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lunes, 12 de noviembre de 2018

Industria química



 Industria química, catalizador de comunidades


FORBES- 13 de noviembre de 2018
Para complementar el compromiso como agente de cambio que contribuirá a generar un futuro sostenible, las empresas del sector químico también deben promover la diversidad e inclusión.

El capital humano es un factor clave y cada vez más importante para el progreso económico continuo en los países en desarrollo. Es por esto que para garantizar que la población alcance su máximo potencial se requieren implementar en todos los sectores, tanto a nivel público, como privado: buenas prácticas enfocadas en seguridad, sustentabilidad y desarrollo.

En este sentido, la responsabilidad corporativa se ha convertido en una parte indispensable de las estrategias de algunas compañías que buscan operar con base en lineamientos globales, encaminados a la evolución del mundo y a mejorar las condiciones y la calidad de vida de las personas que viven en las comunidades en donde tienen presencia.

Este año, México ocupó el sitio 64 de 157 países evaluados en el Ranking del Índice de Capital Humano (ICH) del Banco Mundial con un puntaje de 0.61, lo cual se traduce en una pérdida de 40% en productividad económica al no invertir lo necesario en educación de calidad y resiliencia ante los retos económicos y sociales en la actualidad.


Dicho porcentaje refleja la importancia de que las empresas se adhieran lo antes posible a la Iniciativa de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para que en 2030 logremos un mejor futuro para todos.

En el sector químico, considero tres aspectos fundamentales para lograr un futuro más próspero y sostenible:

Seguridad: Mantener un firme compromiso con la seguridad de los trabajadores y la comunidad al garantizar que los procesos sean realizados con la tecnología más innovadora, eficiente y segura a nivel global, alineada con protocolos de seguridad internacionales. De esta manera, involucrar a todos los proveedores en la cadena de valor en acciones orientadas a garantizar el bienestar de los trabajadores y las comunidades aledañas, además de promover la implementación de protocolos básicos para prevenir incidentes.


Sustentabilidad: El mundo requiere productos y prácticas más sustentables para encontrar soluciones a los grandes retos del mundo como reducir la huella de carbono y otros. Es necesario invertir en infraestructura más avanzada y utilizar energía limpia para generar procesos con menos impacto al medio ambiente.


Desarrollo: Además de la inversión en proyectos regionales, aprovechar el talento local y generar empleos bien remunerados que contribuyen a mejorar la calidad de vida en las comunidades. Por lo tanto, es esencial crear programas de fortalecimiento educativo en materia de ciencia, tecnología, ingeniera y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), así como carreras técnicas que preparen a estudiantes para trabajar en sectores industriales.


Para complementar el compromiso como agente de cambio que contribuirá a generar un futuro sostenible, las empresas del sector químico también deben promover la diversidad e inclusión entre su talento, como parte del reto colectivo para solucionar de forma innovadora las problemáticas actuales.

emprendedores


Santa Fe, Argentina, ciudad de emprendedores



FORBES- 13 de noviembre de 2018
La ciudad de Santa Fe hace una apuesta importante para incentivar el emprendedurismo e innovación tecnológica para el desarrollo e integración social resiliente.

Argentina es una tierra de emprendedores. Un país que se forjó con una fuerte cultura de inmigrantes de diferentes países que encontraron aquí un lugar para transformar su fuerza de trabajo en una oportunidad de desarrollo. Y eso es lo que constituyó la nueva Nación que lograba independizarse de la época colonial y dar el salto hacia la modernidad.

La ciudad de Santa Fe está enclavada en el corazón de esa cultura emprendedora, pues fue uno de los puertos de entrada de las corrientes migratorias que crearon ciudades y trabajaron la tierra para ver a sus hijos crecer en un entorno mejor.

Por eso, cuando nos unimos a la red 100 Ciudades Resilientes, impulsada por la Fundación Rockefeller, este tema apareció como nodal para avanzar hacia una ciudad pujante, que se anima a innovar y transformarse, liderando el desarrollo regional y creando oportunidades de crecimiento para todos. Santa Fe venía de sufrir dos graves inundaciones que dejaron secuelas en el territorio y en las familias, porque vivimos rodeados de ríos con los que debemos aprender a convivir. Así, logramos aprender de aquellos desastres e incorporar las políticas de reducción de riesgos a los planes de desarrollo urbano.


