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viernes, 31 de julio de 2009

Arte

El arte del penal

A juzgar por la alegría de algunos jugadores cuando el árbitro señala un penal, podríamos creer que transformarlo es una mera formalidad. Sin embargo, entre el círculo blanco marcado en el área y el eventual temblor de las redes, hay mucho más que unos segundos y once metros... FIFA.com examina el arte del penal, desde su preparación hasta su ejecución, pasando por los especialistas en esta suerte, los realizadores históricos o los lanzadores malditos.

Es cierto que la belleza del fútbol radica en su aspecto irracional e imprevisible, pero hay quien insiste en querer descifrar todos sus secretos. Los investigadores de la Universidad John Moores de Liverpool, por ejemplo, creen haber encontrado la fórmula del penal perfecto. Después de visionar cientos de tentativas, concluyeron que con un impulso de cinco o seis pasos, un golpeo a 105 km/h o más y un ángulo de 20 a 30 grados para que el balón traspase la línea exactamente a 50 cm del larguero y de uno de los postes, el tiro era imparable para el guardameta. Los estadísticos de Castrol, tras dos años de pesquisas, constataron que el 95,4% de los tirados hacia arriba daban en el blanco, mientras que sólo un 71,3% de los dirigidos hacia la parte baja del arco terminaban en el fondo de las mallas.

El presidente brasileño y el héroe checo
Todos estos análisis podrían conducir a pensar que, con un poco de entrenamiento, un penal es una simple formalidad. Pero la existencia de especialistas en esta disciplina y, en el otro extremo, de jugadores que esperan no tener que afrontarla nunca demuestra que requiere competencias particulares. Además de un golpeo potente y preciso, es necesaria una mentalidad de acero. "La condición física y la determinación son factores importantes en el momento de tirar", confirma el brasileño Dunga, a quien no le tembló la pierna en la final de la Copa Mundial de la FIFA 1994. "¡En Brasil, se dice que los penales son tan importantes que sólo debería estar autorizado a lanzarlos el presidente!".

Sin entrar en política, algunos futbolistas asumieron pese a todo grandes responsabilidades desde los once metros. El más célebre es sin duda el checo Antonín Panenka, quien no sólo no falló más que un único penal en toda su carrera -¡y fue en un amistoso!-, sino que además dejó una impronta indeleble en la historia del deporte rey. Al ver puerta mediante un lanzamiento bombeado tras un amago en el penal que dio la victoria a los suyos en la final de la Eurocopa 1976 frente a Alemania, el ex internacional checoslovaco asoció su nombre a esta técnica para la eternidad. "Me alegra haber dejado una huella", reconoce orgulloso su inventor. "Ese penal me hizo famoso. Por otra parte, creo que jugué muchos otros buenos partidos, pero ese gesto los ocultó...".

Los ingleses Alan Shearer o Gary Lineker también hicieron de los penales una de sus especialidades, aunque el más destacado de sus compatriotas sigue siendo Matthew Le Tissier. El ex jugador del Southampton transformó 49 de los 50 que lanzó a lo largo de su trayectoria, con una sola mácula, ante el portero del Nottingham Forest Mark Crossley, reputado por su habilidad en esta lid. Otro especialista, el italiano Roberto Baggio, exhibe el promedio de aciertos más elevado de la historia del Calcio, 76 de 91 intentos durante sus 22 años en activo.

Grandes jugadores, inmensa presión
Con todo, el ex del Juventus hubiera preferido fallarlos todos y hacer diana en una tarde de julio de 1994. Roby, quinto lanzador de la Squadra Azzurra en la final de la Copa Mundial de la FIFA celebrada en Estados Unidos, vio cómo su disparo se escapaba hacia arriba, y con él sus sueños de gloria mundialista. "Aunque Baggio solía enviar balones rasos, aquel día tiró muy alto, lo que demuestra lo estresantes que son estas pruebas", recuerda el auriverde Branco, quien estuvo entonces en el bando vencedor.

Como el genial transalpino, son muchos los grandes futbolistas que han fracasado ante el punto penal. En cuartos de final de México 1986, el francés Michel Platini, que no había desaprovechado ni un solo penal en su carrera, ejecutó un disparo digno de una transformación de rugby en la tanda que encumbraría finalmente a los Bleus frente al Brasil de Zico y Sócrates, dos de los mejores jugadores del planeta. Fue un día nefasto para los artistas, puesto que el Pelé blanco había errado otro penal durante el tiempo reglamentado, y el Doctor en la serie definitiva...

Del mismo modo, en 2003, David Beckham resbaló y envió el esférico a las gradas del estadio Şükrü Saraçoğlu en un partido de la fase previa de la Eurocopa 2004 disputado en Turquía. También en Estambul, unos meses más tarde, el ucraniano Andriy Shevchenko, en aquel momento poseedor del Balón de Oro, falló ante Jerzy Dudek, dejando que el Liverpool ganase la Liga de Campeones de la UEFA 2005...

Si añadimos al holandés Marco van Basten en la Eurocopa 1992, al español Raúl en el certamen continental de 2000, o al portugués Cristiano Ronaldo en la final de la Liga de Campeones 2008, comprenderemos por qué los aficionados suelen repetir que "siempre son los grandes quienes fallan". Por supuesto, se trata de una idea preconcebida, ya que estos astros no yerran más que los demás, ¡simplemente sus traspiés tienen mayor relevancia!

