algoritmos y algunos cruces de informaciones perfilaron un proceso optimizado que permitió a los inspectores de campo eficiencias de hasta 50% en su gestión cotidiana.

Ese experimento fue altamente exitoso, pues consideró varios elementos importantes para transitar hacia las ciudades inteligentes: la transparencia por parte del sector público en los paradigmas a resolver, datos abiertos y el apoyo de profesionales y ciudadanos en la generación de información útil.

Otros sucesos alrededor del mundo han derivado en un mejor entendimiento sobre las necesidades de iluminación, purificación de aire, generación de energía verde, condiciones de las carreteras y el tráfico y volumen de desechos, por mencionar sólo algunos de los retos que actualmente enfrentamos en nuestras ciudades.

Algunos lugares han empezado a diseñarse desde cero como ciudades inteligentes, como ocurre en la India. Específicamente sucede en el estado de Andhra Pradesh, en el cual el gobierno local ha contratado a emblemáticos y reconocidos arquitectos para que Amaravati, su capital, sea concebida en su totalidad a la luz de las mejores prácticas existentes en materia de eficiencia y sostenibilidad.

Esto implicó que los espacios verdes superaran 50% y las vías acuáticas 10% de su extensión, lo que además ha propiciado el uso de energía solar, vehículos eléctricos y taxis acuáticos. De hecho, este ambicioso proyecto estima oportunidades cercanas a 5,000 millones de dólares anuales a partir de 2025.

En nuestras latitudes iniciar desde abajo es casi impensable. Sin embargo, mucho puede hacerse desde un esquema altamente colaborativo. Es necesario que el gobierno empiece a generar un marco de discusiones y priorización sobre los dilemas más sensibles a resolver, que el sector privado adopte un fuerte compromiso y procure las sinergias y que nosotros como ciudadanos empecemos a actuar como sensores y generadores de decisión en la evolución hacia ciudades cada día más eficientes y confortables.

jueves, 25 de abril de 2019

desafíos


Los desafíos del comercio internacional y la 4T



FORBES- 25 de abr. de 19
Además del gobierno de Trump, actores comerciales regionales como Turquía, Rusia y Brasil, juegan discursivamente en contra de dichas expectativas de certeza regional.

En días recientes, se ha planteado la posibilidad de que los tiempos electorales alcancen nuevamente la discusión sobre la aprobación del nuevo tratado de libre comercio entre México, los Estados Unidos y Canadá. El presidente López Obrador ha dicho que el acuerdo es bueno para México, por lo que no debería abrirse a discusión nuevamente, por lo que pidió acelerar la aprobación de las leyes que modifican condiciones laborales, de acuerdo a lo que se generó en la negociación con dichos países, por lo que el Congreso entró sin mayor reparo a dicha discusión y aprobación. Eso refleja la necesidad de mantener condiciones favorables para el comercio, pues eso implica condiciones para mantener empleos, ingresos, infraestructura y creación de valor para el país.

El problema, es que el comercio global ha entrado en un proceso de declive desde el año pasado. De acuerdo a la Organización Mundial de Comercio (OMC), en 2018 el comercio apenas alcanzó un 3% de crecimiento, mientras que en 2019 será de 2.6%, con una pérdida importante de dinamismo. Aunque se espera una recuperación en 2020, esta no necesariamente abonará a la resolución de las condiciones que ahora impactan el intercambio de mercancías. Solo para ubicar la referencia más inmediata, en 2017 el comercio creció al 4.6%.

Algunas de las tensiones que el comercio internacional enfrenta provienen de dimensiones políticas, como el Brexit, lo que ha generado prudencia por parte de los actores económicos europeos, lo que ha debilitado la demanda por importaciones, ante la incertidumbre que la salida de Inglaterra genera. Pero además, por el crecimiento negativo que diversos países de Asia han tenido, incluido China, lo que ha debilitado el consumo y, por lo tanto, la producción y la demanda de insumos para ello.