La Estrategia de Resiliencia nos permitió contar con una cartera de 50 iniciativas que buscan avanzar en 13 objetivos concretos para estar mejor preparados ante los desafíos sociales, económicos y ambientales que presenta el siglo XXI. En ese marco, pusimos en marcha la iniciativa “Santa Fe, Ciudad de Emprendedores”, que se propone convertir a la ciudad en una tierra de oportunidades, a partir de la generación de empleo y el fomento de diferentes sectores económicos atendiendo los retos de la nueva revolución tecnológica. Conectar con oportunidades y abrazar los cambios, son nuestros pilares, y con ese espíritu abrimos en mayo el Club de Emprendedores, recuperando parte de un viejo edificio municipal con fondos del Ministerio de Producción de la Nación.

Este nuevo espacio se transformó en un lugar de coworking y empezamos a transitar el camino hacia un proyecto más ambicioso, que se llama “Santa Fe Activa”, inspirado en experiencias similares de Barcelona y Medellín. Apuntamos a potenciar el crecimiento económico desde una perspectiva innovadora, siendo el nexo entre quienes quieren emprender, las pequeñas y medianas empresas, las universidades y los organismos públicos y privados.

Este año también lanzamos “Santa Fe Emprende”, un concurso para ampliar la base emprendedora, al que se presentaron 91 proyectos orientados a 4 categorías: impacto social, impacto ambiental, fomento del turismo y la gastronomía, y comunicación y nuevas tecnologías. En este marco impulsamos capacitaciones y cursos orientados a elaborar planes de negocios, mejorar la comercialización y obtener fuentes de financiamiento, de los que participaron más de 5.600 beneficiarios. Fortalecimos la Ciudad Cluster, sumando al Foro de Capital para la Innovación, el Cluster TIC, el Cluster Cervecero, el Polo de Diseño, las Incubadoras de base cultural, científico y social, el programa de Empleo Independiente, el Registro de Productores Locales. La meta es llegar a 10.000 beneficiarios de los programas, con impacto no sólo en Santa Fe sino también en el Área Metropolitana.

Estamos entusiasmados en consolidar el proyecto y obtener el financiamiento necesario para desplegarlo en toda su magnitud, porque sabemos que fomentar el talento y la educación en nuevas habilidades es la base para generar iniciativas de innovación que sean inclusivas para las nuevas generaciones. Bajo este lente de resiliencia, desde el Gobierno de la Ciudad seguimos trabajando codo a codo con la comunidad con el objetivo de orientar las políticas públicas en torno al desarrollo sostenible y la promoción de derechos para todos los santafesinos.

sábado, 10 de noviembre de 2018

resultados digitales


 De la distracción digital a los resultados digitales



FORBES- 10 de noviembre de 2018
El rumor sobre el impacto de la digitalización en el proceso de compras es ensordecedor ¿Quién no ha escuchado acerca de los ahorros que pueden lograrse con la digitalización del proceso?

La digitalización es una fuerza de cambio disruptivo para las organizaciones, y ciertamente vale la pena el estar al tanto de como las nuevas tecnologías están revolucionando los procesos en diferentes industrias. El desafío, sin embargo, es que las discusiones alrededor de este tema influyen en la forma en que las organizaciones piensan acerca de lo digital—y no necesariamente de una manera constructiva.

Es fácil que las organizaciones se distraigan con los “objetos” de la transformación digital. De tal manera que se olvidan de formular estrategias enfocadas en el desarrollo de los fundamentos e inadvertidamente se pierden los resultados que anhelan.

Viendo a la digitalización como la respuesta amplia a múltiples retos de negocio. Asumiendo que implantar un objeto digital, tal como un bot, en alguna tarea aislada del proceso compra-a-pago conlleva una transformación efectiva del proceso punta-a-punta.  O, estando tan concentrados en lo digital, que se apresuran en digitalizar un proceso sin asegurarse antes que cuentan con datos correctos y completos y procesos estándares y eficientes.


Ante la falta de estrategias focalizadas en el desarrollo de fundamentos, se crea una dinámica de ineficiencia, desperdiciando las inversiones en digitalización, perdiendo la oportunidad de acercarse a un modelo de operaciones inteligentes.