Defensas desafortunados
Aun así, insistiendo en querer encontrar una categoría de jugadores malditos, fijémonos en los laterales franceses... En la final de la Copa de Europa 1991, el experimentado Manuel Amoros, carrilero derecho del Olympique de Marsella, no consiguió marcar, sin que titubease ningún jugador del Estrella Roja de Belgrado. Siete años más tarde, en cuartos de final de Francia 1998, el lateral izquierdo de los Bleus Bixente Lizarazu envió la pelota directamente a Gianluca Pagliuca. Otro lanzador desdichado fue el ex del Lyon Eric Abidal en cuartos de final de la Liga de Campeones 2005, dando al PSV Eindhoven vía libre hacia las semifinales.

Evidentemente, no es una peculiaridad francesa, y los penales han dejado malos recuerdos a otros zagueros. En la final de la Copa América 2004, el argentino Gabriel Heinze -¡que había jugado antes en Francia!- malogró su oportunidad contra Brasil. En cuanto al camerunés Pierre Womé, tendrá presente mucho tiempo el último choque de la competición preliminar para la Copa Mundial de la FIFA 2006, ante Egipto. En el último minuto, Camerún dispuso de un castigo máximo a favor. Si los Leones Indomables lo transformaban, estarían en Alemania. El lateral izquierdo del Inter de Milán estrelló el cuero contra el poste, y su equipo acabó en el purgatorio. "Nadie quería tirarlo, porque sabían lo que podía pasar si fallaban", explica el protagonista. "Yo tuve la valentía de colocarme ahí. En Sydney, en 2000, lancé el último tiro de la final. Marqué y nos proclamamos campeones olímpicos...".

Tripletes dispares
Pero no todos los laterales derechos tropiezan en el momento decisivo. El alemán Andreas Brehme permitió a la Mannschaft convertirse en campeona del mundo frente a Argentina en 1990, al inscribir de penal el solitario tanto del encuentro. Por ironías del destino, en semifinales Alemania se había clasificado en los penales contra Inglaterra, sobre todo gracias al fallo de Stuart Pearce. ¿Y qué posición ocupaba éste? Lateral zurdo, cómo no...

Terminemos esta vuelta al globo con dos monumentos, Brasil y Argentina, cuyos delanteros figuran en un lugar prominente en la historia del penal. En la competición preliminar para Alemania 2006, el brasileño Ronaldo se bastó para doblegar a su acérrimo rival, la Albiceleste, transformando tres penales (3-1). El argentino Martín Palermo, por su parte, entró en los anales durante la Copa América 1999, ante Colombia, merced a tres penas máximas... ¡fallidas! "En el primer partido marqué dos goles, y se decía que yo iba a ser el máximo goleador. Tres días después fallé tres penales y me convertí en el peor de todos. Eso me enseñó que en el fútbol puedes estar en lo más alto un día y hundido unos días más tarde", filosofa el infortunado.

La maldición del Diez
El mismísimo Diego Armando Maradona puede contar lo difícil que es afrontar un remate desde el punto fatídico. El mítico capitán argentino entró en la historia de su país por varios récords positivos... y de los otros. En 1996, jugando para Boca Juniors, falló cinco penales consecutivos en distintos partidos.

Por increíble que parezca, Pelusa remató desviado ante Newell's Old Boys, estrelló el balón en el poste contra River Plate y padeció los buenos reflejos de César Labarre (Belgrano de Córdoba), Hernán Castellano (Rosario Central) e Ignacio González (Racing Club).

No obstante, otro penal fallado por el astro que será recordado por muchos años es el que le detuvo el yugoslavo Tomislav Ivkovic en la definición de los cuartos de final de Italia 1990. "Lo conocía porque atajaba para el Sporting Lisboa cuando yo estaba en Nápoles. En una definición de Copa UEFA me apostó 100 dólares que me atajaba el penal. 'Trato hecho', le dije. ¡Fui un estúpido! Me lo detuvo. En el 90' nos volvimos a encontrar y no ejecuté bien... ¡me lo volvió a atajar! Por suerte, (Sergio) Goycochea me dijo que me quedara tranquilo, que él atajaría dos. Y lo hizo, pudimos ganar. Recuerdo haber dicho que lo fallé a propósito para repetir la historia de la UEFA, pero no era verdad...", recordaría el argentino en su libro Yo soy el Diego.

Tácticas

El ajedrez, entre la guerra y la vida

Anand, representante del nuevo mundo, sobresale en posiciones tácticas, el predominio del cálculo y su fantasía infinita Kramnik, el viejo mundo, destaca en posiciones estratégicas, para las que la moderna tecnología no sirve El ajedrez, el azar no juega ningún papel, su objetivo es la búsqueda de la perfección

Para Paco Bravo Compré en mayo del año pasado las entradas para las cuatro últimas partidas, de las doce previstas, del duelo por el campeonato del mundo entre el ruso Vladimir Kramnik y el indio Viswanathan Anand. Este es para mí el más grande espectáculo deportivo (competitivo, no cruento) e intelectual (transparencia del razonamiento lógico) al que se puede asistir hoy en día. Ningún entendido esperaba que ese día de noviembre, cuando llegué a Bonn, el jugador indio tendría una ventaja de tres puntos, es decir, sólo tenía que conseguir un punto más para proclamarse vencedor. La primera partida que vi, la novena, acabó en tablas después de una ligera ventaja de las negras (Kramnik) que, contra la opinión de muchos, entre ellos el propio Anand, como confesó después en la rueda de prensa, nunca creí que el ruso supiera, o quisiera (el espíritu ruso sólo se motiva en situaciones extremas, de ahí toda la épica que envuelve su historia y su literatura) transformar en victoria.