La incertidumbre creada por la perspectiva negativa de gobiernos como el de los Estados Unidos, que han utilizado herramientas para presionar a sus socios comerciales y generar mejores condiciones para sus socios domésticos, juega en contra de las condiciones de certeza que la división internacional del trabajo requiere. Además del gobierno de Trump, actores comerciales regionales como Turquía, Rusia y Brasil, juegan discursivamente en contra de dichas expectativas de certeza regional.


El valor del comercio nominal en 2018 creció en casi 10%, pero eso se debió, de acuerdo a la OMC, por el incremento en el precio del petróleo de casi 20%, el incremento en el costo de los servicios asociados al comercio, en casi 8%; además de las fluctuaciones en el precio del dinero y del intercambio de monedas, lo que finalmente impactó en el valor de las mercancías, generando límites para el acceso a ellas.

Mientras que el nivel de importaciones creció en los Estados Unidos en 2018, las exportaciones mexicanas no crecieron en la misma forma, sino que se mantuvieron en el mismo nivel del año pasado, por lo que, la fortaleza económica del primer país no se está reflejando en el fortalecimiento de las exportaciones de México, tal vez por la incertidumbre generada por la renegociación del tratado. Pero, además, México no es uno de los países líderes en la exportación de servicios, que son más caros y requieren de procesos más complejos, pero que añaden más valor a la economía contemporánea.

El reto entonces es mayúsculo, pues nuestro enfoque como país sigue siendo a la producción industrial, cuando los servicios y los servicios a servicios, investigación, generación y transferencia de conocimiento, etc., parecen ser los elementos que lideran el fortalecimiento del comercio en el futuro. La pregunta es ¿qué estamos haciendo como país para sortear las condiciones cambiantes en el comercio y la economía internacionales?

miércoles, 24 de abril de 2019

conversión digital


 Las empresas, obligadas a su conversión digital



FORBES- 25 de abril de 2019
Hacer las cosas de manera distinta e innovar en la industria harán la diferencia entre sobresalir o arrepentirse de no haber hecho los cambios en el momento adecuado.

La tecnología 4.0 ha traspasado el ámbito industrial hasta llegar a la cotidianidad del ser humano. Un ejemplo de esto es la impresión 3D o manufactura aditiva, la cual pasó de la fabricación de productos altamente técnicos basados en un modelo digital, a crear piezas tan simples como la decoración de un emplatado en un concurso de chefs en España, la producción de modelos exclusivos de zapatos, y hasta el diseño de un prototipo de una extremidad de un pingüino en California para ayudarlo a caminar.

Frente a este panorama, esta tecnología cambiará el rumbo de la manufactura y obligará a las empresas a dar ese paso hacia la transformación digital. Actualmente, la fabricación aditiva ha comenzado a mostrar su verdadero potencial, ya que tanto pequeñas como grandes empresas confían en esta innovación para crear nuevos productos.

Este 2019 se vislumbran grandes cambios en materia tecnológica y con un futuro inspirador que modificará dramáticamente los negocios. En el documento 25 Tendencias Tecnológicas que Encabezarán la Transformación Digital en 2019 y Más Allá, Richard van Hooijdonk (especialista y keynote futurista) reveló que Adidas lanzará 100,000 pares de zapatos impresos en 3D a finales de este año, y espera producir millones en los próximos años.


En un contexto de comercio electrónico y experiencia omnicanal, otros grandes corporativos como Nike y Reebok también invierten y se esfuerzan por vender mercancías personalizadas al gusto y servicio del cliente final.

En la industria aeroespacial, Van Hooijdonk señala que Boeing ha emprendido el vuelo de la mano de la tecnología de impresión 3D al producir conductos de aire y reposapiés. Hasta el momento se han instalado 60,000 componentes con esta tecnología en sus aviones.

Por otro lado, expertos señalan que la industria automotriz podrá beneficiarse de esta innovación al abrirse caminos para nuevos diseños de vehículos, disminuir costos y reducir tiempos de fabricación. Desde la creación de autopartes y accesorios, hasta la invención de nuevos conceptos desde cero, las posibilidades de la fabricación aditiva son infinitas.

El sector de cuidado de la salud es otro con gran potencial al facilitar la impresión de huesos, prótesis, férulas, órganos, células madre, aparatos auditivos, piel y vasos sanguíneos a la medida de los pacientes.