Si bien no hay duda de que lo digital puede ayudar significativamente a mejorar los costos, la visibilidad, la eficiencia, el cumplimiento y el control del proceso de punta-a-punta, estos resultados no provienen solo de lo digital. La digitalización es un medio para un fin—no un fin en sí mismo. Debemos entenderlo como el “cómo” no el “por qué” de la transformación del proceso de compras.

Las organizaciones no deberían preguntarse qué tecnología implantar. Eso debe venir después. En cambio, deben preguntarse qué resultados de negocio quieren lograr. El enfoque en resultados de negocio es clave para impulsar un cambio sostenible y escalable.

Comenzar con el fin en mente

Una mentalidad de enfoque en resultados de negocio significa centrarse primero en lo que se desea lograr, y trabajar desde allí, para realizar inversiones en tecnologías y capacidades digitales. Es pensar en cómo planear un viaje comenzando por el destino. Preguntándose, “¿A dónde quiero llegar?”.

Por supuesto, este destino puede verse diferente en cada organización. Sin embargo, hay varios resultados de negocio en que las organizaciones de compras se enfocan en sus transformaciones. Incluyendo, de manera enunciativa más no limitativa—mejorar la captura de datos para enriquecer el análisis de la información, mejorar los procesos para reducir el tiempo del ciclo, aprovechar las herramientas cognitivas para maximizar el uso de los recursos y fortalecer la preparación de la organización para mantenerse a la vanguardia del cambio.

Uno de los descubrimientos que hemos realizado a través de diferentes investigaciones en Accenture, es que la parte más importante de la transformación digital del proceso de compras tiene poco que ver con la tecnología digital en sí. Se trata de cómo comienza el proceso de transformación.

Empujando al siguiente nivel

Un enfoque ágil y medible—enfocado en resultados de negocio, puede ofrecer pequeños pero continuos éxitos.  Siendo una forma efectiva de iniciar.  Pero hay que ser cuidadoso al balancear la continuidad de los éxitos con la profundidad de la transformación, ya que, en última instancia, las áreas de compras deben considerar “hacer ruido” y obtener con lo digital resultados de negocio disruptivos más allá del ahorro en costos con el establecimiento de fundamentos sólidos que permitan la escalabilidad y sostenibilidad de los resultados.

Evolución digital


Evolución digital: revolución de pensamiento



FORBES- 10 de noviembre de 2018
Para triunfar en una economía digital se necesita un cambio de mentalidad que transforme la forma de trabajo y ponga al ser humano al centro del diseño e implementación de soluciones.

La Cuarta Revolución Industrial llegó, y con ella, una era digital repleta de desafíos que aún intentamos superar. Los usuarios son cada vez más exigentes; los competidores de las industrias tradicionales hoy nacen en forma de apps, y hay un sentido de urgencia en formar a colaboradores capaces de enfrentar estos diversos retos. Es por eso que empresas de todo tipo y tamaño se lanzan a una carrera hacia la transformación digital, buscando cambiar la estrategia de su negocio a través de la implementación de soluciones tecnológicas.

La preocupación por la transformación digital es real, ya que hoy en día, para mantenerse competitivos, no se puede emplear business as usual. Sin embargo, con más de 80% de los casos de transformación digital fracasando, algo estamos haciendo mal.

Todos conocemos intentos de innovación que se descarrilaron. En los años 2000, el gobierno mexicano implementó la iniciativa “Enciclomedia”, que brindaba a escuelas públicas un pizarrón electrónico conectado a internet para que los alumnos accedieran a una versión interactiva del contenido curricular. La iniciativa fue promovida como una solución a los problemas de la educación, pues la tecnología, en “todo su esplendor”, le brindaría al país una educación del siglo XXI.


Pero el proyecto no funcionó, y al cabo de poco tiempo, y miles de millones de pesos gastados, los pizarrones estaban subutilizados u obsoletos. Pero a pesar de que casos como estos abundan, la fiebre por más tecnología sigue siendo nuestro primer reflejo.

Muchas iniciativas como estas fracasan, en gran parte, porque consideran a la tecnología como la varita mágica de la transformación digital y la ven como un fin en sí. Es cierto que nuevas tecnologías han sido fundamentales para desencadenar cambios trascendentales en nuestras sociedades, y por lo tanto nuestra reacción natural es querer implementarlas para avanzar y mantenernos competitivos; pero nada es más lejano de la realidad, pues la transformación digital es mucho más que eso.