Ningún analista daba ya ninguna posibilidad de triunfo al ruso, pues tenía que ganar las tres últimas partidas... ninguno excepto yo. (Cuando escribo esto estoy en la sala de juego en la jugada 20 de la décima partida, con ligera ventaja de Kramnik, que juega con blancas). Porque para mí, no estaba en juego sólo un campeonato del mundo, sino el destino de todo un pueblo y el posible advenimiento de otro, con un nuevo orden mundial.

La reciente crisis financiera (en octubre del 2008), económica hoy, había cambiado ya este orden mundial con gran rapidez y simpleza. El único problema que veía a mi predicción (sancionada por el average negativo que reflejaban las apuestas - ¡y que me podía hacer ganar mucho dinero en caso de que que ganara Kramnik!-)era precisamente esta crisis, en la medida que el ajedrez, espejo de la vida (su resolución formal), ¡o la vida misma!, según Fischer, siempre había reflejado e incluso anticipado todos los cambios históricos y socioeconómicos.

Antes de viajar a Bonn un amigo definió esta crisis, para gran preocupación mía (de mi dinero invertido en apuestas, de mis prejuicios lentamente solidificados sobre la preponderacia de la estrategia sobre la táctica, hoy en riesgo de quedar obsoletos, de mis, por qué no decirlo, preferencias estéticas), como una simple actualización:"Coges los libros de texto de cuando eras pequeño con los mapas pintados con los dos grandes bloques, el capitalista y el comunista, cambias los colores y obtienes el mundo de hoy".

Eran estos factores extradeportivos, por tanto, los que más me angustiaban, pues tenía miedo de que pudieran confirmarse en este match.Por un lado, a falta de tres partidas, el viejo mundo, el incendio de Moscú, la victoria agónica en Stalingrado, la revolución rusa, el sistema staliniano y su reflejo en las grandes escuelas de ajedrez rusas y el trabajo colectivo que acompañó a todos sus campeones hasta Kasparov (con el llegó la perestroika, de inspiración un poco más individualista); y las famosas palabras de Hitler en julio de 1941: "Es curioso advertir hasta qué punto la situación de un pueblo en el mundo es efecto de su edad. Una nación joven necesita éxitos constantes.

Una nación envejecida puede permitirse continuos fracasos. Alemania e Inglaterra. Es necesario que dominemos esa región del Este con doscientos cincuenta mil hombres encuadrados por buenos administradores. Tomemos ejemplo de los ingleses, que con un total de doscientos cincuenta mil hombres - de ellos cincuenta mil soldados-,gobiernan a cuatrocientos millones de hindúes". Por un lado pues, toda la estructura mental de la Vieja Europa.

Por el otro, el nuevo mundo de los ejércitos profesionales (privados incluso: ¿contra qué luchan?), las economías emergentes, el poder nuclear indio, la permeabilidad y adaptación de su población a las nuevas tecnologías, a las que en Rusia sólo accede una élite, y la fuerte desregulación de una sociedad india, paradójicamente muy jerarquizada, como en el caso de Rusia: ¿será esta la mejor forma de organización social para enfrentarse a los retos del mundo moderno? Un nuevo mundo donde las amenazas bélicas obtienen por respuesta de la comunidad internacional un bloqueo económico, jamás una guerra que el probable vencedor curiosamente no puede permitirse (fracasos y retiradas progresivas en Iraq y Afganistán).

A partir de la clásica distinción de Clausevitz entre táctica y estrategia (para él, la táctica enseña el empleo de las fuerzas armadas en el combate y la estrategia el empleo de los combates para alcanzar el propósito de la guerra) se comprende que en este nuevo mundo, también para el ajedrez, y que podía sustituir al viejo de golpe, el jugador indio sobresalga en posiciones tácticas (aquellas en las que predomina el cálculo y la fantasía infinita y bella del mismo), posiciones estas en las que las máquinas son insuperables y a las que se puede imitar por inercia y talento; mientras que el ruso, representante del viejo mundo, destaca en posiciones estratégicas, para las que la moderna teconología no sirve, pues no pueden calcularse y sí pueden aprenderse. (Con este poco sentido de la táctica, Kutuzov y Zhukov enviaron a millones de abnegados soldados - ingenuos, hoy-,muchos de ellos inútilmente desde un punto de vista táctico, pero consiguieron in extremis el objetivo estratégico de la victoria final). La lucha entre estas dos aproximaciones y el grado de preponderancia de una sobre otra iba a determinar el resultado final del campeonato.

Esta dialéctica que vive en el corazón de todo ser humano y que el ajedrez refleja de forma nítida y perfecta (se suprime el azar que tanto distorsiona el arte de la guerra) ha sido abordada por grandes escritores, con diferentes resultados literarios pero indiscutiblemente mediocres en su capacidad analítica.

Stefan Zweig y Vladimir Nabokov escribieron dos novelas muy famosas sobre el tema pero débiles en lo que respecta a su profundización de los aspectos técnicos y psicológicos del ajedrez. Los elementos novelescos más efectistas (los desórdenes mentales de todo tipo, la inadaptación al mundo, etcétera), como sucede también en El jugador de Dostoievski, ahogan por completo la verdadera reflexión sobre la naturaleza del juego del ajedrez y el sentido competitivo de cualquier juego.

Para encotrar libros apasionantes sobre el tema, aunque sea de forma implícita, debemos acudir a Guerra y paz de Tolstoi y a las crónicas históricas Stalingrado y Berlin de Anthony Beevor, militar inglés, talentoso escritor y lúcido y desprejuiciado pensador.

Aparte, es interesante el libro Campos de fuerza,la curiosa, aunque ligera, crónica del campeonato del mundo disputado en Reijkiavik entre Fischer y Spassky, escrita por el teórico de la literatura George Steiner. Y por supuesto, no podemos evitar citar las obras de dos grandes tratadistas del arte de la guerra: Carl Von Clausevitz, con su capital De la guerra,y el más desconocido Antoine-Henri de Jomini, con su Compendio del arte de la guerra y otras obras.

