Los 7 peores tipos de jefes que
existen y cómo lidiar con ellos sin volverte loco
El Confidencial - sábado, 8
de noviembre de 2014
Toda taxonomía de jefes es
incompleta, probablemente porque todos tenemos tantas cosas tan malas que decir
de nuestros superiores que es difícil que estos encajen en una única
descripción. Es posible que este sea un listillo y un borde al mismo tiempo, o
un manipulador y un discriminador de forma no excluyente. Ser objeto de
críticas entra en el sueldo de todo puesto de responsabilidad, y aunque gocemos
de una amplia gama de virtudes, no importa: es probable que nuestros empleados
nos recuerden por nuestras debilidades, y tan sólo en situaciones excepcionales
reconozcan que quizá no somos tan malos.
Es natural. El liderazgo es un
trabajo de tira y afloja, de negociación entre empleado y jefe, en el cual
ambos han de luchar por su terreno dentro de la empresa. Ello da lugar a muchas
situaciones que se perciben como injustas, y que debemos evitar en la medida de
lo posible. Con motivo del Día del Jefe que se celebró el pasado jueves,
Business Insider ha preguntado a la experta de trabajo en LinkedIn Nicole Williams
sobre los peores tipos de jefes. Regla número 1: si este te trata mal, eres tú
el que debe dar un paso adelante, porque él no va a cambiar. Regla número 2:
ante todo, lo importante es ir un paso por delante de tu jefe, y anticipar los
posibles problemas, así como atajar las dificultades a tiempo.
Aquí está la lista completa de
los peores jefes que proporciona la autora de Girl on Top: Your Guide to Turn
Dating Rules into Career Success (Center Street).
El indeciso
Cómo es: si puede, tomará cualquier
decisión importante mañana. Se distingue por no tener mucha experiencia como
jefe o no saber cómo delegar, por lo que esquivará los momentos clave de su
trabajo hasta que sea demasiado tarde… Tanto para él como para sus empleados.
Qué hacer: fuérzales a tomar una
decisión de manera que piensen que ha sido suya. Lo que no quieren, bajo
ninguna circunstancia, es demostrar que no tienen la situación controlada, y
por eso esperan hasta el último momento. Pero si les das a elegir entre dos
posibilidades, pensarán que siguen teniendo el poder.
El que tiene favoritos
Cómo es: por alguna razón que el
resto de trabajadores quizá no acierten a adivinar, este jefe otorga siempre
los encargos más jugosos a las mismas personas, aunque no sean necesariamente
mejores ni más veteranos. Esta es, claramente, una de las formas más fáciles de
quemar a un empleado.
Qué hacer: teniendo en cuenta que
tú no eres el favorito –lo cual no siempre es lo preferible, sobre todo de cara
a otros compañeros–, Williams recomienda jugar la baza de los celos. Es decir,
si en tu departamento no te aprecian, haz que sí lo hagan en los demás. Es
posible que entonces sí repare en ti.
El ladrón
Cómo es: “he tenido una
grandísima idea”. Y, efectivamente, es muy buena, pero te das cuenta de que es
tuya y tu jefe se la ha agenciado sin darte ningún crédito. Lo peor de todo es
que no hay ninguna forma de que puedas demostrarlo y, además, no quieres
enfrentarte a él.
Qué hacer: independízate. Deja de
compartir tus ideas en privado y defiéndelas sólo en situaciones en las que
puedas responder por ellas, y búscate la vida por ti mismo. Williams recomienda
utilizar las redes sociales para exponer nuestro trabajo y brillar lejos de la
estrella que más quema.
El micromanager
Cómo es: en español, el
controlador. Es el que vigila cada segundo de lo que haces, tiene miedo de que
te olvides de tus citas o de que el trabajo no salga adelante, porque te llama
y te envía correos tan constantemente que parece que no tienes un jefe, sino un
padre.
Qué hacer: que pruebe su propia
medicina. O, en otras palabras, hazle saber que todo va bien, tenle al tanto de
tus progresos, y sobre todo, realiza preguntas oportunas que demuestren que tú
también estás comprometido con tu trabajo.
El de “el movimiento se demuestra
hablando”
Cómo es: un genio. Un orador. Un
iluminado que disfruta pasando horas hablando de proyectos, prometiendo cosas a
sus empleados y que, a la hora de la verdad, es muy conservador. Efectivamente,
esas grandes ideas nunca se llevan a la práctica. Bueno, “quizá mañana”.
Qué hacer: debido a que nunca
será buen día para ponerse en marcha, debemos dar nosotros el primer paso
(antes de que nos lo pidan), porque si no, no lo dará nadie.
El innovador en serie
Cómo es: sus ideas se suceden a
una velocidad mayor que con la que se pueden aplicar. Le gusta estar a la
última, y que sus trabajadores también lo estén. Una dificultad asociada a este
visionario es que impide que sus empleados se concentren en lo que están
haciendo (porque mañana habrá otra idea mejor) y estos deben estar preparados
para lo inesperado y la incertidumbre.
Qué hacer: si él es un innovador,
tú también. Mantente al tanto de lo que está ocurriendo en tu sector, propón
nuevas cosas e intenta adivinar qué puede ser lo próximo. Quizá la próxima idea
que tenga la hayas sugerido tú, y así no tendrás que adaptarte a lo que se le
ocurra, sino al revés.
El bloque de hielo
Cómo es: su principal problema es
que le gusta separar lo profesional de lo personal… demasiado. Aunque en
principio parezca lo ideal (¿quién prefiere un jefe metomentodo?), puede
provocar que nos parezca distante, frío o despectivo. Algo que tampoco es lo
ideal en el entorno laboral.
Qué hacer: empieza a tender los
puentes tú mismo. Averigua qué le interesa, cuál es su peripecia vital, las
cosas que tenéis en común (que seguro que son bastantes). O pregunta: si
realmente mantienes la distancia adecuada, te granjearás su simpatía.
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