Hasta que no entendamos que la tecnología no es más que un facilitador para crear valor para los usuarios, seguiremos fracasando en el intento.

Para realmente triunfar en una economía digital, lo que necesitamos es un cambio de mentalidad que transforme radicalmente la forma en que venimos trabajando hasta hoy, y que ponga al ser humano al centro del diseño e implementación de soluciones.

En Laboratoria hemos formado a más de 1000 software developers para la industria tech en América Latina gracias a una cultura que fomenta el aprendizaje continuo, a través de la experimentación, pensando siempre en cómo agregar mayor valor a nuestras alumnas y empresas empleadoras. Al aplicar el método de Lean Startup, logramos un aprendizaje validado que nos indica la dirección correcta para seguir en el desarrollo de nuestros productos.

Esa experiencia nos llevó a trabajar de la mano con decenas de líderes empresariales y sus equipos para inculcarles ese cambio de mentalidad de forma que permee a lo largo de la cultura, estructura organizacional y desarrollo de tecnología de sus empresas.

Aquellos que logran una exitosa transformación entienden que triunfar en la era digital significa: convertirse en organismos que aprenden continuamente; que se adaptan al cambio; que celebran los fracasos tempranos con data que nos permite aprender e iterar;  se obsesionan con el problema por resolver, no con la solución; buscan entender cuál es el valor que producen a sus usuarios; y les brindan independencia, autonomía y control, end-to-end, a todos sus colaboradores a través de una cultura de alta confianza y alineación.

Y todo esto se puede lograr de manera estratégica, con herramientas sencillas, con modesta inversión y con el uso de la tecnología como un activador de la discusión, la experimentación y el aprendizaje.

Los seres humanos somos buenos reinventándonos. Lo hemos hecho un sinfín de veces a lo largo de nuestra historia. Ante el desafío actual del avance tecnológico acelerado y de la incertidumbre que rodea a los trabajos del futuro, nos toca cuestionar el modus operandi tradicional de nuestras empresas y organizaciones.

La tecnología sola no es innovación. Tratándola como fórmula milagrosa solo nos aleja de soluciones creativas necesarias para resolver los problemas de nuestra sociedad. La transformación digital no se adquiere con nuevos gadgets, sino con una revolución de mentalidad que pone la tecnología al servicio de las y los que la creamos.

martes, 6 de noviembre de 2018

equipos innovadores


 Ingredientes para integrar equipos innovadores



FORBES- 6 de nov. de 18
La creatividad a nivel personal no es suficiente para construir un grupo de trabajo efectivo capaz de generar nuevas soluciones a cambios y problemas en las organizaciones.

Que ya no hay TLCAN, que ahora habrá T-MEC; que se cancela el aeropuerto en Texcoco, que pronto habrá más basura plástica en el mar que fauna; que sin la transformación digital los negocios van a expirar. En el contexto actual todo está evolucionando, las circunstancias y la articulación de la fuerza de trabajo también está cambiando. Existen diversos estudios y teorías que hablan sobre cómo las organizaciones se están adaptando estructuralmente para responder de la mejor manera a sus consumidores y trabajadores.

Nassim Nicholas Taleb, en su libro Antifrágil menciona que las compañías modernas pueden tomar tres posturas al enfrentar a este constante cambio: sistemas robustos, con una construcción fuerte pero que difícilmente cambian; sistemas resilientes, con la capacidad de reconstruirse continuamente; y sistemas antifrágiles, que están abiertos a mutar en nuevos modelos para mejorar en tiempo real.

Sin duda, una de las posturas más interesantes para las compañías es la adopción de un sistema antifrágil, pero ¿cómo se podría llegar a esta postura con ayuda de los trabajadores?


La respuesta: generando equipos más innovadores. Partiendo del entendido que la innovación es una solución revolucionaria a un problema importante, debemos empezar a crear una cultura que no glorifique las ideas sino los buenos problemas. Pero también es importante crear un entorno en el que las personas puedan prosperar.

Greg Satell, autor de Mapping Innovation propone cuatro principios simples que puede ayudar a crear el entorno ideal para la generación de equipos innovadores.

Una misión en común. El primer paso para generar un equipo innovador es reunir a personas interesadas en los problemas que se necesitan resolver. Más de tres décadas de investigación han demostrado que las personas tienen altas probabilidad de ser innovadoras cuando están intrínsecamente motivadas por el interés, la satisfacción y el desafío de resolver estos problemas.