La desafortunada carrera militar de este último y su secreta y enorme influencia en Napoleón y en el zar Alejandro, a los que sirvió indistintamente, fueron motivo de fascinación y reflexión para Josep Pla. Para comprender el nudo central de esta dialéctia entre táctica y estrategia, la décima partida fue soberbia y muy ilustrativa. Fue la primera victoria de Kramnik en el duelo y para la mayoría de verdaderos aficionados fue la más apasionante de todas. "No sé qué he hecho mal", dijo Anand al final en la rueda de prensa.

"Parece que no he hecho nada especial y al final tenía una posición ganadora. Es una posición muy complicada que incluso grandes maestros del más alto nivel no pueden comprender", aseveró Kramnik por su parte. Y, por supuesto, de bien poco servían los ordenadores en esta posición, como quedó demostrado en los análisis en la sala de prensa durante la partida, porque estos no piensan con lógica estratégica, sino con lógica táctica basada en el cálculo bruto, que no puede dar nada relevante en este tipo de posiciones. "No pueden comprender", dijo Kramnik... porque no se pueden calcular.

Y estas son el tipo de posiciones preferidas del ruso, representante del viejo mundo: el mundo de las partidas lentas, de los interminables campeonatos del mundo, del ajedrez por correspondencia sin ordenadores, hoy casi desaparecido; ese mismo viejo mundo ajedrecístico del jugador que con el tiempo necesario puede vencer a los jugadores profesionales de torneos (mejor preparados en aperturas con las bases de datos de los ordenadores); o de ese otro jugador (sólo un puñado de grandes maestros, es verdad) que puede, todavía hoy, vencer a los ordenadores más potentes (¡programados por ajedrecistas!) que calculan millones de jugadas por segundo; ese mundo, en definitiva, que en ajedrez busca la perfección.

Este mundo, con la victoria de Anand, a pesar suyo y del juego deslumbrante que mostró durante todo el campeonato, ha hecho un sensible paso más hacia su desaparición definitiva. El espectáculo, esto es, el dinero, lo ha matado. El deporte con menos aptitudes para ser fagocitado por la lógica del espectáculo ha sucumbido a él: véase el zoológico espectáculo de los jugadores en el último torneo de Bilbao, jugando dentro de unas peceras de cristal en medio de la plaza pública.

Qué contrasentido... ¡cuando la belleza del ajedrez, que es su profundidad, suele estar precisamente en aquello que no se ve!: las variantes que los ajedrecistas piensan y no juegan sobre el tablero, por razones lógicas de puro cálculo, psicológicocompetitivas o, incluso, metafísicas - signos de los tiempos y de los pueblos.

La lógica estratégica busca la perfección que debe conducir de forma fatal a la victoria final; la lógica táctica busca el refinamiento, la sofisticación diabólica de la imperfección, es decir, el aprovechamiento impío de la ausencia de perfección que, azarosamente, puede también conducir a la victoria final. También en la geopolítica moderna hemos visto como los golpes tácticos puros (el terrorismo) ponían en jaque a todo un sistema basado en la defensa perfecta: el de los estados que aman la paz y sólo se lanzan a la guerra convencional (estratégica) para defenderse de amenazas potenciales o reales.

Esta es su naturaleza, y cuando se salen de ella, caso de Estados Unidos cuando ha apoyado golpistas en países sudamericanos o líderes dudosos en Oriente Medio, siempre le ha salido mal, pues la lógica de estas actividades, en apariencia estratégica, era en realidad táctica, para un jugador o una posición inadecuada: es la misma sensación que todos los jugadores de ajedrez conocen cuando una combinación sale mal, es decir, cuando es refutada por la lógica superior o más profunda del adversario.

La profundidad está reñida con el espectáculo y Kramnik ha sido muy a menudo calificado como un jugador pasivo,por su juego y por firmar muchas veces tablas prematuras (decisión nunca táctica y, por tanto, poco comprensible para aficionados no experimentados); se le ha acusado de falta de ambición cuando para él la perfección está en la paz perpetua (no perder jamás) y sólo cuando se le obliga se lanza al ataque que destruye la máxima armonía de las piezas al inicio de la partida o de todas aquellas partidas que acaban en tablas forzadas.

La guerra convencional, e incluso la guerra de guerrillas tiene como objetivo estratégico final la creación de un nuevo orden; al contrario, el terrorismo tiene como objetivo, por definición, socavar un orden ya existente. De hecho, el terrorismo nunca ha conseguido sus objetivos porque, a pesar de ser fascinante y atrevido estéticamente, heroico incluso, simplemente no tiene futuro:sus fines se agotan en sí mismos y mueren en su propio fuego (casos de jugadores como Shirov y Tal).

Y se desmorona al mismo tiempo el mito de la gran sabiduría estratégica del terrorismo que persigue unos objetivos tan lejanos que sólo él puede vislumbrar y que siempre se mantienen curiosamente a la misma distancia (esto es, son tan inmóviles que se confunden con él). Décadas de terrorismo ruso, de audacia de corazón (valentía), no consiguieron lo que en pocos años consiguió una simple revolución, de audacia de espíritu (resolución)... por definición, estratégica; si no, se hubiera tratado de un inofensivo acto rebelde, táctico.

