Avanza la ‘desdolarización’ del mundo
Forbes - lunes, 9 de junio de 2014
La política americana de aislamiento contra Moscú y su
agresividad contra Beijing, no ha resultado benéfica sino perjudicial para sus
intereses de fondo.
El viernes pasado, la agencia rusa de noticias Itar-Tass
publicó una nota titulada “Gazprom firma acuerdos para cambiar de dólares a
euros”. Y es que Gazprom Neft, filial de la
mayor extractora de gas natural, Gazprom, en efecto promovió entre sus
clientes el cambio de forma de pago de sus contratos en divisa de dólares a
euros, y en el caso de Bielorrusia, a rublos.
El director de la compañía aseguró en el Foro Económico
Internacional de San Petersburgo, que el resultado fue positivo con el 90 por
ciento de sus clientes y que algunos contratos incluso cambiarían de dólares a
euros y yuanes. El pago más amplio en rublos más adelante tampoco se descarta.
Gazprom Neft es una empresa petrolera dedicada a la
exploración de petróleo y gas; producción, venta y distribución de petróleo
crudo y derivados. Sus reservas probadas ascienden a 1,340 millones de
toneladas equivalentes de petróleo, situándose entre las 20 compañías del
sector más grandes del mundo, la tercera mayor en Rusia en refinación y cuarta
en producción petrolera. No es poca cosa.
De esta manera, la desdolarización del mundo continúa a paso
lento, pero consistente. No podía ser de otra manera tras la escalada de
tensiones entre el bloque occidental por un lado y la alianza Rusia-China por
el otro. Recordemos que a esto ha contribuido el conflicto en Ucrania, la
disputa por las islas del Mar de la China Meridional y claro, la acusación del
Departamento de Justicia estadounidense contra cinco oficiales militares chinos
por el robo (espionaje) de datos de seis empresas y sindicatos americanos.
Aquí explicamos en su oportunidad que las sanciones a cargo
de EE.UU. contra Rusia por la anexión de la península de Crimea, serían un
disparo en el propio pie, pues el pretendido aislamiento de aquella la
empujaría a los brazos de Beijing como estrategia de defensa.
Así ha sido y los resultados se han dejado ver muy rápido.
De hecho tienen en la firma del histórico acuerdo para la venta de gas ruso a
China por 400 mil millones de dólares y una vigencia de 30 años, su máxima
expresión. No por nada las contrapartes son respectivamente el mayor productor
y consumidor de gas en el planeta. Décadas de negociaciones se destrabaron en
cuestión de meses, gracias a Obama.
No podemos perder de vista que ambas potencias comparten el
objetivo no dicho de debilitar a Washington y su petrodólar en el largo plazo.
Por extraño que parezca, la política americana de aislamiento contra el
gobierno de Moscú y su agresividad contra el de Beijing, no ha resultado
benéfica sino perjudicial para sus intereses de fondo.
Estados Unidos, consciente o no, ha herido de muerte la
supremacía del dólar, aunque no solo por razones de política exterior, sino
también por su corrupción monetaria desde adentro: irresponsabilidad fiscal,
abandono del patrón oro, deudas exponenciales e impresión masiva de billetes.
Por eso –y como en cuestiones de poder las casualidades no
existen, no se deben desdeñar las declaraciones del presidente ruso Vladimir
Putin en San Petersburgo: “Para nosotros (Rusia y China), es importante
depositarlas (las reservas de oro y divisas) de una manera racional y segura”,
agregando que “juntos tenemos que pensar en cómo hacerlo, teniendo en cuenta la
complicada situación de la economía global.”
En este mismo sentido va la venta rusa del 20% de sus
tenencias de bonos del Tesoro americano en marzo y la compra de 900 mil onzas
de oro en abril pasado. Es obvio que ese “depósito seguro” de reservas pasa por
no dejarlas en manos en las que no confían, lo que explica por supuesto la
permanente acumulación rusa y china de oro físico, pues no puede ser confiscado
o congelado por Occidente.
El “pico” del dólar (su cénit) ha quedado atrás y los
principales responsables no están en Asia sino en Norteamérica. Pero eso sí,
chinos y rusos lo saben de sobra y se anticipan en consecuencia. Ojalá que el
disgusto americano a la hora de buscar culpables no escale a un punto de
conflagración internacional, pero por desgracia, no lo podemos descartar.
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