Seguridad psicológica. Cuando las personas no se sienten seguras es difícil que asuman riesgos para abordar de manera diferente la resolución de problemas. Promover la seguridad psicológica hace que cada miembro exprese sus ideas sin temor a represalias o reproches. Amy Edmondson, profesora de Liderazgo de Novartis en Harvard Business School, tras investigar qué es lo que hace a los equipos exitosos recalca la importancia de crear un entorno con seguridad psicológica. Además de promover un mejor ambiente de trabajo, abre la puerta para el aprendizaje continuo y diálogo generativo donde se pueden mantener diferentes tipos de vista. Imagina el impacto positivo que tendría esto en tu compañía, donde las personas se involucran más, se comunican con mayor claridad e innovan de manera más creativa.


Diversidad. Es muy común que las compañías formen equipos de trabajo con un tipo específico de mentalidad, lo que suele resultar un espacio cómodo, pero no necesariamente el lugar idóneo para resolver problemas. Los equipos diversos al no tener la misma perspectiva se cuestionan constantemente entre sí para resolver problemas de una forma más inteligente, creativa y analítica.


Trabajo en equipo. La complejidad de los problemas que las compañías enfrentan hoy en día requiere más que un genio que trabaje de manera aislada. Es posible que no necesites a las mejores personas, pero sí equipos con personas generosas que se integren a las redes. Con el fin de obtener información difícil de entender, resolver problemas complejos y ser intermediarios del conocimiento con el resto de la organización.


En definitiva, las personas innovadoras no son las que generan millones de ideas y son capaces de presentarlas con poder, sino las que saben detectar un problema no atendido, colaborando, escuchando y construyendo redes sólidas con los colaboradores.

Es probable que ya tengas a esas personas dentro de tu organización, no las dejes escapar.

resiliencia


 El estrés, la resiliencia y el Síndrome de Burnout



FORBES – 6 de nov. de 18
El Síndrome de Burnout se presenta en las personas que viven al límite, física y emocionalmente, en el entorno laboral, y, normalmente, desencadena una patología.

Los síntomas que presenta una persona con este síndrome son físicas, mentales y emocionales.

La parte física está relacionada con conductas que tienen que ver con la salud; jaquecas frecuentes erupciones en la piel, insomnio, problemas de respiración … Todos los seres humanos tenemos un “órgano de choque”, es decir, un órgano que define la parte emocional, y, en este sentido, hay quien se inflama del estómago, quien presenta colitis nerviosa…; Y hay otras personas que padecen de jaquecas, insomnio, etc. Por otro lado, la parte mental tiene que ver con nuestros propios paradigmas; A veces la crisis es más interna que externa. Al no saber, por ejemplo, manejar la frustración de manera adecuada, nos “quemamos” internamente, ya que, en base a nuestros propios paradigmas, todo nos tiene que salir bien, todo lo tenemos que tener bajo control … Y ese paradigma que está dentro de ti te lleva rápidamente a presentar el Síndrome de Burnout. Y, finalmente, la parte emocional se traduce en un alto nivel de estrés de manera permanente. Hay niveles de estrés que son naturales y hay otros que son patológicos.

Situaciones que pueden provocar el síndrome




Uno de los contextos más frecuentes se da cuando hablamos de un líder cuya única preocupación está en los resultados de negocio, y es capaz de pasar por encima de la dignidad de sus colaboradores, por encima del respeto básico y por encima de su autoestima, con tal de lograr los resultados de negocio que persigue; “No me importa cómo llegues, siempre y cuando llegues”.

Consecuencias de padecer el síndrome

En el entorno laboral, la persona que tiene este síndrome se vuelve menos precisa, en términos de lo que tiene que lograr. Todos hemos estado extremadamente estresados hasta el punto de que cuando nos hacen una pregunta, no tenemos la capacidad de contestar porque estamos muy alterados y se nos olvida la respuesta. La suma de imprevisiones genera errores en el negocio y los errores se pagan con sanciones, con pérdida de clientes, etc. Asimismo, el clima organizacional se vuelve miserable.

