Cómo China busca crear un sistema financiero
paralelo
BBC - noviembre de 2014
El gobierno chino genera alternativas en Asia y
el resto del mundo desafiando la hegemonía que Estados Unidos ha tenido sobre
el sistema financiero internacional desde la posguerra. ¿Qué intenta conseguir?
Una serie de iniciativas chinas está cambiando
el paisaje financiero internacional dominado por Estados Unidos desde la
posguerra.
En Asia el gobierno de Xi Jinping acaba de
firmar un memorando con 21 países regionales para la creación de un Banco de
Inversión e Infraestructura (AIIB) que es un directo desafío al Banco Mundial y
el Banco de Desarrollo Asiático.
En el seno de los BRICS (Brasil, Rusia, India,
China y Sudáfrica) se acordó el capital inicial del Nuevo Banco de Desarrollo y
un Acuerdo de Reservas de Contingencia.
En ambos casos sus funciones se superponen con
las del Banco Mundial –concentrado en financiar proyectos de infraestructura y
desarrollo– y el Fondo Monetario Internacional que se encarga de intervenir
cuando hay problemas de liquidez que afecten la balanza de pagos de un país,
función que cumpliría el Acuerdo en el caso del BRICS.
A estas iniciativas se suman decenas de
acuerdos para el intercambio de monedas en el comercio bilateral con otros
países a fin de prescindir del dólar como divisa de pago y otorgar una
creciente presencia internacional al renminbi, la unidad monetaria china.
Según Matthew Goodman, exasesor de la Casa
Blanca para las cumbres del G8 y G20, hoy en el Centro de Estudios Estratégicos
e Internacionales de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés), estas
iniciativas son un claro reto al orden económico global de la posguerra.
"Representan el primer desafío
institucional al orden económico global representado en los últimos 70 años por
el FMI y el Banco Mundial. No quiere decir que estas instituciones sean
obsoletas, pero sí que no se han adaptado después del fin del mundo bipolar.
Uno de los cambios más importantes es el surgimiento de China que, con estas
iniciativas, empieza a cristalizar en el terreno financiero su creciente
importancia global", indicó a BBC Mundo.
Ante todos estos avances, ni Estados Unidos ni
el bloque de la Unión Europea se han pronunciado oficialmente al respecto.
Asia o el patio trasero
El desafío más claro para la hegemonía
financiera estadounidense es en Asia.
China se ha movido con gran celeridad para
contrarrestar el peso de Estados Unidos y su gran aliado regional, Japón, en
las dos instituciones que dominan los préstamos regionales para proyectos de
infraestructura: el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo Asiático.
El presidente de China, Xi Jinping, sugirió la
creación del Banco de Inversión e Infraestructura (AIIB, por sus siglas en
inglés), en una visita a Indonesia en octubre de 2013.
Un año más tarde 21 naciones firmaron el
acuerdo. El AIIB tendrá un capital inicial de US$50.000 millones con China como
socio mayoritario con más del 50 por ciento de las acciones.
Entre los éxitos de la diplomacia china se
encuentra la incorporación del otro gigante regional, India, en un acuerdo que
abarca desde Qatar hasta Kazajistán e incluye un importante y casi
incondicional aliado de Estados Unidos, su excolonia, Filipinas.
Estados Unidos, por su parte, consiguió que
Australia, Corea del Sur e Indonesia no se plegaran a la iniciativa, aunque los
tres países expresaron interés en la misma.
No sorprende. Se calcula que Asia necesita una
inversión estimada en US$750.000 millones anuales durante 2010-2020, una cifra
que el Banco de Desarrollo Asiático no puede cubrir por sí solo.
Según William Grimes, director de Relaciones
Internacionales de la Universidad de Boston y autor de "Currency and Contest
in East Asia: The Power Politics of Financial Regionalism", el
enfrentamiento es más político que económico.
"El AIIB le va a facilitar la vida a
compañías chinas que quieran participar en proyectos de infraestructura, pero
las necesidades de Asia a este nivel son tan grandes que hay más
complementareidad que competencia con el Banco de Desarrollo Asiático o el Banco
Mundial. A nivel político el AIIB hará lo mismo que el Banco Mundial que otorga
préstamos a países con buenas relaciones con Estados Unidos. En el caso del
AIIB se privilegiará a las naciones que tengan buenas relaciones con
China", indicó Grimes a BBC mundo
BRICS y el mundo en desarrollo
Más ambicioso aún es el Nuevo Banco de
Desarrollo (NBD) del BRICS acordado en la quinta cumbre del grupo, realizada en
2013 en Sudáfrica.