Los alidados del terrorismo, en el mundo moderno, son los mismos que los de este nuevo orden mundial del ajedrez que se está instaurando: los medios de comunicación de masas, el espectáculo y la opinión pública. ¿Cómo podemos tolerar la aberración que supone (por fortuna, sin una masiva aceptación por el momento), como hemos visto en el citado torneo de Bilbao, dar tres puntos por victoria y medio punto por tablas, como si estuviéramos en un vulgar partido de fútbol?

Esto es propio de deportes en los que el azar juega un papel importante (físicos, de equipo, con pelotas, es decir, imprecisos) y donde, a pesar de su profusión, dicho azar no se reparte de forma equitativa: los árbitros, la presión mediática, la agresividad del público, un reglamento confuso, etcétera, lo impiden. El aprovechamiento inteligente y estratégico de este azar, por tanto, es algo remarcable y puede merecer los tres puntos.

En una palabra, en deportes en esencia resultadistas, a pesar de clamar lo contrario y del menosprecio en que suelen caer los equipos que siguen esta filosofía, que es en el fondo la más acorde con la naturaleza íntima de dichos deportes, es donde la verdad (y su congénita belleza: ¡cómo el ajedrez refleja y demuestra el axioma platónico de la inviolabilidad de la unión de estos dos conceptos!) es indescifrable y, aún peor, superflua.

Es comprensible, pues, la facilidad con que estos deportes generan aficionados fanáticos, manipulables y estúpidos, que son todos; y cuánto más cerca están, a nivel teórico, del circo romano que del noble arte de la guerra. En el ajedrez, sin embargo, el azar no juega ningún papel (y, en cualquier caso, se reparte de forma equitativa). La lógica del espectáculo y de sus representaciones de acontecimientos le es ajena.

Su objetivo es la búsqueda de la perfección, desconocida a día de hoy pues ninguna computadora ha podido establecer cuál es el resultado ideal de una partida, ni parece que vayan a poder hacerlo en un futuro cercano (las combinaciones posibles son de 10 elevado a 126 ceros, más que átomos hay en el universo).

O, al menos, en ausencia de la perfección, la búsqueda de la unidad.La aberración de Bilbao podría compararse a dar como ganador de un maratón (otro deporte con poco azar de por medio: en eso reside su famosa mística - que no pueden tener los citados deportes vulgares-,pues su búsqueda, como en el ajedrez, es en el fondo espiritual) no al que llega primero al final de la carrera, sino al atleta que ha logrado los mejores puestos en varios pasos intermedios (pequeñas victorias azarosas o representaciones del gran acontecimiento final invisible). Y, claro, entonces tendríamos ocho maratones en uno (imagénes alejadas, no vividas) y mucho más espectáculo paro los legos.

Como en el ajedrez, en el maratón, su esencia, su belleza, ¡está en aquello que no se ve! ¿Són científicamente menos ideales las tablas que la victoria? Hoy no se sabe. Pero la clásica y tradicional proporcionalidad (medio punto, un punto) parece la más armoniosa... para alcanzar la verdad final del ajedrez, que no es la mera victoria: como el ideal de cualquier maratoniano, no es tanto ganar la carrera como morir justo después de cruzar la meta, por falta de reservas de energía, ni siquiera para seguir con vida; ni antes de cruzarla (imperfección estratégica), ni mucho después (imperfección táctica, aún más penosa).

¿Es este ideal de unidad superior a la victoria competitiva? La respuesta es difícil pero, en cualquier caso, estamos mucho más allá de todos los otros deportes, de esencia resultadista. ¿Tiene este ideal del maratón - no olvidemos su origen mítico y la muerte fundacional del primer corredor-algo que ver con ser el mejor sprinter en pasos intermedios? ¿Tiene algún sentido decidir un campeonato del mundo de ajedrez en un desempate a partidas rápidas (el ajedrez rápido es ya una contradicción en sí misma)? ¿O ir reduciendo, cada vez más, la duración de las partidas en los torneos profesionales? ¿O ir reduciendo también el número de partidas que deciden un campeonato del mundo o una final de candidatos?Un buen ejemplo de este descalabro lo encotramos en el reciente match de candidatos entre Kamsky y Topalov.

Las habilidades prácticas de este último le bastaron para conseguir una victoria triste, casual y poco merecida. En un duelo a sólo ocho partidas, el juego más profundo y completo de Kamsky al final sucumbió ante el perverso y vacío aprovechamiento táctico de pequeños despistes de este por parte del búlgaro.

De la misma forma, hoy, el ejército más completo y preparado del mundo, el de Estados Unidos, es inútil para controlar y eliminar las amenazas de pequeños países improductivos bélicamente, pero hábiles y, por tanto, peligrosos. Con la victoria de Anand, y a pesar suyo en el fondo, todo un mundo ajedrecístico da un paso más hacia su desparación (¿anticipa también un nuevo orden mundial?).

Perdí mucho dinero en las apuestas, pero puedo consolarme de estas dos tristes desgracias con una felicitación sincera a Viswanathan Anand por su formidable victoria, por haber jugado el mejor ajedrez de su carrera y por haber preparado este campeonato de forma tan convincente. El amor por el riesgo y la bravura que le definen estuvieron en Bonn siempre controlados y todos los golpes tácticos se armonizaron asombrosamente con los objetivos estratégicos.

La gran épica rusa fue embaucada, esta vez, por la magia indú... y por un poder real, que niega hoy categóricamente las palabras de Hitler de 1941. Un poder que anuncia una nueva supremacía mundial, de países como India o China (esta última con numerosos grandes jugadores ya en la élite), con una capacidad creciente y voraz de copiar y competir con la economía y la industria occidentales (la bélica también, con China y la desafiante Corea del Norte a la cabeza), y siempre a la búsqueda insaciable del éxito moderno (eficacia efectista), olvidando quizás demasiado pronto el antiquísimo origen y los tradicionales valores de su civilización.