La importancia de la resiliencia

Cabe mencionar que muchos estudios demuestran que las principales causas de este síndrome están en nuestro interior, no afuera. Es decir, si yo soy resiliente y puedo manejar adecuadamente un entorno de agresión (yo sé que no soy yo; eres tú quien tiene el problema … y lo sé manejar), puedo digerir y canalizar un maltrato, es decir, soy más resistente al Síndrome de Burnout. De ahí que lo primero que hay que hacer es trabajar en uno mismo, porque, en ocasiones, es muy difícil pensar que vamos a poder cambiar a la gente. Lo primero es ver al interior de uno mismo y ver si podemos adquirir algún tipo de método o de recurso, para mejorar nuestra capacidad de manejar este tipo de situaciones. En este sentido, la característica que hace frente al Síndrome de Burnout se llama: Resiliencia …  Uno puede optar por ser resiliente o buscar otra alternativa laboral.

Ahora bien, cuando en una empresa se presenta este síndrome aisladamente se puede atender de manera específica; el problema es cuando este síndrome invade toda la organización, y es ahí cuando hay que hacer una intervención organizacional severa. Hay que trabajar en medidas preventivas y correctivas para no llegar a los extremos que pueden provocar este tipo de síndromes.

decepción laboral


 ¿Cómo enfrentar las etapas de decepción laboral?



FORBES- 6 de nov. de 18
Cada uno de nosotros tenemos nuestros estilos para afrontar las dificultades. Las grandes decepciones a menudo definen momentos de cambio positivo en la vida de las personas.

 Hay situaciones en las que ya no sabemos ni qué pensar. Nos preguntamos, cómo pudimos haber juzgado tan mal la entorno o por qué no nos detuvimos más a analizar. La sorpresa se transforma en algo más cuando los resultados que esperamos no llegan. O, peor aún, cuando lo que sucede es totalmente lo contrario. Nos sentimos enojados, tristes y hasta traicionados quisiéramos poder patearnos a nosotros mismos. En el terreno profesional, tenemos que lidiar con decepciones. Muchas personas con éxito trabajan a través de sus decepciones. Lograrlo es toda una prueba de competencia que demuestra habilidad para lidiar con el cambio. De alguna manera, los profesionales inteligentes tienen la fuerza para hacer un balance de lo que les ha sucedido, aprender del incidente, y seguir adelante. Salen de esas decepciones más fuertes. Pero otros, luchan. No se conforman, se recriminan y darían lo que fuera por regresar las manecillas del reloj para evitar un mal resultado, un revés empresarial, un juicio que no resultó pertinente. En estos casos, la decepción puede incluso convertirse en depresión. ¿Cómo podemos aprender a manejar nuestras decepciones eficazmente? Entendiendo lo que es la gestión de las expectativas.

Hay un dicho que refleja una verdad de oro: “la expectativa es la raíz de todos los dolores de corazón.” La cita reconoce que cuando experimentamos decepción, nuestras esperanzas y expectativas no estuvieron alineadas con la realidad. Todos nos hemos sentido así de vez en cuando. Algunas de estas decepciones no harán mucha diferencia, pero también hay decepciones que pueden cambiar el curso de nuestras vidas. Dada la naturaleza complicada del deseo, no hay experiencias que estén totalmente libres de decepción. Esto es lo que hace que la decepción sea una sensación compleja y confusa. Muchos de nuestros deseos que perseguimos son inconscientes, sublimados, y con frecuencia contradictorios. Paradójicamente, puede que incluso nos decepcionemos cuando conseguimos lo que queremos. Sigmund Freud exploró la paradoja de las personas que fueron “destruidas por el éxito”. Inconscientemente, estas personas creían que su éxito era injustificado, por lo que lograrlo no les parecía satisfactorio. En otros casos, incluso cuando conseguimos lo que queremos — y pensamos que lo merecemos — podemos descubrir que lo que tanto deseamos no trae los resultados esperados. La forma en que manejamos la decepción está relacionada con nuestra historia del desarrollo y otras experiencias formativas tempranas.