Unos 16 meses más tarde, en Fortaleza, Brasil,
durante la sexta cumbre del grupo, los cinco países precisaron que el Banco
tendría un capital inicial de US$100.000 millones y crearon un Acuerdo de
Reservas de Contingencia de US$100.000 millones para evitar problemas de
liquidez en el corto plazo que afecten la balanza de pagos de un país.
Cada país deberá abonar US$10.000 millones para
el capital inicial del banco.
La situación es distinta para el Acuerdo que
dependerá del tamaño de cada economía. China dará el aporte más importante con
US$41.000 millones mientras que Sudáfrica se limitará a US$5000 millones.
Lejos de ser un club cerrado a los cinco
miembros del BRICS, en su declaración inicial el Banco se mostró abierto a
otras naciones en desarrollo en un claro desafío del rol que juegan el FMI y el
Banco Mundial.
"Está claro que los países de los BRICS
quieren tener fondos de contingencia para enfrentar sus obligaciones
internacionales, como el pagos de préstamos o de importaciones. Esta es una
función muy importante. Queda por verse cómo funcionará en la práctica",
señaló a BBC Mundo Goodman.
Mi moneda, tu moneda
China tiene acuerdos de intercambio de monedas
con más de 50 naciones, que incluyen las 28 que conforman la Unión Europea y
países de distintas partes del planeta, desde Argentina y Brasil hasta
Islandia, Indonesia, Corea del Sur y Uzbekistán.
Estos intercambios, firmados entre bancos
centrales y grandes entidades financieras, habilitan por un tiempo determinado
un financiamiento bilateral para ambos países en la moneda del otro.
El ejemplo más reciente de este tipo de
acuerdos es el anuncio de Argentina a fines de octubre de que se habían
acreditado en cuentas del Banco Central de ese país en Hong Kong el equivalente
a US$814 millones (unos 5600 millones de renminbis), mientras que el Banco
Central argentino acreditaba para su contraparte chino el monto equivalente en
moneda nacional, cerca de 7.000 millones de pesos.
En el caso de Argentina, este "swap"
es un importante respiro para la presión existente en el contexto de su largo
litigio con los llamados "fondos buitres".
A este tipo de intercambio se le suman otros.
"Hay un segundo caso de "swaps",
con cifras mayores, que se da con países como Corea del Sur o Indonesia que son
de un monto suficiente para ser usados en casos de emergencia.
A esto se añade un tercer caso de
"swaps" que empezó a usarse con Reino Unido y Luxemburgo que son
bonos en renminbi que pueden ser usados por todo tipo de entidades financieras
y compañías", señala Grimes.
El futuro
La presencia china en el escenario financiero
internacional es un hecho, pero no garantiza que logre convertirse en una
alternativa al FMI y el Banco Mundial.
"Estas dos instituciones consiguieron
hacer funcionar un sistema internacional con un alto nivel de eficiencia y
capacidad. No es fácil. Habrá que ver si instituciones como el AIIB o el Nuevo
Banco de Desarrollo de los BRICS pueden alcanzar este nivel de
competencia", indicó Goodman a BBC Mundo.
Una de las ventajas más mencionadas por países
en desarrollo es que China no pone las condiciones que caracterizan a los
acuerdos con el FMI y el Banco Mundial que suelen inmiscuirse en el manejo de
la política económica de naciones soberanas.
"Desde el punto de vista del desarrollo
económico, China tiene una ventaja clara porque no pone condicionamientos
políticos o económicos a sus préstamos. Pero desde el punto de vista del medio
ambiente esto puede ser peligroso. En el caso de la construcción de un dique el
Banco Mundial será mucho más estricto con el impacto medioambiental. Los
parámetros del AIIB al respecto son mucho más bajos", señala Grimes.
A corto plazo China está lejos de disputarle el
cetro financiero mundial a la dupla FMI-Banco Mundial.
A mediano plazo todo dependerá de la eficacia
con que se muevan el AIIB o el Nuevo Banco de Desarrollo.
Una cosa está clara para América Latina y el
mundo en desarrollo.
La irrupción de un nuevo actor en el escenario
financiero mejora los márgenes de negociación de los países en desarrollo.
Era lo que sucedía en los viejos tiempos del
mundo bipolar, cuando el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión
Soviética permitía a las naciones en desarrollo conseguir mejores condiciones
para sus préstamos.
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