¿Sabrá el viejo mundo y sus futuros grandes jugadores de ajedrez reaccionar y volver a recuperar su trono? Porque este debe ser su primer objetivo: no lo olvidemos, el ajedrez es deporte, ciencia y arte... por este orden. Ningún valor tiene la perfección estratégica (ciencia), ni la belleza táctica (arte) si no conducen al estadio máximo de armonía competitiva que es la victoria, o al menos, la ausencia de derrota (deporte).

miércoles, 29 de julio de 2009

Científicos

Fluidos y con aire en la entrepierna

Los científicos de la FINA estudian a pie de piscina el origen de la velocidad que imprimen los bañadores con poliuretano

La Federación Internacional de Natación (FINA) está elaborando un nuevo reglamento que a partir del próximo año prohibirá los bañadores con poliuretano. El máximo organismo sabe lo mismo que los nadadores: estos trajes aceleran las carreras artificialmente. Lo que ignora son las causas precisas del fenómeno. Para tratar de averiguarlo contrató hace seis meses al profesor Jan Anders Mason, experto en polímeros del Instituto Federal de Tecnología de Suiza que participó en la fabricación del Alinghi, el barco que ganó la Copa del América. Este científico llevaba meses dando palos de ciego. Sólo cuando empezó la competición en los Mundiales se ha encontrado con un laboratorio de pruebas completo. Después de hablar con nadadores, entrenadores, fabricantes, químicos y físicos, ha esbozado tres conjeturas para explicar la ola de récords. La primera causa parece la hidrodinámica; la segunda, las bolsas de aire, y la tercera, el efecto arco.

- Hidrodinámica. Los expertos opinan que los bañadores completamente forrados de poliuretano, como el Jaked o el Arena, son más rápidos porque, ante todo, permiten al nadador moverse en el agua sin crear turbulencias. "Con el movimiento del nado, los músculos vibran en el agua y se hacen remolinos que frenan al cuerpo", explican; "la película de plástico aprieta y confiere al nadador una uniformidad y una dureza artificial que es hidrodinámica". Gracias a esta facultad, los nadadores pueden mantener el cuerpo en la superficie durante más tiempo. Esto ayuda especialmente a los bracistas menos técnicos, que antes tenían dificultades para mantener sus piernas arriba. Francesco Fabbrica, el empresario italiano que inventó la doble capa, de textil y goma plástica, coincide con los científicos: "El secreto del Jaked no es la impermeabilidad total, sino la fluidodinamicidad, el bajo nivel de rozamiento con el agua. La capa externa es una película de poliuretano que facilita la fluidez del cuerpo en el agua. Nuestro poliuretano es la clave".

- Burbujas. El aire que se atrapa entre la piel de los nadadores y la capa de goma aumenta la flotabilidad. En este sentido, hay dos categorías: los trajes de Speedo, usados por Michael Phelps, y el resto. Los de Speedo son impermeables en un 50% y atrapan menos aire. Los modelos de Jaked, Arena y Adidas, al ser totalmente impermeables, según Mason, podrían acumular cerca de un litro de aire en burbujas repartidas por todo el cuerpo. Un litro de aire supondría una fuerza de flotación de 10 newtons, lo que convertiría a estos bañadores en ilegales, según la normativa vigente de la FINA. Para averiguar dónde se alojan estas burbujas, los científicos que colaboran con Mason se han situado en la cámara de salidas de la piscina observando tres zonas donde creen que puede haber aire atrapado: el pliegue detrás de las rodillas, la zona lumbar, la entrepierna y, en las mujeres, el busto. Los testigos de la FINA han observado que los trajes de Jaked, por su corte, aprietan más que los de Arena dejando poco sitio para el aire en estas partes.

- 'Efecto arco'. Los bañadores ajustan tanto el cuerpo que refuerzan los movimientos de la musculatura. Los científicos lo llaman efecto arco. El nadador es un arco y el bañador es la cuerda que lo tensa manteniendo altos los hombros y las piernas y respondiendo a cada gesto simétrico con una fuerza asimétrica que multiplica la eficacia y la elasticidad de los movimientos.

Discurso

Discurso sin método

El doctor Alan García promete que en el 2021, el año del bicentenario de la independencia, Perú será un país del primer mundo. Será un milagro pertenecer al ranking del primer mundo con presidentes del tercero, digo yo.

Después habla de un pueblo convocado que hará obras públicas sin intermediación de autoridades ni burocracias. O sea, como lo trató de hacer Belaunde con su Cooperación Popular y las históricas placas donde se leía: “El pueblo lo hizo”.

Señala en seguida que gracias a él la pobreza ha bajado 14 puntos porcentuales: de 50 a 36 por ciento. Sólo Fujimori mentía con esta desfachatez. Las estimaciones más optimistas apuntan a una reducción real –metodología nueva y algo tramposa incluida- de cuatro puntos porcentuales.

Al rato demanda al ministro del Interior que use las armas de la policía “sin vacilación”. No lo satisface Bagua. Quiere más. Y en ningún momento del discurso lamenta la muerte de los 10 nativos. Reserva sus pesares sólo para los policías asesinados. Penas unilaterales de conservador converso.

Insiste, otra vez, en citar mal a Vallejo: “Pero hay, hermanos, muchísimo más que hacer”, dice con voz de recitador en el teatro Segura. Y no ha dicho que esté parafraseando. ¿Por qué le gustará manosear al pobre Vallejo?

Se jacta de que los teléfonos celulares ya no son los cinco millones que él encontró. “Ahora hay 20 millones”, se fascina. Como si ese no fuera el negocio leonino de Telefónica, Claro y Nextel.