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Hay quienes tratan de evitar la decepción al convertirse en inalcanzables. Inconscientemente, evitan tomar riesgos, para impedir que se decepcionen a sí mismos o a otros. Sin darse cuenta, han decidido que la mejor estrategia es no tener grandes expectativas sobre nada. Tal comportamiento se convierte en una forma de autopreservación. Sin embargo, también conduce a una vida mediocre e insatisfecha. Irónicamente, estas personas a menudo se convierten en decepciones para todos, incluyéndolos a ellos mismos. Otros, tratan de evitar decepciones al llegar a ser sobre-triunfadores. Sitúan la barra demasiado alto para lo que quieran lograr alcanzable. Olvidan que el perfeccionismo raramente engendra la perfección, o la satisfacción — en cambio, con demasiada frecuencia conduce a la decepción. Por supuesto, también hay personas con una historia de desarrollo más equilibrada. Crean una base confiable, se sienten seguros en sus relaciones, apoyados más que controlados, y son capaces de experimentar, explorar y aprender, adquiriendo así la fuerza interior para lidiar constructivamente con los inevitables reveses que vendrán en su camino por la vida.


Cada uno de nosotros tenemos nuestros estilos para afrontar las dificultades. Las grandes decepciones a menudo definen momentos de cambio en la vida de las personas. El tratamiento constructivo de la decepción puede ser un proceso autocurativo que puede contribuir al crecimiento personal y hacer una mayor resiliencia. En los inicios de su carrera profesional, Winston Churchill no fueron fáciles. Durante la Primera Guerra Mundial enfrentó la desastrosa la campaña militar en Gallipoli cuyo resultado lo obligó a dimitir de su posición como primer señor del Almirantazgo. Churchill había llegado con un plan —más tarde llamado “la locura de Churchill”—para enviar una flota a través del estrecho de Dardanelos y capturar Constantinopla, que predijo que haría que Turquía otomana dejara la guerra. Pero el plan fracasó por completo, y decenas de miles murieron. Churchill fue deshonrado y degradado.

Para hacer frente a esta calamidad y la humillación subsecuente, recentró su atención y su energía lejos de la política. Seis meses después de su democión, se convirtió en un oficial de infantería y se unió a la lucha en Francia. Durante su tiempo fuera del centro de atención político, pensó a través de lo que había le sucedió a él y lo que le había enseñado acerca de lidiar con los desafíos de la vida. Mientras que al principio se sintió abrumado por lo que él llamaba su “perro negro de la depresión”, Churchill se dio cuenta de que era mucho más constructivo replantear sus decepciones como experiencias de aprendizaje con el fin de ser capaz de hacer frente mejor en el futuro, y utilizar la decepción como catalizador del crecimiento personal. Tal búsqueda del alma le proporcionó nueva información sobre sí mismo, el mundo, y otros.

Por lo general las personas, cuando se enfrentan a la decepción, tendemos a atribuir eventos negativos de la vida a fallas personales. Se recurre al remordimiento en forma obsesiva, ya que se sienten avergonzados o humillados de no medir hasta la imagen de su ser ideal. Consecuentemente, dirigimos la cólera hacia adentro, a uno mismo. En situaciones extremas, se llega a pensar que justo eso es lo que se merecían, que no eran lo suficientemente buenos. Evidentemente, esa es una forma tóxica y poco virtuosa de abordar la decepción. Otros, sin embargo, darán vuelta su cólera hacia fuera hacia otros, a la gente que no satisfizo sus expectativas. Contribuirá a los sentimientos de rencor, venganza y amargura. Tampoco es buena idea. Desafortunadamente, ambas reacciones emocionales mantienen a la persona atascada en una telaraña de decepción.

Así de desagradable como las decepciones pueden ser, siempre podemos aprender algo de ellas. Para lidiar constructivamente con la decepción, necesitamos primero entender lo que ha sucedido. Algunos casos de decepción son predecibles y prevenibles. Pero hay otros que son inevitables y más allá de nuestro control. Para manejar la decepción, necesitamos diferenciar entre situaciones que caen dentro de nuestro control y factores que están más allá de ella. Ser capaz de reconocer la diferencia nos ayudará a lidiar con nuestras frustraciones más apropiadamente. La decepción no está destinada a destruirnos. Si hay calma, puede fortalecernos y hacernos mejores. A pesar de su devastador impacto emocional, podemos incluso considerar la desilusión como una fuente mayor perspicacia y sabiduría. Pero, necesitamos mirar debajo de la superficie. En el terreno profesional, una decepción nos muestra que esa era una ruta equivocada y que tenemos que tomar una nueva. Hacer como las gallinas: sacudirse las plumas y seguir adelante.