En el reciente CES 2019 (Consumer Electronics Show) celebrado en Las Vegas, Nevada, hubo innovaciones en equipos a color a precios más asequibles y al alcance de cualquier tipo de consumidor.

Además, se presentaron avances en los diferentes tipos de materiales y consumibles, incluida una resina que debe ser suave, pero lo suficientemente fuerte para resistir mientras se imprime.

Con este tipo de materiales, los fabricantes buscan producir lotes pequeños a moderados de piezas flexibles y prototipos para acelerar el desarrollo del producto en sí. Una muestra de esto es la disponibilidad de dentaduras digitales, compuestas de resina de base dental y resina de dentadura postiza, personalizadas y más económicas.

En este año se verán mayores frutos de las aplicaciones de estas tecnologías, las cuales impactarán diversas industrias, modificarán los modelos de negocio y cadenas de suministro, además de facilitar la vida de las personas.

Peter Drucker, el escritor austriaco considerado como el padre del management, mencionó que “uno de los ingredientes principales de la innovación es la valentía. A menudo es necesario un acto de valor para innovar, sobre todo cuando las cosas van bien. ¿Qué sentido tiene arriesgarse a introducir novedades en un determinado sistema si aparentemente no son necesarias?”

Hacer las cosas de manera distinta e innovar en la industria harán la diferencia entre sobresalir o arrepentirse de no haber hecho los cambios en el momento adecuado. Sólo la imaginación de quien utilice la impresión 3D será el límite de los beneficios que se puedan alcanzar. La manufactura aditiva será un instrumento fundamental para inducir la innovación en las empresas y crear un futuro cada vez más inspirador.

irracionalidad y la creatividad


 El balance entre la irracionalidad y la creatividad




FORBES- 25 de abril de 2019
La mayoría de los programas de cambio fallan, el índice de proyectos de emprendimiento con éxito es muy bajo, pero las probabilidades de triunfo se pueden mejorar en gran medida.

Escuchamos frecuentemente que la innovación y la creatividad son la base de la modernización de un negocio y en grados extremos, son los elementos que preservarán a un negocio o detonarán el éxito de un proyecto. Hemos sabido de personas que han dejado pasar oportunidades magníficas por creer que se trataba de ocurrencias y de la misma forma, conocemos descalabros millonarios que pudieron evitarse si alguien hubiera entendido que eso era un absurdo. El punto medio es la racionalidad, sin embargo, McKinsey acuñó un término efectivo que está teniendo buenos resultados: la gestión de la irracionalidad

Las ideas convencionales sobre la gestión del cambio hacen hincapié en la necesidad de nuevas estructuras corporativas, procesos, objetivos, incentivos y un sinfín de conceptos que nos llevan a evitar el estancamiento y a ver por la evolución. Pero, no se pueden implementar eficazmente a menos que entienda que la gente —empleados, ejecutivos, emprendedores— no siempre se comportan de manera racional.

La irracionalidad es la cognición, el pensar, hablar o actuar sin la inclusión de la racionalidad. Se describe más específicamente como una acción u opinión dada a través del uso inadecuado de la razón, o a través de la angustia emocional o la deficiencia cognitiva, lo que no suena ni muy seguro ni muy profesional. Pero, ¿qué hay de pensar fuera de la caja?, ¿cómo hacemos para escuchar nuestros instintos y seguir ese olfato que nos lleva a detectar ventanas de oportunidad?

Sabemos y es verdad, que ha habido éxitos que son hijos de la serendipia, que, de la misma forma en la que el Burro de la fábula de Esopo llegó a tocar la flauta, muchos millonarios que ocupan las listas de Forbes, jamás se imaginaron que llegarían a acariciar un éxito tan rutilante. Es cierto que ese instinto nace de algo que no es precisamente la racionalidad y que el cambio es algo que provoca rechazo.