Segundos más tarde, un gran hallazgo retórico: “Tuvimos errores”. Pero, oh desilusión, no señala cuáles. La autocrítica no le alcanza para tanto.

En seguida dice que parte de su misión es “salvar al Perú de la crisis mundial”. Pero en el mismo discurso dice que ya hay señales de que el mundo está saliendo de la crisis. ¿De qué nos salvará, entonces? ¿Por qué no nos salva de él mismo?

Con el cinismo en ristre afirma que la democracia requiere de “poderes independientes”. No alcanzo a distinguir si Luis Alva Castro, su seudónimo en el Congreso servil, lo mira con especial devoción en ese momento.

“Cualquiera puede movilizar a las turbas”, exclama indignado. Una turba de aplausos convenidos lo interrumpe.

“El modelo estatista y autoritario necesita controlar al parlamento”, reincide. Pero ya no parece cinismo sino alguna encefalopatía.

Anuncia que presentará el Código del Consumo y que una nueva cárcel en la selva espera a los corruptos. Pero no habla de la corrupción que invade su gobierno ni de la fiscalización que la puede evitar y que él, más bien, quiere debilitar para apurar el gasto.

“Haremos la Descentralización Popular No Burocrática”, persevera. Es que cuando se prometen idioteces nadie va a reclamar su no cumplimiento. ¿Se imaginan a alguien diciéndole dentro de once meses: ¡usted prometió la Descentralización Popular No Burocrática y no ha cumplido!?

Y a renglón seguido una frase que quedará para la historia del ridículo: “La mejor manera de dialogar es gastar...” Como si todo fuera un asunto de dinero. Como si el sentido de la dignidad no hubiese estado presente en las cóleras de Bagua y en las lejanías hostiles del sur andino.

“Tengo un pacto sagrado con los jóvenes”, afirma. ¿Ignora que la mayor parte de los secretarios regionales de la Juventud Aprista se han pronunciado en contra de la expulsión ignominiosa de Luis Alberto Salgado, castigado por decir que el Apra se ha apartado de su cauce?

¿Y su respuesta a la reforma del Estado? Parece una broma: “¡Los Núcleos Ejecutores de Jóvenes!” Cree que con cuadrillas de obreros provisionales que hagan escaleras y limpien acequias se arreglará el problema del Estado-botín, del Estado cuadrapléjico que complica las cosas y produce la más alta cuota de corrupción.

Cuando anuncia que en el 2010 el Perú deberá de crecer por encima del 6 por ciento, ya la cosa es digna de “Los chistosos”. Lo mismo que cuando se enorgullece del precio de la gasolina (aunque no dice que el barril del crudo ha bajado 80 dólares desde su pico de 145 y que a eso se debe la insuficiente reducción del precio del galón de combustible).

Cual socio de Telefónica o amigo de Carlitos Slim (que lo es), se hincha para decir que hoy tenemos 772,000 conexiones de banda ancha. Lo que no puede reconocer es que las tarifas que aquí se cobran son las más caras de la región.

Y otro anuncio: “Comenzará la derivación de Huascacocha” (para la Central de Huachipa). No dice cuándo ni cuánto cuesta ni en qué estado está el estudio. Llena las páginas de augurios coloridos como este: “Se completará la entrega de 292,000 computadoras entre escolares...”

Ya no es circense ni festivo cuando grita que “se ha capturado a 498 sospechosos de terrorismo”. No precisa cuántos de esos sospechosos tuvieron que ser liberados porque sus detenciones fueron brutales y arbitrarias.

Pero quizá lo peor del malhadado discurso ha sido aquello del Núcleo Básico de Defensa.

Ha sido de una absoluta irresponsabilidad histórica mentirle al Perú diciendo lo que no es y anunciando “terribles sorpresas” que sólo existen en la cabeza de Su Excelencia. Estamos desarmados frente a Chile. Dependemos del pacifismo de Chile, no del nuestro. Esa es la pura verdad.

lunes, 27 de julio de 2009

Futbolistas

TOP ten de futbolistas mercenarios

(PD).- The Sun sigue con sus particulares listas sobre futbolistas bigotudos, feos o macarras. En esta ocasión se trata de un 'top ten' donde hay algún viejo conocido del fútbol español. Seguro que más de uno echa en falta nombres en la lista.

1.- Adebayor. El último fichaje del Manchester City, procedente del Arsenal. Ha costado 25 millones de libras. Dice que ha dejado el equipo londinense porque las críticas de sus aficionados y asegura que "no es mi culpa que Milan, Barcelona y Real Madrid quisieran ficharme". Eso sí, cobrará 150.000 libras a la semana.

2.- Ashley Cole. Dejó el Arsenal para fichar por el Chelsea, algo que no le han perdonado nunca. Su traspaso, por medio de libre transferencia, le costó una multa de 100.000 libras. Pero no le importó. Como tampoco que el equipo de Wenger le ofreciera un aumento cercano a la oferta de Abramovich. Por eso, los aficionados gunners le llaman 'Cashley'.

3.- Figo. Qué decir del magnífico extremo portugués. Siendo candidato, Florentino Pérez aseguró que si llegaba a la presidencia del Madrid, ficharía a la estrella y uno de los capitanes del Barcelona. "Qué ilusos", pensarían los azulgranas hasta que vieron al portugués con la camiseta blanca tras el pago de 60 millones de euros. Quizá habían olvidado en qué condiciones salió del Sporting de Lisboa. En su vuelta al Camp Nou, Figo fue recibido con pitadas, billetes con su semblante, botellas y una cabeza de cochinillo. De los mejores momentos de la Liga.

4.- Sven-Goran Eriksson. ¿Cuál es la diferencia entre un manager y un director deportivo? Exactamente dos millones de libras. Ha pasado de entrenar a la selección mexicana a dirigir al Notts County, de la tercera división inglesa. Gana 5.480 libras al día, casi 6.400 euros.

5.- Carlos Tévez. Otro seducido por los petrodólares de los dueños del Manchester City después de que varios equipos preguntaran por él. Acaba de fichar procedente de los vecinos del United. No obstante, hay que decir a su favor que Ferguson se negó a pagar los 25,5 millones que pedía el agente del jugador por los derechos. Incluso llegó a rechazar un ofertón del Liverpool para no ofender a los seguidores de su antiguo equipo.

6- Van Hooijdonk. Este holandés de nombre impronunciable -se llama Petrus Ferdinandus Johannes van Hooijdonk- rechazó un contrato de 7.000 libras semanas con un sutil "eso está bien para las personas sin hogar, pero no para mí". Se retiró hace un par de años después de haberse arrastrado en equipos como Celtic, Benfica o Feyenoord.

7.- Anelka. Una cifra: 124 millones de euros. Es lo que han gastado varios clubes en fichar a este delantero francés. Se trata de otro conocido de la Liga española. Llegó al Madrid procedente del Arsenal tras el pago de 4.000 millones de pesetas. De él sólo se recuerdan en la capital español dos cosas: un gol que metía al Madrid en la final de la Copa de Europa y una sanción por negarse a entrenar. Desde entonces ha pasado por seis equipos y actualmente sigue demostrando su calidad en el Chelsea.

8.- Sol Campbell. Uno de los mejores defensas británicos, pero no pudo equivocarse más por el destino y el equipo. Dejó el Tottenham para fichar por el Arsenal... después de haber dicho que nunca se pondría la camiseta de los gunners. Desde entonces, los aficionados spurs le llaman "Judas".

9.- Winston Bogarde. Mirando su trayectoria, podría tratarse de uno de los mejores jugadores de la historia. Ajax, Milan, Barcelona y Chelsea vieron pasar a este corpulento defensa por sus filas. Considerado como uno de los peores fichajes por los fans de todos y cada uno de los equipos por donde ha pasado, es el 'mercenario total'. Durante su etapa en el Chelsea, el holandés fue descendido al filial para forzar su salida. Pero ni con ésas: "Sería estúpido marcharme con este contrato", llegó a decir.

10.- Pascal Chimbonda. Es el claro ejemplo de cómo convertirse en mercenario. Después de firmar un contrato de larga duración con el Wigan, llegó a decir de este equipo que era "una piedra en el camino" para forzar su salida al Tottenham por 4,5 millones de libras. Dos años después fichó por el Sunderland para cinco años, pero apenas cumplido una temporada, ha regresado con los spurs... de momento.

domingo, 26 de julio de 2009

Orgullo

MUJERES, ORGULLO DEL PERU
Ps. Franz Rivera Mansilla

Perú, entre sus muchas necesidades, posee la necesidad de triunfos y éxitos en todo el amplio sentido de la palabra; y el deporte está inmerso en ello.

Los últimos años se ha vivido el protagonismo avasallante de las mujeres deportistas en el Perú. Sofía Mulanovich, Kina Malpartida; y ahora, las muchachas del Voley. La pregunta que surge es: ¿Suerte, casualidad o merito?; así mismo habrá quien pregunte: ¿Qué pasa con los deportistas varones?

No alimentare ideas “feministas”, ni “machistas”; pero si diré que estoy satisfecho del desempeño deportivo de las mujeres; pues dicha situación, contribuyen a llenar el “vacío social” generado por la carencia de éxitos y triunfos rimbombantes a nivel internacional.
Varones y mujeres tiene la capacidad de alcanzar objetivos importantes; varones y mujeres se complementan en esta existencia y han de perseverar y esforzarse cada quien para alcanzar sus objetivos.

En este momento deportivo que vive el Perú, las mujeres nos recuerdan que si podemos lograr éxitos, que todos los peruanos somos capaces de alcanzar nuestros objetivos si realmente nos esforzamos y perseveramos. Nuestras deportistas son orgullo y ejemplo nacional que nos debe motivar a buscar el éxito, olvidando cualquier diferencia de género.

Además nos recuerdan que hay “materia prima - humana deportiva” para alcanzar triunfos; pero también nos dicen del poco apoyo que reciben por parte del aparato gubernamental de nuestra sociedad. Sirven como “ejemplo de esfuerzo” para ser emulado en las generaciones más jóvenes; y finalmente, motivan a la práctica deportiva.

Casi siempre es el fútbol quien posee el mayor apoyo y atención social; y el fútbol peruano está viviendo y expresando el peor momento de su historia. Lamentablemente se generaliza y asocia el mal momento deportivo del fútbol con el deportista peruano (varón) en general, y los malos resultados obtenidos.

El fútbol posee apoyo y atención, sean cuales fueran los resultados, ganen o pierdan; sin embargo, otros deportes, y consiguientemente deportistas, saben y redoblan esfuerzo por cada oportunidad de lograr el éxito; ya que eso revertirá en apoyo y reconocimiento. Cada oportunidad de protagonismo y reivindicación personal y deportiva es asumida con alta intensidad emocional y compromiso personal.

Nuestros deportistas, varones y mujeres, poseen mucho talento; pero lo que siempre será necesario e importante es el apoyo de todos (SDP).

miércoles, 22 de julio de 2009

Pobres

Disculpen la molestia: armados contra los pobres
Eduardo Galeano

Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.