Cuando una empresa monta un programa de transformación, por ejemplo, los altos ejecutivos típicamente abrazan el famoso aforismo de Gandhi «sea el cambio que desea ver» y comprometerse a desempeñar modelando el comportamiento requerido por la nueva dirección. El problema es que muchos líderes creen, erróneamente, que ya son el cambio, que son ellos quienes encarnan, con su sola presencia, las modificaciones que se requieren. Vamos, que con ellos basa y sobra. Es fácil engañarse sobre esto: ¿Cuántos ejecutivos admitirían, incluso a sí mismos, que no están, digamos, centrados en el cliente? ¿Cuántos emprendedores están dispuestos a escuchar la retroalimentación del mercado cuando lo que les van a decir es que hay cosas que se deben modificar? ¿Cuántos dueños de un negocio se atreverían a confesar que no tienen la perspectiva adecuada para enfrentar las condiciones de mercado?

De hecho, no nos podemos engañar, los seres humanos pensamos consistentemente que somos mejores de lo que realmente somos. Es curioso, según McKinsey, el noventa y cuatro por ciento de las personas, por ejemplo, se clasifican en la mitad superior de la población con destreza atlética. La mayoría de la gente se percibe más joven de lo que en realidad se ve y una de las causas que llevan a un consumidor a devolver un producto comprado es que calcularon mal la talla, creían estar en mejor condición de la que en realidad están. En el mundo corporativo, la situación es similar. Los ejecutivos tienden a sobrevalorar sus propuestas, los dueños ven con algo de fantasía las ideas que quieren llevar al mercado y en general, hay muchas ocurrencias que vistas de cerca, son planteamientos descabellados. Luego nos sorprendemos de los resultados. Muchas aberraciones terminan siendo éxitos gloriosos.

Sin embargo, la mayoría de los programas de cambio fallan, el índice de proyectos de emprendimiento con éxito es muy bajo, pero las probabilidades de triunfo se pueden mejorar en gran medida teniendo en cuenta estos conocimientos sobre cómo el equipo de trabajo, los ejecutivos y emprendedores interpretan su entorno y eligen actuar. El punto nodal es saber qué y cómo cambiar a nivel personal, es decir, tomar distancia y aprender a comprometerse con el lado irracional de la gestión del cambio. Parece una ocurrencia, ¿verdad? No lo es.

¿Cómo moderar y entender la irracionalidad y la creatividad? Para Scott Keller, de McKinesey, hay elementos que tenemos que balancear y que debemos de tener:

Una historia convincente, porque es preciso ver el punto del cambio y estar de acuerdo.
Mecanismos de refuerzo, porque los sistemas, los procesos y los incentivos deben estar en consonancia con la producción de nuevas ideas y
Creación de competencias, porque debemos tener las habilidades necesarias para detectar y propiciar la generación de ideas que puedan impactar positivamente.
Esta prescripción está bien fundamentada en el campo de la psicología y es completamente racional. Uno de sus méritos es su atractivo intuitivo, aunque muchos profesionales sienten que es simplemente un buen sentido común. Y esto, me parece, es precisamente donde las cosas van mal. Cuando el sentido común nos lleva típicamente desorientar tiempo y energía, crear mensajes que desestiman las nuevas ideas, cuando se baja la cortina a probar nuevos caminos como primera instancia, cuando nadie escucha, las frustrantes consecuencias no deseadas de los esfuerzos para influir en el cambio se multiplican, ¿por qué? Porque cuando ignoran elementos de la naturaleza humana, a veces irracionales, pero predecibles; cuando se cierran las puertas antes de abrir la mente, estamos en problemas serios. Estamos dejando que la arrogancia gane y en cualquier terreno profesional y personal, eso es muy peligroso.

Abrir la mente y entender que lo que yo creo, no es necesariamente lo mejor —o lo correcto— es posibilitar el florecimiento de la creatividad. Por otro lado, permitir alegremente que las ocurrencias tomen la palestra, es lo mismo que si un jardinero permitiera que todas las plantas germinaran en una parcela: los hierbajos terminarían asfixiando a las flores. La gestión moderna busca el balance entre esa irracionalidad y esa creatividad que nos permite valorar, en forma objetiva, aquello que puede resultar bien para empresarios, emprendedores y ejecutivos. Hay que poner atención, mantener la mente clara, los pies en el piso y la intuición a flor de piel. Eso es lo que en McKinsey se conoce como gestión de la irracionalidad.